Mariángeles Schneider (Paralelo 32)

Crespo.- Mariángeles Schneider es una joven crespense que emigró a Alemania con su esposo, actualmente docente e investigador universitario en temas de energías renovables. Con dos hijos de corta edad, viven en el norte del país europeo. En diálogo con Paralelo 32 comentó cómo es la vida que realiza en Alemania y las características de la sociedad a la que pudo adaptarse muy rápidamente.

Irse a Europa

–  ¿Cómo terminaron en Alemania?

—  Mi marido estaba haciendo el doctorado en Córdoba y sale un concurso en Alemania que se llama Green Talents (“talentos verdes”) que reúne a gente que trabaja en tecnologías renovables. Previamente, nos habíamos ido a Dinamarca por un intercambio de estadía entre universidades, por la Universidad Nacional de Córdoba con una universidad danesa. Allí estuvimos siete meses en la ciudad de Aarhus y tres meses en Aalborg. Volvimos a Córdoba, Cristian terminó el doctorado, empezó a trabajar con el Conicet. Finalmente, salió el concurso Grun Talent, se presentó, lo aceptaron con un proyecto de energía eólica y nos fuimos a Alemania. Ese concurso reúne unos 30 investigadores de todo el mundo, los llevan a Alemania y recorren universidades e institutos. Los seleccionados eligen una universidad con la que mantener contacto. Cristian eligió una, volvimos a la Argentina, se mantuvo en contacto y al tiempo le ofrecieron un puesto. Entonces, dijimos: ‘bueno, vamos’. Y nos fuimos en el 2012 y nos instalamos en Bremerhaven. Estuvimos ahí casi tres años, y luego, como le interesa mucho la parte de docencia y mucho, la investigación, pasamos a la Universidad Leibnitz, en Hannover.

–  ¿Cómo se arreglaron con el idioma?

—  No sabíamos nada de alemán, sólo teníamos una ventaja porque sabíamos la pronunciación por familia, de escuchar el alemán de acá. Mi esposo aprendió empezando a trabajar y yo con un curso de Integración, que se da a inmigrantes para que puedan insertarse rápidamente en el ambiente laboral. Vas haciendo cursos y vas rindiendo exámenes. Cuando se llega a cierto nivel, uno está listo para insertarse laboralmente y se puede anotar en una oficina de búsqueda de empleos, si no consiguió trabajo por su cuenta.

–  En su caso, ya iban con un contrato en la universidad.

—  Cristian ya fue contratado, con trabajo. Y en ese ámbito no piden el idioma, no importa. Él fue con buena base de inglés. Pero nos interesaba poder integrarnos, porque la gente habla inglés pero no les gusta, consideran que no lo hablan perfecto. A los alemanes no les gusta hacer algo que no dominen perfectamente. Pero yo los escucho y hablan bien el inglés, aunque no sea su lengua materna. Ellos ya en el nivel primario de la escuela empiezan con el inglés. Cada estado maneja en forma independiente su sistema educativo. Donde nosotros estamos, Baja Sajonia, ya en tercer grado empiezan con el inglés. Cuando pasan al secundario eligen un idioma más. Cuando terminan el secundario conocen dos idiomas extranjeros, inglés y otro, que puede ser francés, español… algunas escuelas ofrecen latín, incluso. Cuando les quedan dos años para terminar hacen una estadía en el exterior, para perfeccionar ese idioma. Si aprenden español, generalmente se van a España o vienen a la Argentina, y si eligen francés se van a Francia.

–  ¿El estudiante secundario? ¿Van todos?

—  No sé si todos, pero es muy común que realicen una estadía.

–  Acá vienen chicos por intercambios con la organización AFS.

—  Es otra posibilidad, lo que digo es la estadía por la escuela. Por ejemplo, la directora de la escuela donde está mi nene. El año que viene la hija se viene a la Argentina a realizar esa estadía. Creo que son seis o nueve meses. La idea es que hagan en el extranjero la escuela en el idioma que aprendieron. Después vuelven a Alemania y terminan el último año que les falta.

Sistema educativo alemán

–  ¿Cómo es el sistema educativo?

—  Les cuento el sistema de Baja Sajonia, porque en cada estado cambia, aunque son muy parecidos en general. El jardín empieza a los tres años y no es obligatorio. El primario se llama Grundschule, son cuatro años y siempre con la misma maestra. Después de ese cuarto grado, hay cuatro tipos de ramas de estudios. Está la Hauptschule, que es una escuela básica; los que terminan ahí van a estudiar un oficio: electricista, plomero o albañil, por ejemplo. Después está la Realschule, equivale a lo que van a hacer tecnicaturas de terciario. Se llaman Ausbildung, son tres años, mitad teórico y mitad práctico. Es lo que diferencia al resto en Educación. Tienen las carreras que uno quiera y se puede insertar en el trabajo casi inmediatamente de recibido.

–  ¿Siempre hay posibilidades de encontrar trabajo?

—  Sí, es mucho más fácil. El que no consigue realmente es porque no quiere encontrar trabajo. Después, otro secundario es el Gymnasium, que es para quienes quieren seguir un estudio de grado, la universidad. Ahora, incorporaron el Gesamtschule, que son los tres sistemas juntos. El chico que entra al Gymnasium ya le empiezan a ‘dar duro’. Cuando tiene dudas si el chico le irá bien… allá no es que todos quieren ir a la universidad. El que estudia, estudia lo que le gusta.

–  ¿Se puede pasar de un secundario de menor nivel a otro?

—  Se puede, pero va a llevarte más años. Por ejemplo, el que estudio en el Ausbildung instrumentista dental; trabaja y ve la posibilidad de ser odontólogo. Entonces, puede hacer el salto; en el Gymnasium debe rendir el último año, un examen que se llama Abitur: se eligen cuatro materias, una de ciencias sociales, un idioma y dos de la especialidad que quiere seguir. Obtiene una nota que le permite anotarse en la universidad, y en cuánto al mérito, puede ingresar o no a la universidad. El que quiere estudiar, lo puede hacer y sacarse una buena nota.

–  ¿Son estudios muy duros?

—  He visto estudiar para el Abitur y no es broma, estudian en serio. Es como estar casi en la universidad.

–  ¿Pueden seguir estudiando?

—  Todos pueden, hay escuelas de noche. Eso es lo lindo, que nunca es tarde para seguir un estudio que se quiera. Acá al joven le dicen ‘elegí bien porque tu estudio será para toda la vida’. Allá no, si a uno no le gusta lo que está haciendo, puede cambiar y se pone a estudiar otra cosa. Lo lindo de ese sistema es que uno va a estudiar lo que le gusta. Por decir, el que quiere cuidar ancianos, va a estudiar, lo va a hacer bien y no es que lo hace porque no tiene otra chance.

–  ¿Hay chicos con discapacidades en la escuela común?

—  Cada escuela tiene un cupo para este tipo de chicos. En la escuela de Edwin hay tres, que están en sillas de ruedas, pero no sé qué problemas tienen. También, cuando hay chicos que tienen algún desorden, hay asistentes sociales que están ayudándoles.

El idioma y los hijos

–  ¿Cómo fue la educación del idioma con sus hijos?

—  En la teoría, que en la casa se hable el idioma de la casa y que en la escuela hable el idioma del país donde está. Lo importante es que el chico escuche a una persona y sepa en qué idioma hablarle, no por el lugar. Si una persona habla en alemán, él le responde en alemán, y me mira a mí y me habla en español. Es lo que se logra haciendo esa educación bilingüe. Con el nene, estamos hablando en alemán y español y logramos que piense en alemán y arme oraciones con la gramática del alemán. Es cuestión de práctica, y nos dicen que a los 18 años no va a tener diferencias. Una persona puede tener hasta tres lenguas maternas.  Edwin entiende todo en español, pero el idioma más fluido es el alemán porque está cinco horas en la escuela y está jugando en alemán con sus amiguitos.

–  ¿Y la nena?

—  Está en jardín; empezó a escuchar alemán con el hermano y los amigos; ahora en el jardín. Lo que me di cuenta es que lo cotidiano le es más fácil en alemán. Ahora que nos vinimos, no me dice nada en alemán, habla todo en español.

–  ¿Viven en una ciudad grande?

— Vivimos en un pueblito, Holtensen, cerca de la capital del Estado Baja Sajonia, Hannover.

–  ¿Es zona de montañas?

—  Son las primeras colinas del país, de norte a sur, se llaman Deister. Más al sur ya comienzan las primeras montañas, los Montes Harz. Son bajas pero ya sirven para esquiar para quienes no puedan ir más al sur, hasta los Alpes.

El tiempo

–  ¿Tienen inviernos fríos?

—   Son inviernos largos, de septiembre u octubre a marzo-abril y está fresco. Para calefaccionar tenemos calderas que funcionan con aceite y llega el calor a través de radiadores. Muchas casas tienen loza radiante en el piso; también se usa mucho la salamandra con leña. Se calefacciona con aceite, que dura un año porque se usan tanques de tres mil litros. Viene una vez al año un camión cisterna y lo recarga.

En invierno tenemos nieve, no tanta, pero tenemos. Hacemos Navidad con nieve, es muy lindo. Cuando nos veníamos a la Argentina le dije a Annaliese que íbamos al invierno y me preguntó ‘¿Papá Noel?’. Nieve para ella es Navidad, ya está.

–  ¿El verano es frío o caluroso?

—  No es frío. Este año tenemos una ola de calor extremo en toda Europa y todo el hemisferio norte. Estos días estaban a 35 grados, que no sé lo que es porque yo con 28 grados ya siento mucho calor. Uno acá se espera el verano cálido, pero allá no; las casas están más preparadas para pasar el invierno.

–  ¿En qué épocas del año salen de vacaciones?

— Cuando un chico comienza la escuela, no hay manera de irse que no sea en vacaciones. Está prohibido que el chico falte a la escuela. Si el chico falta, multa.

–  ¿Y si se enferma?

—  Si se enferma puede faltar. Los primeros tres días uno llama a la escuela, pero después hay que presentar un certificado. Nosotros nos vinimos un día antes de las vacaciones; tuvimos que presentar una carta para solicitar permiso. Si estamos viajando de vacaciones y me detiene la policía y me piden documentos, ven que mi hijo debería estar en la escuela, y sin el permiso de viaje, me ponen una multa. Que dependen del Estado, puede partir de cien euros.

–  ¿Cuánto tiempo son las vacaciones de verano?

—  Un mes y una semana, pero tenemos cuatro períodos de vacaciones en el año. En verano; después en otoño, dos semanas en octubre; luego las vacaciones de invierno para las Fiestas de Fin de Año; y en Pascuas, dos semanas.

–  Se diferencian de nuestras vacaciones que son dos meses en verano y dos semanas en julio.

—  Allá me gusta más como se reparten las vacaciones, uno no llega tan cansado. Acá termina el año y termina todo, vienen Navidad, Año Nuevo. Allá, el año escolar termina en junio.

Cultura alemana

–  ¿Tardaron mucho en aprender alemán?

—  Con mi marido lo hicimos medio en tiempo record. Muchos se sorprenden como hablamos estando tan poco tiempo. Cuando empecé hice todos los cursos de una; más o menos tardé un año en aprender. Mi marido es muy autodidacta y cuando se pone… aprendió solo. El día de hoy da clases en la universidad.

–  ¿Cómo son los alemanes? Uno piensa el norte de Europa con pueblos más fríos, distantes; el sur cálido.

—  Creo que los alemanes del sur, los bávaros, por ejemplo, son un poco más simpáticos. Lo que en realidad varía es si han salido de Alemania. Los que han conocido otras culturas son muy abiertos, pero si nunca han salido, y dicen que ‘Alemania es lo mejor’ y hasta vacacionan sólo en Alemania, esos son los más cerrados. Es difícil por ahí, están teniendo problemas con la inmigración. Y los más cerrados, ante la inmigración problemática, se cierran más aún. Vivimos en un pueblo, y los pueblos son más cerrados que las ciudades, que son más cosmopolitas. Al principio, te miran y te estudian. De casualidad, te dicen ‘hola’. Te estudian cómo sos, si te integrás. A ellos les importa si te integrás, y me parece bien. Hoy hay muchos inmigrantes de Medio Oriente que no se integran, llegan muchos, son tantos que no se integran, arman ghetos. Se pasan los datos sobre cómo hacer ciertas cosas, no se integran. Eso les molesta a los alemanes. A uno que se esfuerza por integrarse, también le resulta molesto. Conmigo iba gente a estudiar alemán que hacía 20 años que estaba en el país, y no sabían decir ‘hola, qué tal’.

–  ¿El latinoamericano se integra más?

—  El latinoamericano se integra más y busca trabajar; no vivir del Estado.

–  A veces parece que los alemanes son más abiertos de lo que se supone.

—  Me parece que todo pasa por el hecho de que hayan conocido otras culturas. Los alemanes que han conocido otras culturas son mucho más abiertos. Mi vecina, si no pasa todos los días para abrazarme, pasa y me saluda. Son re cariñosos. Donde vivíamos antes, también; una familia nos invitó a cenar sin saber todavía el idioma.

Vida social

–  ¿Qué vida social realizan?

—  Yo inicié mi vida social con un grupo de mamás argentinas en el mundo. Por ahí, viajo y nos encontramos con algunas en un lugar del mundo. Cuando me iba a mudar, pregunté si alguien del grupo vivía por la nueva zona; me contacté con una mamá. Fui a su casa, tomamos unos mates. El marido también estudió lo mismo que el mío y era también cordobés. Nos hicimos muy amigos, y entramos en contacto con otras familias. Nos hicimos muy amigos y socializamos. En el pueblo tengo una vecina alemana que cuando me escuchó en español, se me acercó enseguida porque estaba estudiando español. Y terminamos siendo amigas.

–  ¿Cómo se adaptó para la comida? ¿Se come muy distinto?

—  En las comidas, traemos mucho de lo nuestro y también mucho de las raíces alemanas. En eso no cambiamos tanto. Sí hay más salchichas (Sonríe), hay para tirar para arriba. Hay comidas nuevas, como el grünkohl, que es una acelga en un estofado, salchichas y patitas de cerdo. Y se hace la fiesta del grünkohl, se hacen caminatas en pleno invierno, en el camino nunca falta la cerveza, llegan a destino y se sientan a comer grünkohl. No es pesado y es muy rico.

– No hay problemas de inseguridad y drogas

—  Hay, no es que ‘no pasan cosas’, pero no es tanto como acá. El miedo de madre siempre está cuando el hijo sale. Hay más robos que antes, pero no es mucho. Drogas no se ven. Calculo que hay, pero no se ve. Lo mismo con el alcohol. Hay, pero no es lo mismo que la sangre latina que toma y explota. Toman los alemanes, pero para ellos, tranquilos. No hay muchas peleas, no es lo común.

–  ¿Consigue productos básicos argentinos, como yerba o dulce de leche?

—  Sí, por internet. Si hay supermercados grandes, se encuentran. En Hannover hay un mercado de españoles donde se consiguen productos latinos. La yerba se consigue en mercados árabes, de sirios, que la llevaron de acá. Yo compro todo en internet, porque me es más práctico que sacar el auto e ir a la ciudad.

–  ¿Quién le trae la compra?

—  El correo, a los dos días. Si necesito una mayonesa especial que no está en el súper, la compro por internet y llega en dos días. Eso funciona espectacular. Uno compra ropa, si no le gustó, avisa que no le gustó, te la vienen a buscar. Está muy bueno. Yo pago con PayPal, o con tarjeta, como uno quiera.

Separar la basura

–  ¿Hay un tema que le haya llamado la atención de Alemania?

—  Allá se separa toda la basura. Todos lo  hacen. El vidrio a un sitio específico, el papel en un tacho, el plástico en otro. Los orgánicos se separan también, la comida va en tacho aparte. Y el compost orgánico, casi todos tienen en la casa compost, no se tira. Uno paga una oblea para que vengan a retirar la basura. No se paga por papel y plásticos, que son reciclables. Los vidrios hay que llevarlos a un lugar, y otros restos de basura se paga un impuesto anual. Hay un límite de kilos de basuras, si se lo supera, se debe pagar más.

–  ¿Cómo es pagar por el servicio de basura?

—  Es un impuesto que se paga por año para que el servicio lo retire de tu casa. Por papel y plásticos no se paga, por el resto sí. Si no paga ese impuesto, no le retiran la basura.

–  ¿Y qué hace el que no paga el impuesto?

—  Tiene que llevar la basura a lugares autorizados. No creo que nadie deje de pagar el impuesto.

Ayuda social

–  Bueno, puede pasar que a alguien le haya ido mal, que no tenga dinero.

—  Eso no pasa, porque hay ayudas sociales y se contemplan muchos casos. Cobran subsidio si no tienen trabajo. Hay muchos tipos de ayuda, está Caritas por ejemplo. Aparte, la ayuda social del gobierno. Entonces, es muy raro que una persona esté tirada sin nada.

–  ¿No se ve gente en la calle, sin nada?

—  Los que hay, tienen problemas mentales, en general. Se ve gente buscando botellas, que cuestan 25 centavos y se reciclan.

–  ¿Cómo es el sistema de salud?

—  Todos tienen seguro social, y uno no paga nada. Hasta cierto límite de sueldo, el seguro lo paga el empleador, superado el límite, se lo paga el empleado. Hasta ahora no hemos tenido nada grave en la familia, pero todo está cubierto. Tuve la nena y no he pagado nada. Uno paga si quiere hacerse un estudio extra, por ejemplo, pero las cosas que están programadas no se paga nada. Y los hospitales son públicos, pero de diez. Hace unos días fui a un hospital en la zona, y me sorprendió mal lo que vi; se me había olvidado cómo era, no lo tenía presente. Ahí uno se da cuenta cómo tienen catalogada a Latinoamérica.

–  ¿Hay transporte público?

—  Están licitados los servicios. Uno puede pagar por mes, por año o por día, pero es caro. No es como muchos creen que es ir allá y viajar. Por ejemplo, estoy a diez kilómetros de Hannover y me sale ida y vuelta un poco más de 7 euros (más de 200 pesos nuestros, un viaje en colectivo a Paraná, en comparación, ronda 30 pesos, N. de R.) Es una distancia corta porque en tren o en colectivo, en 20 minutos estoy. Pero el transporte no hay que quejarse, son puntuales, están limpios, casi siempre hay lugar para viajar, salvo algunas horas pico. Es caro, pero es un buen servicio.

Quien es

Mariángeles Schneider tiene 35 años, está casada con el doctor en ingeniería (ingeniería en el Instituto Universitario Aeronáutico y el doctorado en Universidad Nacional de Córdoba) Cristian Gebhardt y tienen dos hijos, Edwin de 8 años, y Anneliese de 3. Viven en Holtensen, estado de Baja Sajonia, en Alemania. El esposo trabaja en la Universidad Leibnitz, de Hannover, capital del Estado, ubicada a pocos minutos de su residencia familiar.

Mariángeles es hija de Ángela Riffel y de Germán Schneider. Estudió Asistente Ejecutivo (secretariado ejecutivo) en la Universidad Adventista del Plata y actualmente es ama de casa.

Medios alemanes

–  ¿Cómo son los medios?

—  En la televisión hay reality show como acá, telenovelas que no son buenas. Nosotros ni pusimos el cable este año, porque el año pasado cambiaron toda la tecnología y había que renovar aparatos. Probamos sin televisión; casi todos los canales públicos se pueden ver on line, con linda programación. Y Netflix. Acá hay canales de 24 horas fútbol, allá no. Te cuentan en cinco minutos un resultado y pasan a otro tema. Por internet puedo ver canales argentinos.

–  ¿Escuchan radio?

—  Sí, pero acá las radios son más entretenidas, con los temas que conversan. Allá es noticia, música y hablan poco. La programación alemana no es de mi gusto. Acá tienen más notas interesantes, invitados. Allá no escuché tanto es.

–  ¿El alemán promedio está bien informado de lo que pasa?

—  Sí, pero no se interesa tanto por la actualidad. Es tanta la estabilidad, por ahora, que no están pendientes tanto del gobierno, que se escucha, pero no interesa tanto, porque están bien y las cosas funcionan.

–  Acá estamos discutiendo la legalización del aborto, allá es legal. ¿Qué pasa?

—  Nada. Nunca escuché que hablen del aborto. Yo tengo una visión… Cuando estaba embarazada me preguntó la doctora si quería hacer un estudio para saber si tenía un bebé Down. Mi pregunta, muy ingenua, fue ‘¿Para qué? Si nace, nace’ pero me dijo ‘por si querés abortar’. Me shockeó un poco, pero fue muy natural. Me dijo ‘te lo tengo que preguntar porque acá es así’. Le dije que no me interesaba saberlo. Es muy natural, pero no se escucha hablar del tema. No genera conflictos el tema; o es en mi ambiente, quizás.

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