Victoria.- Cuando anunciaron su nombre, Marisol no pudo escucharlo porque estaba celebrando el triunfo de la batucada de su comparsa, Ará Yeví. La nombraban porque acababa de ganar el premio a mejor pasista. Pero para llegar a este punto, como en todas las historias de victoria, tuvo que masticar decepciones, apretar las muelas frente a las críticas negativas y nunca dejar de bailar.

Hace cuatro años Marisol Sánchez jamás hubiera imaginado conquistar Gualeguaychú con su magia. No porque desconfiara de su talento, sino porque una lesión en su pie velaba su futuro con la bruma de la incertidumbre. Si bien se trataba de un esguince de tobillo, la evolución no se estaba dando como esperaba y temía no volver a ocupar un lugar como pasista.

“Ningún médico me daba el alta para hacer actividad física, eso me destruyó”, comenta. Y, reflexiona: “Tuve que superar cambios físicos y hormonales, pasó de todo ese año. Creí que ya había cumplido un ciclo y que no iba a salir más como pasista. No obstante, son cosas que te enseñan cómo hay que tomarse la vida”.

Además de demostrar la fortaleza de su cuerpo, la pasista victoriense tuvo que enseñar su temple. Ella reconoce que debió tolerar críticas negativas que nada tenían que ver con el baile o el carnaval, pero que, lejos de amedrentarla, la ayudaron para poner en práctica su discernimiento a la hora de identificar comentarios tóxicos e ignorarlos.

“Mi primer año, cuando gané con Batuque en Victoria, recibí comentarios negativos de todos lados. Trato de tomar las cosas como de quien viene. La mayoría de las veces que te critican por el baile es porque te comparan con otra, entonces eso me muestra que lo hacen por fanatismo hacia otra persona. Pero yo me refugio en el baile y en el ensayo”, cuenta.

El inicio

Antes de recibir el llamado de Leandro Rosviar, el director de Ará Yeví, Marisol estaba ya con un pie afuera del carnaval victoriense. “Si bien me gusta mucho bailar, no tenía ganas de exponerme a lo que es la organización en Victoria y todo lo que implica salir acá. Hay cosas que ya tendrían que estar resueltas con tantos años de carnaval”, sostiene.

Y es que algunas cosas son inexplicables. Marisol pasó de no recibir ni un “gracias” en el corso de su ciudad (por parte de la organización), a ser reconocida como la mejor pasista de uno de los carnavales más importantes del país, si no el más importante.

“Creo que el año pasado fue mi mejor año como pasista en el carnaval de Victoria. Mirando todos mis videos y comparándolos con años anteriores puedo decir que había sido mi mejor año. En Gualeguaychú la organización tiene gestos lindos con los integrantes, a mí me saludaron y me felicitaron por el gran show que estaba dando. Esas cosas suman y te causan alegría”, dice.

Por otro lado, la conocida bailarina Paula Robles fue jurado en Gualeguaychú y evaluó a la victoriense. En su crítica señaló: “La pasista de Ará Yeví me pareció maravillosa. Dio todo y se potenció con la batucada, donde la coordinación y la composición creaban magia”.

Las noches

“La primera noche fue la prueba de fuego, nadie se me acercaba”, menciona entre risas. “Los chicos de la batucada y los dirigentes sí estaban conmigo, pero el resto no. Después, todo eso se aflojó y para la segunda noche fue muy diferente”, prosigue.

Extrañamente, Marisol nos confiesa que las noches en que más cómoda se sintió fueron las de lluvia. “Cuando llueve la noche se vive de otra forma en el corsódromo. Sin embargo, me sentí bien todas las noches con excepción de la última porque en la semana había tenido fiebre y angina, entonces me dolía todo”, recuerda.

Con respecto al corsódromo de Gualeguaychú remarca el piso, puesto que es “apto para bailar”, la luminaria y la interacción con el público. “La gente te aplaude desde que entrás hasta que salís, te acompañan con las palmas. Además, les puedo ver las caras a todos por el hecho de estar en tribuna. El carnaval de Gualeguaychú es divertido y popular, la gente está encendida en la tribuna. Es más, en una de las devoluciones del jurado se remarca que la gente estaba entusiasmada con mi show”, describe.

“El momento en que anunciaron que yo había ganado, ya estaba saltando y festejando porque un minuto antes habían anunciado el triunfo de la batucada. Me dio mucha alegría que ganara la batucada, fue lo mejor para redondear todos los premios de la comparsa”, narra.

El circuito tiene quinientos metros que la comparsa recorre aproximadamente en ochenta minutos y Marisol los pasa en cuarenta. Luego de esa extenuante actuación en la que no debe parar de bailar, la pasista recuerda. En el espacio entre vigilia y sueño, cuando cierra los ojos, Marisol rememora. Vuelve a vivir el pasado reciente, reconoce las caras de nuevo, siente otra vez las sensaciones de una noche mágica.

Y en este juego de tiempos el futuro está claro para ella. Continuará como pasista de la comparsa bicampeona y buscará seguir dando más de sí. “Siento que puedo dar más. Si bien estoy conforme con lo que hice, sé que puedo mejorar muchísimo”, concluye la victoriense que con verdadero donaire en su danza supo conquistar Gualeguaychú.

Finalmente, deja como consejo a todas aquellas que buscan una carrera como pasistas: “Lo más importante es lograr un estilo propio, entrenar y disfrutar”. Una lección que, sin dudas, puede aplicarse para encarar diferentes metas en la vida.

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