Por Jorge Majluff (*)

La historia comenzó hace mucho, no sabría con precesión cuando, pero creo que empezó a acelerarse en agosto del 2015 (después de las PASO). Confluyeron la acumulación de una serie de eventos (aumento en la sospecha de actos de corrupción, elecciones polémicas en Tucumán, saturación de un estilo, inflación que no daba indicios de ser controlada, economía frenada) que terminaron por formar las primeras marejadas de la “ola amarilla”.

Ballotage consumado, Presidente Macri ungido por la voluntad del pueblo, empezó una nueva etapa en la Argentina. Un hecho significativo por donde se lo mire, un no político, ni radical ni peronista, al Sillón de Rivadavia. Desde una visión más amplia, pasamos de una situación de “partidos dominantes” (PJ), a un “incipiente bipartidismo imperfecto”.

La esperanza y el optimismo se apoderaron por entonces de buena parte de los argentinos. Desde mi convicción como analista de opinión pública, esa situación se parecía mucho a como decía la canción de Os Paralamas; “El arte de vivir con fé y sin saber con fe en qué”.  Esta percepción me surge no de la simple observación, sino de la aplicación de distintas herramientas de investigación (focus group, entrevistas en profundidad, encuestas, etc.). Como resultados de esas prácticas,  por aquel entonces, había dos factores en común: la fortaleza del Gobierno de Cambiemos era el espanto del pasado, y la fuerte esperanza de que las cosas iban a cambiar porque…, porque…, porque…  , decían los entrevistados, encuestados o panelistas de los focus.

Post segundo semestre del 2016 (primer exitoso pedido de oxigeno de Macri al país), los humores empezaron a modificarse. Hubo una leve desilusión por la no llegada de mejoría en lo económico (al contrario), pero de ninguna manera hubo una quita en el apoyo a su gobierno. “Hay que darle tiempo”, “hay que apoyar”, “ya va a venir la mejoría”. Ese apoyo era tan claro como unánime.  Los primeros esbozos del reciente triunfo, se mostraron en estas señales, ese apoyo, en ninguna caso era manifestado a corto plazo, de mínima era a mediano o largo plazo (más de 1 o 2 años).

Llegaron las PASO 2017, se acentuó levemente esa desilusión (esa tenue curva no se detuvo hasta entonces) y se mantuvo el apoyo sólido. Los resultados eran cantados, ante la dicotomía de Macri si / Macri no, ganó la primera de esas opciones. Como ha pasado siempre, del 83 a esta parte, las elecciones de medio término son un plebiscito al Gobierno Nacional, en este caso, más exactamente, en términos de apoyo o no apoyo, más que de aprobar o desaprobar.

Se ha intentado muchas veces provincializar o municipalizar las elecciones, según la valida conveniencia, pero una vez más queda claro, el electorado vota lo que quiere, no lo que quieren los políticos.

El 14 de agosto, con los globos amarillos bien arriba, empezó a escribirse un nuevo capítulo de la ola amarilla, parecido a los anteriores, pero con olas más grandes. “La muerte mejora las personas” daba a entender Borges, los triunfos pareciera que también. A la efervescencia que da toda victoria original, se le sumó una sensación de leve mejoría en lo económico, por una parte del electorado y consecuentemente una valoración de la gestión presidencial en un tono más positivo, todo más amarillo.

Nuevamente los resultados de las elecciones generales de octubre, eran previsibles en cuanto a que el país se iba a teñir de más amarillo que en las PASO, solo restaba saber, cuanto más.

En Entre Ríos, el triunfo de Cambiemos fue por un amplio 15% de diferencia, algunos comunicadores afirman que “se nacionalizó la elección”; en lo personal, creo que no se puede nacionalizar lo que es nacional. La decisión del voto, de hecho es multi motivacional pero lo grueso de esa decisión pasó indiscutiblemente por lo nacional (Macri). Lo provincial, la gestión del Bordet, poco y nada de influencia (dato anecdótico, octubre 2017 encuentra al Gobernador en su mejor momento de imagen positiva, 61%). Tampoco lo municipal, en donde municipios presididos por Intendentes exitosos y con buena imagen del PJ, fueron derrotados por Cambiemos con enormes diferencias, caso Piaggio en Gualeguaychú, y mucho más claro, Lauritto en Concepción del Uruguay.

Apuntalando aún más este aspecto, en Intendencia “no aprobados” por las encuestas, por caso Varisco en Paraná, su partido Cambiemos gano por 18% de diferencia; u otro ejemplo positivo para Cambiemos, el joven Intendente de La Paz, que cuenta con un niveles de imagen y valoración de gestión muy altos, apenas pudo imponerse por 1%, mucho menos que la media provincial de 15%.

Lo que viene en lo nacional es un gobierno con los pulmones lleno de aire, las Cámaras legislativas mas complacientes, pero sin mayoría, mucho apoyo externo e interno, y optimismo en su máxima expresión, todo el camino allanado para aplicar las políticas que pretendan aplicar.

En lo provincial y lo municipal, antes de estas elecciones el diagnostico era; si hacen una buena gestión, valorada por la gente, habrá continuidad, de lo contrario buscaran otros capitanes que manejen los navíos. Después de los comicios de octubre, con el impactante resultado, eso no cambió ni en una gota.

 

(*) Director de Grupo Mercado. Diplomado en Investigación de Mercados (Universitat de Valencia)

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