¿Hay relación entre las tribus urbanas y las patologías alimentarias? ¿Cómo se entrelazan los problemas referidos a la comida con estos grupos de pertenencia? Aunque parezcan temas que corren por separado, hay distintos puntos de conexión que pueden ayudar a empeorar algunos síntomas.

Las tribus urbanas se han puesto de moda y ganaron notoriedad en los noticieros cuando surgían algunas discusiones entre ellas. Lo cierto es que son grupos de jóvenes que comparten costumbres culturales, sociales y una ideología que los une. Se identifican por su vestimenta y estética, marcando así la diferencia con el resto de la sociedad. En nuestro país hay muchos: los punk, los dark, los góticos, los skaters, los cumbieros, los del hip-hop y más.

Pero, el llamado de atención llegó con dos grupos relativamente nuevos en comparación con las otras tribus. Se trata de los Floggers y los Emos, y en ellos se evidencias las patologías alimentarias.

Mientras los Floggers nacieron con el auge de los Fotolog (páginas para mostrarse a través de fotos, algo muy utilizado por jóvenes que van desde los 12 a los 20 años), los Emos se juntan detrás de llamarse más sensibles, rechazando a todo el mundo adulto, incluyendo los padres. Los primeros usan ropa de colores fuertes, pantalones chupines, zapatillas de marca y el flequillo que les tapa la cara. Por su parte, los segundos lucen vestimenta negra, se maquillan exageradamente los ojos y con el pelo ocultan su rostro. Estos últimos tienen la particularidad de que tienen ciertas acciones agresivas contra su propio cuerpo, como ponerse piercings, cortarse la piel, fantasean con suicidarse y se atan a emociones de sufrimiento y descontento.

Estos adolescentes están atravesando la etapa de saber quiénes son y cuál es su lugar en el mundo, y para ellos el aspecto es una de las claves que los llevará al éxito y ser aceptados por su tribu. Y, en la actualidad, la belleza y la salud están asociadas con la delgadez, una cualidad que Emos y Floggers también cultivan, los dos grupos que están basados en su estética. Esto último se reafirma y se abre a la sociedad en general cuando se declara que la tercera enfermedad crónica más común entre los adolescentes es la anorexia.

Esta patología nace cuando las personas se ven gordas y con la obsesión de ser delgadas como timón van dejando de comer. Parte del trastorno radica en que no detectan esta actitud como una enfermedad. Incluso, en los casos más severos pueden hasta dejarse morir de hambre.

En la Argentina, según un estudio realizado por Aluba, 1 de cada 10 adolescentes mujeres de entre 14 y 18 años sufre algún tipo de trastorno alimentario. Además, entre 2000 y el 2010 crecieron de manera alarmante las patologías alimentarias entre los jóvenes varones, que pasaron del 2 al 10 por ciento.

Mirarse con atención

Los criterios de belleza actuales, que son difundidos por los medios de comunicación y seguidos por los grupos sociales sin objetar nada, hacen que los adolescentes se vean más gordos de lo que realmente son. Entonces, buscan bajar de peso de muchas maneras, entre las que figuran: comer cada vez menos, consumir pastillas para adelgazar, diuréticos y laxantes. Los varones, además, se sobreexigen en la actividad física y con bebidas energizantes.

Todas estas acciones las realizan en pos de formar parte del grupo social que los identifica y se van estimulando unos a otros para lograr o mantener la imagen deseada.

Por todo lo dicho, es fundamental los adultos permanezcan cercanos a los jóvenes para que no lleguen a estar en situación de riesgo y deben estar atentos a los posibles indicadores de trastornos.

 

Por la Dra Mabel Bello, directora de la Asociación de Lucha Contra la Bulimia y la Anorexia

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