El ex cura párroco de Seguí, Marcelino Moya, fue citado a indagatoria por la justicia para este miércoles 21 de diciembre a las 10:00, por “corrupción de menores agravada, en forma reiterada”. La decisión la adoptó el lunes al mediodía la fiscal de Villaguay, Nadia Benedetti, por hechos cometidos en su paso por dicha ciudad, entre 1994 y 1997; determinación que le fue comunicada al conocido sacerdote ayer al mediodía.

El expediente contra el sacerdote payador, como se lo conoce en Argentina y algunas localidades uruguayas, es por el delito de “corrupción de menores agravado, cometido en forma reiterada”, cuya pena es de 10 a 15 años de prisión, máxime teniéndose en cuenta que ambas víctimas eran monaguillos de la Parroquia Santa Rosa de Lima de Villaguay al momento de producirse los hechos, entre 1994 y 1996, por lo cual ejercía un rol de autoridad religiosa sobre ellos.

La denuncia que inicia la causa judicial

El sacerdote llegó a la ciudad de Villaguay en febrero de 1993, con no más de 26 años, y se fue ganando la amistad de niños, jóvenes y mayores. Se ordenó en diciembre de 1992 en el Seminario de Paraná; antes estuvo como diácono en la ciudad de Viale y en Villaguay hizo el primer bautismo el 6 de febrero del ‘93. En ese entonces, monseñor Estanislao Esteban Karlic era el arzobispo de Paraná y uno de los jefes del Episcopado Argentino. Sus movimientos en la parroquia Santa Rosa de Lima de la ciudad del centro de la provincia fueron rápidamente ganando adeptos. En especial, de los niños y jóvenes, a los que se pasaba acariciando, pellizcando en la mejilla o tirándoles suavemente el pelo.

El cura Marcelino Moya, oriundo de María Grande, proviene de una familia muy humilde, conocía la historia de vida de cada uno de los chicos y sabía detectar perfectamente quiénes estaban con problemas familiares o personales, en virtud de ese paso de la pubertad a la adolescencia, donde todo se va descubriendo y en especial la cuestión sexual. Esa vulnerabilidad era determinante para su accionar, ya sea en ese ámbito cerrado que era su habitación en la Parroquia de Villaguay, en los viajes que organizaba o en las visitas que hacía con los chicos al balneario de la zona.

Dos víctimas de Moya -que residían en Villaguay en la década del ’90- relataron a la revista Análisis los hechos de abuso y fueron clave a la hora de declarar ante la justicia, para acusar a Moya. El primero de ellos contó que fue abusado, por lo menos dos veces por semana y durante casi dos años, en la propia habitación del sacerdote, en el primer piso de la Parroquia de Villaguay, como así también cuando hicieron viajes a Viale, para realizar tareas religiosas. La otra víctima relató que hubo un intento de abuso, también en la habitación del párroco, pero éste reaccionó a tiempo y empujó al cura, tras lo cual se fue de la Iglesia y nunca más volvió, pese a que también era monaguillo.

Situaciones similares se observaban semana a semana, en dicho período, en su habitación parroquial, con soldados voluntarios que se incorporaban al Regimiento de Infantería Mecanizado 5 General Félix De Olazábal, con sede en Villaguay, que ingresan a los 18 años y es el escalón inicial en la carrera de suboficiales del Ejército Argentino. En ese entonces, la mayoría de edad era a partir de los 21 años, por lo cual también podrían ser citados voluntarios del Ejército, quienes eran menores de 21 años, en el período entre 1993 y 1997. Moya fue capellán del Ejército en Villaguay -una autoridad superior a los soldados voluntarios-, hasta que en 1997 fue destinado a Campo de Mayo.

 

Fuente: Análisis

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