Crespo.- El médico argentino de origen sirio, Daniel Abbas, es un importante referente de la comunidad islámica alauita en Argentina. Desde que se inició la guerra que desangra a la República Árabe Siria, en 2011, estuvo en varias oportunidades llevando la solidaridad argentina a esa sociedad castigada por bombardeos. En contacto con Paralelo 32 describió la situación en ese país que considera su Madre Patria, la tierra de la que vinieron sus padres y abuelos a Argentina, y con la que mantiene lazos personales y afectivos muy intensos, agigantados por el dolor de la masacre humanitaria.

“Salvo en las ciudades que cayeron en manos de los terroristas, no hay destrucción edilicia sino destrucción humana, lo que es dramático. Pero estuve en el hospital Militar de Damasco, el Cardiovascular de Tartús y otro que está en Safita y están indemnes, con toda la dotación de médicos y enfermeras y no faltan insumos”, relató Abbas, en una nota con la Agencia oficial Télam, que sirvió como introducción para la entrevista con Paralelo 32.

–  Llama la atención lo que señaló sobre ciudades que no se destruyeron. Las noticias que nos llegan de Siria muestran mucha destrucción y muerte. Pero su testimonio indica que una parte del país trata de vivir normalmente.

— Felizmente no todo el país está en guerra, desde el punto de vista de la destrucción edilicia. Hay una porción muy grande, la zona mediterránea, que está incluso está bajo el paraguas protector de los rusos, porque ahí está la base naval rusa más importante fuera de Rusia, a nivel mundial. Allí se trazó una ‘línea roja’. Hay una guerra mundial con estos terroristas del ISIS, que no son musulmanes, son terroristas, provienen de muchas naciones. Lamentablemente, hubo argentinos ahí. Lamentablemente, lamentablemente. Es una guerra mundial, entraron más de 30 mil terroristas, bancados, sabemos por quién pero no viene al caso, que llegaron con una ideología no musulmana, que es la corriente llamada wahabismo…

–  Es la corriente dominante en Arabia Saudita.

— Exacto. Llegaron para hacer una masacre, una ‘limpieza étnica’ contra el pueblo alauita. De hecho, el presidente sirio pertenece al pueblo alauita. Esa gente llegó con esa finalidad, y felizmente se trazó una línea roja, los rusos ayudaron junto con los iraníes y Hezbollah del Líbano. Los pararon a los del ISIS y felizmente los están haciendo retroceder.

–  ¿Occidente como juega, Estados Unidos y la OTAN?

— Yo quiero ser claro y no dejar dudas. Nosotros, lamentablemente, escuchamos una parte de la campana. Pero esto es muy claro: todos los países líderes de Occidente, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, están jugando en contra de Siria, a favor de los del ISIS, por más que ahora los quieran bombardear. Porque los fomentaron, los ayudaron y los están cubriendo. Estados Unidos bombardeó al ejército sirio cuando los estaba dominando a estos individuos, hace cosa de dos meses atrás. Hace muy poco tiempo le tiró 59 misiles al Ejército Sirio, acusándolo de haber tirado gas; cuando el Ejército Sirio no tiene armas químicas. Siria entregó a Rusia y a la ONU todo su armamento químico. De modo que, cómo el gobierno sirio va a bombardear a su propia población civil. El presidente Bashar al-Assad, después de seis años de guerra, sigue siendo el presidente de Siria y el pueblo lo sigue apoyando. Se dice que es un dictador. ¿Cómo va a sobrevivir seis años un dictador a una guerra terrible?

Viaje

–  ¿En qué lugares de Siria estuvo últimamente?

— Estuve en las provincias de Tartús y Safita. Safita es una ciudad muy grande, eminentemente cristiana. Y Tartús, el puerto más importante, es el equivalente a la Mar del Plata nuestra, recostada sobre las costas del Mediterráneo. También estuve en Latakia, otra ciudad del Mar Mediterráneo. Después, fui al interior, dentro de la montaña, ya que en esa zona Siria se parece a Brasil, con los morros que se recuestan sobre el mar. Llevamos nuestra solidaridad a esas ciudades y comunidades de Siria.

–  Y está en ‘peligro de extinción’ frente a ISIS

— Nunca hubo problemas entre cristianos y musulmanes en Siria. Y esta gente también quiere hacer una ‘limpieza étnica’ de cristianos. Siria tiene una mayoritaria población musulmana sunita, el pueblo alauita es minoría. Quieren hacer una ‘limpieza étnica’ y no tiene nada que ver la religión. Estos individuos no son musulmanes, los wahabitas no son musulmanes, fue declarado hace poco tiempo por la Universidad Al Azar, una de las más prestigiosas del Islam, que está en Egipto.

–  ¿Qué llevó a esos lugares?

— Medicamentos, que pudimos recolectar. Y donaciones.

 

Atentado

–  ¿Fueron aportes de donantes argentinos?

— Sí. No sólo de la comunidad musulmana en Argentina, sino de muchísima gente que donó: cristianos, también, y argentinos sin una orientación religiosa. Hemos llevado algo que me conmovió muchísimo. Un hombre donó 20 juegos de ajedrez para que llevemos a un colegio donde mataron a 70 chicos en dos atentados suicidas. Los donó para que los chicos jueguen al ajedrez y puedan olvidarse de la guerra.

–  ¿Dónde se produjo el atentado?

— En la ciudad de Homs en 2011. Cuando ocurrió el atentado yo estaba en Tartús, con un papá que tenía dos hijos en esa escuela. El hijo mayor estaba buscando los pedazos de los hermanos después de los dos atentados. Cuando se dio cuenta que no estaban entre los muertos, fue al hospital a buscarlos entre los heridos y tampoco estaban ahí. Felizmente los encontró en el refugio del colegio. Cuando sonó la primera bomba, detonada por un kamikaze suicida, la directora del colegio llevó a todos los chicos al refugio. Ahí fue cuando se produjo el segundo atentado, que fue un coche bomba que mató miles de personas.

–  ¿Cómo es la justificación de ISIS y grupos similares para este tipo de atentados? Porque si atacan una escuela, ponen a la gente en su contra.

— Acá hay un juego que me supera a mí, es el juego geopolítico entre Rusia y Estados Unidos. Eso me supera: el petróleo, el gas, el gasoducto a Europa que iba a pasar directamente por Siria, que los emiratos del Golfo y Arabia Saudita no querían. A mí, honestamente, me supera esta cuestión. Lo que veo es un odio visceral de los wahabitas hacia la corriente islámica chiíta, y dentro de los chiítas, contra el pueblo alauita, que es un pueblo pacífico, amante de las relaciones de amistad y de hermandad con los cristianos. Lamentablemente, esa gente, en su odio contra los alauitas, desató esta masacre. Y la está pagando el pueblo alauita, porque son la gran mayoría de los soldados que mueren, chicos y chicas.

–  Siria es una sociedad muy abierta.

— Siria es un país socialista y laico, tiene el 30% de la población que es cristiana. Es un país donde las mujeres están en la calle, están en la milicia, están en la policía. Allá un médico hombre puede atender a una mujer, no como ocurre en Arabia Saudita donde una mujer se puede morir porque no hay una médica. Siria es un país donde la educación es prioritaria. Lo digo con orgullo y con pesar, a la vez, los mejores promedios de las escuelas todos los años eran publicados en los diarios. El culto a la educación en Siria no es un privilegio, es para todo el mundo.

–  ¿Los sirios tratan de seguir una vida normal de este lado de la ‘línea roja’?

— Sí, tratan de seguir con normalidad. Pero hay dos cosas bien claras: las calles están vacías de jóvenes, porque están en el frente de batalla, y muchísimas casas tienen la foto grande de sus hijos muertos en la puerta de ingreso. A veces son más de una foto, y los padres los muestran con orgullo, porque ellos no esconden a sus muertos, como nosotros escondimos a nuestros muertos de las Malvinas. Yo soy argentino, no tengo otra nacionalidad. Pero reconozco en Siria mi Madre Patria, y amo al pueblo sirio porque está demostrando el orgullo de querer ser ellos. Y no van a permitir que su tierra se las lleve esta escoria de la Humanidad.

 

Otros viajes

–  ¿Cuándo estuvo en Siria?

— Fui en 2011 cuando recién se iniciaba esta guerra. Estuve en un congreso médico en Viena (Austria) y de ahí fui especialmente a Siria para mostrar mi solidaridad, a nivel personal. En 2016 viajé en dos oportunidades, en enero y en agosto, para llevar ayuda humanitaria de nuestras comunidades. Ahí llevamos los juegos de ajedrez, los medicamentos y las donaciones, para entregar en mano a los heridos y a familiares de los muertos.

–  Es una guerra que está dejando a cada familia enlutada.

— Ud. no se imagina. Conocí una señora que perdió sus cinco hijos. Y me dijo ‘Ojalá tuviera cinco más para darlos por Siria’. Es así. Y lo lamentable es la cantidad de gente amputada de brazos y piernas, sin ojos, quemados, mutilados de por vida, con esquirlas en el cerebro, en estado de coma. Esos chicos no se recuperan más.

–  ¿Cómo está resolviendo la sociedad siria estos dramas? ¿Conoce datos de afectados?

— Desconozco porcentajes de afectados. Pero hay todo un aparato estatal y comunitario muy fuerte de solidaridad, aportando desde sillas para amputados, sillas eléctricas, prótesis para todos. Ocurre lo siguiente: esta es la peor guerra que ha enfrentado Siria. Pero, anteriormente, en el año 1973 o en la Guerra de los Seis Días, con Israel. Siempre Siria cuidó de sus caídos, sus mártires. Es por eso que, por ejemplo, a Argentina llegaron cónsules que eran hijos de mártires de otras guerras. Cuando cae alguien que dio su vida por el país, Siria no descuida a su familia. No hace como nosotros con los veteranos de Malvinas, que están pidiendo una pensión. Es una bronca que tengo como argentino.

–  Si se pierde una guerra, acá se hizo como que la culpa la tuvieron quienes estuvieron en el campo de batalla.

— Sí. Allá en cambio están orgullosos de sus soldados. Porque el Ejército es el pueblo. No hay un dictador. Hay un gobierno elegido, querido por su pueblo, que hace seis años está al frente de su país enfrentando una agresión. El presidente dice que si el pueblo decide que tiene que irse, él se va. No es que está agarrado al sillón y es un dictador que manda a morir gente. Hace seis años que lo están apoyando y no bajan los brazos. Porque si pierden esta guerra, desaparece Siria. Van a partirla como hicieron con la balcanización en Europa.

–  Un proyecto es formar un estado de ‘Sunistán’ con las partes que ISIS tiene de Irak y de Siria.

— ‘Casualmente’, son las partes donde está el gas y el petróleo.

 

Antes de la guerra

–  Antes de la guerra, ¿cómo era la sociedad siria?

— Fui en 1990, cuando tenía 30 años, al Primer Congreso Argentino – Sirio de Medicina. Fuimos 70 médicos de origen sirio, yo con mi esposa, que estaba embarazada de nuestro tercer hijo. Conocí un país en pleno desarrollo, con caminos, con autopistas, con hospitales y escuelas. Floreciente. No hay villas miseria, no hay gente pidiendo en la calle hasta el día de hoy. No hay chicos pidiendo en las calles. Todos los chicos van al colegio, con la obligación y el orgullo de los padres de mandar sus hijos al colegio. No tenía deuda externa.

–  Era una situación más sólida que la nuestra.

— Con todo el dolor del mundo digo que sí. El hospital público de la ciudad de Damasco, donde di una conferencia, era un hospital público que hacía pasar vergüenza en 1990 al Sanatorio Güemes, que era de los mejores acá.

–  Están haciendo pomada a un gran pueblo y su país

— Mire, es un pueblo orgulloso, solidario. Íbamos por la calle con mi señora y nos tomaban de la mano, fuimos a un café y nos sentaron a tomar café, no nos querían cobrar nada, cuando sabían que éramos argentinos. Los argentinos somos muy queridos en Siria. Es uno de los pocos países donde nos quieren a los argentinos. El vicio nacional de Siria es nuestro mate.

–  Es un resultado de los lazos mantenidos por los emigrados sirios a Argentina.

— Muchos sirios vinieron a Argentina a ganar dinero y volvieron a Siria, llevándose nuestro ‘vicio’, que es el mate. Ud. se va a reír, pero yo vi a dos muchachos andando en un Jeep y haciendo ruido en la aldea. En árabe, una persona me dijo ‘son atorrantíes’. Son atorrantes, copiaron la palabra de nuestro idioma argentino. El hombre creía que era una palabra árabe. Le expliqué que era una palabra bien argentina, que ellos incorporaron en su léxico cotidiano como algo propio.

 

Vivencias

– ¿Qué vivencias le impactaron en su último viaje?

— Primero, la solidaridad de la gente. Los médicos y enfermeras organizándose en grupos, yendo a todas las aldeas para hacer un estudio del desarrollo de los chicos para ver si les faltan alimentos, o si se están desarrollando mal. En una nota que hice para Télam, que vuelvo a repetir acá recordé que fui a ver a un joven de 25 años, a su casa, tiene dos hijos y en la guerra perdió las dos piernas. Le pregunté ‘qué necesitás’. Me dijo ‘mis dos piernas ortopédicas, porque quiero volver a pelear por mi país’. Salí de esa casa y me puso a llorar, no me pude aguantar. Mire que estuve en varios hospitales, viendo amputados, viendo gente mal, destruidos. Pero bueno, estábamos un segundo, dando la ayuda y una palabra de aliento. Pero este hombre me conmovió. Tengo una filmación donde él me manda una bendición para la Argentina. Somos un país bendito, nos están bendiciendo muchísimo por esta ayuda.

– ¿Llega más ayuda aparte de la que Ud. y otros están llevando?

—  Le voy a decir algo claramente: yo no soy yo, soy ‘nosotros’. Somos muchos, la comunidad musulmana en Argentina, especialmente el pueblo alauita. Pero también los cientos de argentinos que han mandado solidariamente con nosotros ayuda. No fui yo, fue mucha gente conmigo, espiritualmente hablando, para dar fuerzas y llevar un mensaje de paz y amor, de nuestra Argentina, a la República Árabe Siria.

Quién es

Daniel Abbas es médico cirujano argentino, hijo y nieto de inmigrantes sirios musulmanes. Está casado, tiene 60 años y tres hijos. Es sheik (o sheij, jeque es una traducción habitual en el castellano) o guía espiritual de la rama alauita del Islam, en Argentina. El título equivale a sacerdote o pastor en el cristianismo. Ha estado a menudo en Entre Ríos por sus actividades religiosas.

En su vida profesional, Abbas es especialista en Nutrición; en Medicina del Deporte y en Obesidad y Trastornos de la Alimentación. Es miembro titular de la Sociedad Argentina de Nutrición y de la de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría. También es miembro fundador de la Sociedad Latinoamericana de Ateroesclerosis; docente universitario y conferencista en temas de sus especializaciones médicas.

 

Para entender la guerra en Siria

La Guerra en Siria es un conflicto bélico iniciado a principios de 2011. En esta guerra se enfrentaron en su inicio las Fuerzas Armadas de Siria del gobierno del presidente Bashar al-Asad, contra grupos armados rebeldes de diversa índole, conocidos en Occidente como la “oposición siria”. Luego aparecieron los yihadistas del Estado Islámico de Irak y el Levante – ISIS en inglés -, también conocido como Daesh (en árabe) o Estado Islámico. En la región oriental del país, hubo un alzamiento de población de origen kurdo que enfrenta tanto al gobierno como a ISIS.

Rusia, la República Islámica de Irán y los grupos políticos pro sirios de Líbano apoyan al gobierno. Arabia Saudita y emiratos del Golfo Pérsico abastecen de armas, dinero y hombres a los fundamentalistas. Estados Unidos y sus aliados occidentales de la OTAN, como Francia, Gran Bretaña, Italia o Alemania, tienen una posición ambigua. En un primer momento apoyaron la rebelión contra al-Assad; ahora, se oponen a ISIS, pero también bombardean posiciones del ejército sirio. Israel también interviene apoyando solapadamente a ISIS para debilitar a al-Assad, su enemigo histórico.

Rusia e Irán quieren sostener al gobierno sirio, Arabia Saudita busca eliminar ese régimen laico e instalar un sistema fundamentalista; Occidente quiere sacar a al-Assad del medio y no descarta la fragmentación del territorio sirio en dos o tres estados.

La guerra ha sido devastadora para la sociedad siria. Sin datos precisos, se habla de entre 300 mil y 470 mil muertos. Sobre 22 millones de habitantes que había antes del conflicto, más de la mitad han tenido que abandonar sus hogares. La mayoría son desplazados internos; casi 5 millones han huido a países vecinos. Una porción fue a Europa a través de Turquía y Grecia, formando parte de la crisis de refugiados que actualmente golpea a las puertas de la Unión Europea, uniéndose a la marea de refugiados de otros conflictos y países en crisis como Somalia, Yemen, Sudán del Sur, Irak y Afganistán.

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