Las ventas minoristas de los comercios Pymes finalizaron julio con una caída de 5,8 % en comparación al año pasado y acumularon así una baja de 3,2 % en los primeros siete meses de 2018 según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).
La baja en las ventas minoristas significó la mayor caída en 20 meses. El mercado de consumo acusó la caída en el poder adquisitivo.

Ventas mundialistas

El dólar más quieto, fue un dato positivo. De los 19 rubros relevados, “marroquinería”, “muebles”. “electrodomésticos y electrónicos”, fueron los más afectados por la retracción de la demanda.

En “electrodomésticos y electrónicos”, las ventas a precios constantes bajaron 8,1% frente al mismo mes del año pasado, mientras que en lo que va del año este rubro acumula una caída de 3,1% anual. Lo que más vendieron fueron televisores por el mundial, calefactores por el frío y teléfonos celulares.

Ayudaron las vacaciones

El 70% de los comercios cayó o se mantuvo sin cambios y sólo creció el 30% restante, siempre en la comparación interanual.

En “alimentos y bebidas” las ventas a precios constantes bajaron 3,7% anual y acumulan una caída de 1,5 % en los primeros siete meses del año. El Día del Amigo, amortiguó al sector, que vendió más que el año pasado, y también las vacaciones de invierno.

En “Indumentaria”, las ventas cayeron 4,8 % frente al mismo mes del año pasado y acumulan una baja de 4,2 % en los primeros siete meses del año.

Fue uno de los rubros más complicados, que debió salir a pelear mercado con bajas de precios de hasta 50 % a pesar de las subas aplicadas en la mercadería.

Por provincias

Las caídas más fuertes por provincias ocurrieron en Salta, Jujuy, Chaco, Tierra del Fuego, Catamarca, La Rioja, Santiago del Estero y en la Ciudad de Buenos Aires, con bajas mayores al 10 % en el promedio de los rubros.

En las vacaciones de invierno, viajó más gente que el año pasado y gastaron más de $21 mil millones, que ayudaron a frenar el impacto negativo. Sin embargo, se notó la menor liquidez en la calle, porque el gasto turístico se orientó a hotelería, gastronomía, transporte, cultura o recreación, postergándose para ello las compras de bienes como indumentaria, electrodomésticos, calzados, muebles, entre otros.

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