Victoria.- En Gualeguaychú la ven como la victoriense que fue a “invadir” el carnaval. Y es que allí no es habitual que alguien “de afuera” protagonice las noches de verano. Se trata de Marisol Sánchez, la bailarina local que será primera pasista de Ará Yeví, comparsa campeona del carnaval de Gualeguaychú edición 2017.

Marisol llega a la redacción de Paralelo 32 todavía con el trabajo metido en la cabeza. Además de ponerle ritmo al carnaval local, es profesora de lengua y literatura y dirige una escuela de danza árabe que tiene cerca de setenta alumnos. Fanática del realismo mágico (y, por supuesto, de Gabriel García Márquez), cuenta que deja la lectura para antes de dormir, como para cerrar el día.

Sumado a lo anterior, agrega que también le gusta pintar y, sobre todo, “lo que tenga que ver con la cultura”. Asimismo, explica que siente una gran vocación por enseñar y que notó esto a temprana edad. “Creo que nací para enseñar, no me imagino en otra profesión. Desde chica me gustaba y recuerdo que siempre jugaba a ser la maestra. Por ejemplo,  a mis vecinas les enseñaba los pasos de Shakira, poníamos los videos y se los enseñaba”, dice.

Más allá del amplio abanico artístico que despliega Marisol en la charla, aclara que lo suyo es la danza. “El arte que elijo es el carnaval”, especifica. Además, suma: “La literatura es un refugio”. Lo anterior quizá se deba a que el carnaval tiene algo de realismo mágico en esa combinación de música y ruido, movimiento y quietud, el colorido de las vestimentas y el gris del pavimento.

Pero, ¿qué significa para Marisol el carnaval? Pues para ella, éste “saca de todos lo mejor”. “Sobre la pista no hay forma de fingir, no hay forma de engañar a alguien. Ahí las personas son verdaderas, afloran los sentimientos y cada uno busca ser mejor. Me consta que todos los que estamos dentro del carnaval siempre buscamos perfeccionarnos y, sobre todo, crecer”, opina. En este sentido, advierte lo paradójico que es que muchas veces se necesite una máscara o un disfraz para que alguien pueda demostrar su verdadera cara.

En el momento justo

Se dieron curiosas circunstancias para que en el próximo verano la victoriense sera la primera pasista de Ará Yeví. “Veo los carnavales de Gualeguaychú desde 2011, siempre fui a mirar, pero nunca bailé. Este año lo que me gustó, contemplando desde afuera, fue Ará Yeví. En cuanto los vi sabía que iban a ganar. Y pienso que es todo muy loco porque no bien los observé me dieron ganas de ser parte de eso, aunque sea de suplente. Cuando me llegó el mensaje de la comparsa, no lo podía creer”, narra.

En este punto hay que detener el relato. El llamado del director de Ará Lleví llegó en un momento fundamental de la vida de Marisol, ¿por qué? Dejemos que ella lo cuente: “Me encontraba en un momento en el que no sabía qué iba a hacer. Tenía quinientos mil planes en la cabeza para el verano y lo más probable era que no saliera en el carnaval de Victoria, ya se me fueron las ganas. La verdad es que yo me sentí mal en el carnaval de este año. Me sentí mal la última noche, porque si bien no me dieron el premio, y quiero decir que Fanny lo ganó muy bien porque es una excelente bailarina, lo que me dolió es que cuando pasé por el palco no me dijeron ni gracias”.

No deja de llamar la atención esto último, pues de no recibir “ni las gracias” aquí, pasó a ser la protagonista de la comparsa ganadora del carnaval más importante del país y revolucionar a todo Gualeguaychú. A lo mejor todo se deba al maniqueísmo ya señalado con el que vivimos nuestra fiesta.

Cabe mencionar que el nombre de Marisol comenzó a resonar con fuerza cuando, el año pasado, ganó como pasista el noveno encuentro nacional de baterías, batucadas y pasistas. Fue evaluada por una pasista de Gualeguaychú y un pasista de Gualeguay.

“El carnaval de Gualeguaychú nació desde la unión de las cinco comparsas. La comisión del carnaval está formada por dos representantes de cada comparsa y se encargan de todo. Pero acá es muy difícil que hagan eso porque hay muchos intereses por separado”, compara. “Allá (por Gualeguaychú, N.d.R.) no tienen apoyo de la municipalidad, pero el carnaval crece”, agrega.

Su paso por Batuque

En la continuidad del diálogo se nota el cariño que Marisol le guarda todavía a Batuque. A propósito de esto, refiere que se sintió muy cómoda en la expresión y resalta la calidad humana del grupo. Incluso, amplía: “Con Batuque estábamos todos en la misma edad. Empecé con ellos a finales de 2012 para el carnaval de 2013. Fue bastante particular y ya entré viajando con ellos. De lo que puedo dar fe es que Batuque no está pendiente de ninguna batucada, no habla mal de ninguna, ni le desea el mal a otras. Están enfocados en ellos. Cuando yo vi esto no lo podría creer porque estaba acostumbrada a otra cosa. Eso fue lo que más me ayudó a estar bien con ellos y sentirme cómoda sin preocuparme de que me critiquen a mis espaldas”.

Quiero que seas la pasista

Cuando el director de Ará Yeví llamó a Marisol fue muy claro: “Estoy interesado en que seas la pasista, quiero que seas la pasista”, le soltó. Luego, le pidió hacer una prueba presencial para saber qué tipo de persona era la victoriense (puesto que la había visto principalmente por videos) y de inmediato le confirmó que el puesto era suyo.

Entonces, ante el paroxismo de su exultación, Marisol compartió la buena noticia primero con su hermana. Su emoción es aún más comprensible si se tiene en cuenta que antes del llamado no tenía decidido bien qué rumbo tomar y sus ganas de participar en la edición local 2018 eran nulas.

Sobre su futuro, percibe que hay grandes posibilidades de que tenga continuidad en la comparsa. “Me encantó porque la asistente del director me mandó un mensaje diciendo: «Por lo visto tenemos pasista para rato»”, señala. A su vez, cuenta que la comisión de Ará Yeví está muy contenta con ella porque, dicen, además de una gran pasista encontraron una gran persona. Sólo queda ver a Marisol brillar en Gualeguaychú venciendo todo tipo de prejuicios. Serán, para ella, meses de trabajo y ensayo. A las críticas ya está acostumbrada, pues forjó su carácter con las pasiones victorienses, que son tan expresivas para el halago como para la desaprobación. De todas formas, sabe que siempre podrá refugiarse en ese cosmos portátil que es la literatura.

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