Luego de años de trabajo con distintas cámaras empresarias y otros organismos públicos, el INTI participó activamente en la aprobación de una nueva norma IRAM. Si un fabricante quiere hacer una ventana, el etiquetado le permitirá saber cuánto aísla y cómo se comportará en cada zona del país. Se procesaron más de 8 mil quinientos datos y se consideraron las condiciones climáticas de 18 ciudades argentinas.

Junto a distintas instituciones del Estado y el sector privado, el INTI tuvo un rol clave en la redacción de la norma IRAM 11507, tendiente a la eficiencia en el ámbito constructivo, referida al etiquetado energético de ventanas.

El INTI, a través de su Centro de Construcciones, fijó los lineamientos y parámetros centrales a fin de establecer las distintas etiquetas posibles de acuerdo a diferentes regiones de la Argentina. “Buscamos antecedentes, vimos una propuesta desarrollada por la Universidad de Dinamarca, que luego con ciertas modificaciones se transformó en una norma ISO en Europa, la 10077. La estudiamos y tomamos como ejemplo”, explicó Vicente Volantino, de INTI-Construcciones. El camino hacia la concreción de la normativa comenzó en 2012, cuando la entonces Secretaría de Energía de la Nación solicitó al subcomité de Carpintería de Obra del IRAM comenzar a trabajar en ese sentido.

Al momento de definir una metodología que sirviera de guía para el etiquetado, se tuvieron en cuenta dos ejes principales: la tecnología y el clima. El software Energy Plus, con el que trabajó el INTI, es un programa de cálculo de simulación energética que contempla ambas variables.

Los especialistas del Instituto consideraron 18 ciudades argentinas como referencia y simularon un modelo determinado de edificio, con una cierta cantidad de ventanas.

A su vez, teniendo en cuenta la diversidad climática de la Argentina, se dividió al país en cinco zonas: el NEA; el NOA y Cuyo; la zona central; casi toda la Patagonia; y, por otro lado, Tierra del Fuego. Hay un etiquetado particular para cada una de las cinco.

“Energy Plus se usó para llegar a encontrar las ecuaciones correspondientes a cada condición climática. Hubo que analizar hora por hora durante todo un año y con numerosas variables: cada ciudad, temperatura, radiación solar, velocidad y dirección de viento, magnitudes meteorológicas, entre otras. Se procesaron 8.760 datos”, precisó Volantino, quien destaca que “si un fabricante quiere hacer una ventana, el etiquetado permite saber cómo se comportará y cuánto aísla en cada zona”.

Magnitudes

En lo que refiere a tecnología, se toman en cuenta tres grandes aspectos: la infiltración de aire, que está relacionada a la hermeticidad de las ventanas y a las posibles pérdidas de calor a través de las juntas; la transmitancia térmica —es decir, la capacidad de transmitir calor del exterior al interior en verano y viceversa en invierno—; y el factor solar, que da la pauta de la captación de la energía por radiación solar, para saber cuánto se absorbe, cuánto se retransmite hacia el ambiente interior.

Todo ello, conjugado con las condiciones climáticas del lugar que se considere, da una evaluación energética de la ventana. Y cada una tiene doble calificación: de calefacción y de refrigeración.

Conocer las características tecnológicas a partir de las tres magnitudes mencionadas —infiltración, transmitancia térmica y factor solar— es fundamental: ese camino inicial requiere ensayos que se hacen en el INTI, a fin de conocer la aptitud física y mecánica de la ventana. Como se dijo, para obtener una etiqueta, previamente debe superar un piso mínimo de requisitos: mínima infiltración de aire, bajo nivel de filtración de agua y que la acción del viento no genere deformaciones. Una vez que aprueba todo eso, se pasa al etiquetado.

Mientras tanto, el Ministerio de Energía está trabajando en un aplicativo que permitirá que cualquier fabricante pueda, si lo desea, cargar las variables y conocer qué etiqueta corresponde en cada caso.

La aplicación de la norma es voluntaria, no obligatoria, pero de todas formas puede adquirir valor comercial y representar un salto de calidad o un diferencial si los consumidores valoran la información que se desprende según la etiqueta que corresponda.

Además del INTI y, lógicamente, del Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM), participaron de la elaboración de la norma la Subsecretaría de Eficiencia Energética, dependiente del Ministerio de Energía; el Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); la Cámara Argentina de la Industria del Aluminio y Metales Afines (CAIAMA); la Cámara del Vidrio Plano y sus Manufacturas (CAVIPLAN); la Asociación Argentina del PVC (AAPVC); el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU); el Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires (CAPBA); empresas extrusoras de perfiles para carpinterías y firmas relacionadas con accesorios utilizados en las ventanas.

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