** El problema de nuestra sociedad es que se está millenializando (significa algo así como “apendejando”, pero suena más elegante) y la culpa es de los viejos. ¿Eso es bueno o malo?. Solo temo que cuando los adultos mayores se esfuerzan en parecerse más a sus nietos, no queda quien defienda la vieja ética. Se licúa el usted, permiso, perdón, gracias.

Estamos millenializados. Usted quizás me pregunte qué diablos es la millenialización. Trataré de explicarlo.

** Se oye cada vez más la palabra Millenials y de a poco nos iremos familiarizando con el concepto. Refiere a la generación de los jóvenes nacidos entre 1984 y 2000. Son maravillosos. Sus padres los aman y sus abuelos perdemos hasta la dignidad por ellos; porque no saber decir no, también es perderla. Y esa parece ser la génesis del problema.

** Son las 9:55 y suena el teléfono.

–Abuelo, ¿me llevás a la casa de un amigo que me espera a las 10:00?

_Estoy en la cola del banco y viste cómo es esto, es hoy o el tsunami, ¿me esperás un rato?

–No abu, está bien, dejá, te dije que era a las 10:00.

_Bueno, bancame cinco que ya llego. Señora, tenga, le cedo mi número, debo retirarme por una emergencia…

** La milleniari…. (el apendejamiento, bah)… está penetrando transversalmente a la sociedad y empieza por los más grandes (Baby Boomers y Generación X). Nos estamos milleniarizando y no nos da el cuero, pero qué le vamos a hacer, si ser compinches de nuestros hijos y nietos y queridos por ellos a fuerza del “sí puedo”, nos refresca un poco la edad.

Todos freak y en bermudas    

** Unos chicos fantásticos, adorables, tan adorables que queremos parecernos a ellos. Seguimos sus costumbres, posturas y lenguaje. Nos adaptamos a ellos, huyendo del riesgo de parecerles viejos caducos que no entienden las prioridades y gustos del nuevo siglo.

** Cuando en el siglo pasado los jóvenes empezaron a usar bermudas, que les quedaban fenómeno porque para eso tenían la edad que tenían, los jubilados no tardaron mucho en hacer el ridículo poniéndose esos pantalones cortos con una cantidad de bolsillos superpuestos; primero para ir al súper en verano, luego a los bancos o donde hiciera falta, sin pudor. Hoy vamos con “los cortos” a trabajar y a la iglesia. ¿Cuánto puede faltar para que nos pongamos remeras con la figura de Batman para estar bien freak?

** Quizás no me estés entendiendo, porque hoy tenés 35 años o menos y la bermuda es algo tan popular como la bolsa del súper, y… a fuerza de verlos durante años nos quedan bien (nos acostumbramos a cosas peores). Pero repasá las viejas fotos de familia y tratá de ver a un hombre adulto por la calle vistiendo un pantalón corto y franciscanas.

** ¡Buscá, buscá! Revisá fotos de tus viejos en algún pic nic del día del estudiante, o mirá las películas de Palito en primavera, y decime si ves algún muchacho con pantalones cortos. Solo las chicas se animaban a más y se jugaban con algún “hot pant” o short, pero los usaban para salir de noche. Los shorcitos femeninos son viejísimos pero también un invento de jóvenes, y ¿sabés qué?, nuestras chicas fueron tan creativas que los grandes no las pudieron imitar. Imaginate a las abuelas embutidas en uno de esos hot pants…

Se nos escapan por las redes              

** Acabamos de incorporar a las mujeres en el tema. Fijate que hasta aquí veníamos hablando de un mundo de tipos. Pero vayamos por todos y todas. Quiero que lo sepas… los locos (en la época el pronombre no era boludo sino loco o flaco) tardaron muchos años más que las mujeres en mostrar las piernas. Ellas con minis, nosotros con largos. Ellas con shorts, nosotros peor, aguantando con largos Oxford que nos tapaban hasta los zapatos.

** Llegó el invento de Mark Zuckenberg, en 2007/08 millones de chicos se perfilaron en Facebook y los Baby Boomers (nacidos 1945 a 1964) y los Generación X (1965 a 1981) entramos en pánico porque los chicos iban a socializar en un espacio donde no estábamos. Ante el riesgo de que nos vieran como despreciables habitantes de un pasado capaz de contagiarlos, nos colamos en la onda. Desde entonces ellos viven huyendo hacia nuevas instancias y nosotros jadeando por detrás. Caímos en Facebook y ellos se rajaron a Instagram. Vamos tras ellos a Instagram y empiezan a migrar a Snap chat.

** ¡Mírennos! Esperábamos que cumplieran siete u ocho años para enseñarles ajedrez o chin-chon y aquí estamos, perdiendo por paliza en cada intento, con la Play Station. A veces pienso que los Millenials son la generación de la venganza. Desde que el mundo es mundo, padres y abuelos siempre les enseñaron a hijos y nietos, ganándoles en todos los juegos. Hoy es justamente al revés.

La Play II es nuestro límite         

** Nos esforzamos demasiado para que nos vean como iguales. Nos falta usar talco Johnson Baby para heder a bebé. Y tal vez ellos quieren abuelos y abuelas, no hermanos/as. Diga usted que los chicos nos tienen compasión y no archivan la Play Station, que ya fue superada por los juegos on line, a los que no nos atreveríamos. La Play II es nuestro límite, ellos lo saben y la mantienen para divertirse con sus abuelos (qué tiernos). Se divierten con nuestras torpezas, ganándonos diez a uno. Qué mal. Cuando ellos eran más chiquitos nos dejábamos ganar en todo, en cambio la ternura de ellos alcanza para dejarnos meter solo un punto de consuelo.

** A los Millenials se les cuestionan algunas cosas aunque de nada son culpables. “Crecieron sujetos a estrategias fallidas de crianza”, afirma el sociólogo Simon Sinek. Por ejemplo, les dijeron todo el tiempo que eran especiales, que eran geniales y hermosos. Les dijeron (les siguen diciendo) que tendrían todo lo que quisieran en la vida, solo por quererlo. Dice Sinek que muchos lograron mejores notas no por méritos sino porque sus padres se quejaron y sus profes no querían enfrentarlos. Se les daban medallas de participación; el que salía último en la competencia también recibía una (aún hoy). Eso no los valuaba sino que devaluaba el valor de las medallas.

** Cuando llegan a la universidad o al mundo laboral se frustran porque allí las medallas son para los mejores, los que hacen bien las cosas, y ya no están papá y mamá para decirles que estuvieron maravillosos aunque fueran mediocres o no se esforzaran.

Los queremos ya y ahora        

** Los Millenials, que son muy queribles porque fueron criados con más amor que sus ancestros y aprendieron a darlo, tienen otras dos características: solo conocen sus derechos y no tienen paciencia. No saben esperar. Si no puede ser ya, que sea ahora. No conocen el después o el quizás. Y cuando llegan al mundo real descubren que no hay una aplicación (App) para cada cosa. El mundo real demora un poco más.

** Los abuelos sabemos que no aprendieron a esperar y los asistimos como si eso fuera una enfermedad heredada por la que sentimos culpa. Por eso abandonamos la cola del banco o lo que sea que estemos haciendo, para salir a los piques porque un nieto o un hijo se comprometió con un amigo pero no buscó antes un medio de transporte. Lo hizo en el momento. En su celu o su Tablet todo es ahora mismo. Un tema musical, una peli, todo ya. También en la App abus (abuela y abuelo), en la App mami, en la App papi, siempre hay alguien listo para responder. Los seguimos mal acostumbrando, pero ¡qué le vamos a hacer si los queremos tanto, ya y ahora!

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