Durante la semana que finaliza se cumplieron 17 años de una pesadilla económica marcada a fuego en la memoria de los argentinos, “El Corralito”.

El 3 de diciembre de 2001 el gobierno del radical de Fernando de la Rùa y su Ministro Domingo Cavallo, firma el decreto 1570/01 que establece la restricción de la libre disposición de dinero en efectivo, de plazos fijoscuentas corrientes y cajas de ahorros. El objetivo que se perseguía con estas restricciones era evitar la salida de dinero del sistema bancario, intentando evitar así una ola de pánico y el colapso del sistema.

El término fue acuñado por el periodista Antonio Laje, en su columna económica del programa televisivo “Después de Hora” conducido por Daniel Hadad en el canal América TV.

La cadena de sucesos y acontecimientos políticos-económicos que desencadenaron la crisis más dramática de los últimos años nos resulta conocida. Una recesión iniciada a mediados de 1998, al final del segundo mandato del justicialista Carlos Menem. Un elevado déficit fiscal legado e incrementado, severas medidas de ajuste con el propósito de sanear las finanzas, aumento de impuestos y recorte de servicios sociales, lo que a su vez generaba mayor recesión y un nuevo aumento en el déficit, que debía ser cubierto con más deuda y mayores recortes. Las dudas sobre la capacidad de pago disparaba el riesgo país por encima de los 5.400 puntos básicos, y una creciente fuga de depósitos bancarios jaqueaba el sistema. En este contexto el debilitado presidente se dispuso a cumplir su promesa electoral y mantener el plan económico heredado de Carlos Menem, conocido como “Convertibilidad”, con un tipo de cambio fijo atado al dólar, tan alto que a simple vista se lo reconocía como desencajado de la realidad económica del país, pero que el electorado asqueado de la corrupción, en su momento, decidió acompañar.

La recesión y la fuga de capitales continuaron a ritmo acelerado, con el agravante adicional del descontento provocado por las medidas de ajuste que formaban parte de las condiciones solicitadas por el FMI a cambio de su ayuda.

Al restringir bruscamente la liquidez monetaria, se ahogó todo movimiento económico, paralizando el comercio y el crédito, rompiendo las cadenas de pago y asfixiando a la “economía informal o no formal” de la cual depende la subsistencia cotidiana de una porción significativa de la población.

El corralito desencadenó pocos días después la llamada crisis de 2001, la tensión social se incrementó con la medida, que resultó ser sumamente impopular para los ciudadanos, sobre todo los pertenecientes a la clase media.

Ante el caos en las calles, De la Rúa decreta el Estado de Sitio el 19 de diciembre, pero las  protestas populares no cesaron. Tres docenas de argentinos murieron por la represión policial en las dramáticas 48 horas siguientes que llenaron de pánico a todo el país. Saqueos, cacerolazos, piquetes y los reclamos más diversos, unidos por un grito común: “¡Qué se vayan todos!”.

El Presidente renunció durante el atardecer del 20 de diciembre, dejando una imagen indeleble en la memoria de los ciudadanos, la rauda partida de un helicóptero marca el inicio de un increíble proceso en el que se sucedieron como Presidentes el titular del Senado Ramón Puerta, por 6 días el caudillo puntano Rodríguez Saa quien en un mismo discurso ante el Congreso declara el cuarto default de la historia argentina, la suspensión de pagos más grande de la historia (102.000 millones de dólares) y una solapada intención de quedarse en el poder.

Lo sucedió el presidente de la Cámara de Diputados, Camaño, hasta que finalmente, tras un acuerdo con la UCR, liderada por Raúl Alfonsín, llega a la presidencia Eduardo Duhalde, haciendo valer su poder en la provincia de Buenos Aires, pero sin la fuerza que otorga un triunfo en una elección y sobre todo sin la paciencia de la ciudadanía. Asumió el 1º de enero de 2002 con un país en llamas y la capacidad intacta de prometer algo que jamás va a cumplir: “El que depositó dólares, recibirá dólares”.

Dos días después, desde la Casa Rosada, el Ministro Jorge Remes Lenicov anuncia el flamante programa económico: pesificación asimétrica de la economía, 1 a 1 las deudas y 1,40 los depósitos, pesificación y congelamiento de las tarifas de los servicios, etcétera. El corralito finalizó oficialmente el 2 de diciembre de 2002, cuando el nuevo Ministro de Economía Roberto Lavagna anunció la liberación de los depósitos retenidos, entre otras medidas.

El 2001 fue un año bisagra. Nos permite comprender nuestra historia reciente de crisis recurrentes, de las cuales salimos eyectados hacia la derecha o hacía de la izquierda del arco político e ideológico, con igual convencimiento e intensidad. Existe en la conciencia colectiva el convencimiento de que la economía argentina entra en un periodo de crisis cada 10 años, al ser más precisos y en honor a la verdad, es el gobierno argentino el que entra en crisis y nos arrastra a todos.

 

Por: Guillermo Espinosa (para P/32)

Fuente: Clarín/Economía, La Nación/Política, INFOBAE, Wikipedia, El Cronista, “Memorias del Incendio”/Eduardo Duhalde, “12 Noches”/Ceferino Reato.

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