Victoria.- La actividad de langostas ha generado preocupación en varias provincias, en principio porque el año pasado ingresaron a la Argentina desde Paraguay y atacaron cultivos del norte del país.

“Hoy la superficie de vigilancia es muy extensa, abarca ocho provincias y unos 400.000 kilómetros, y tenemos un mapa que muestra las zonas afectadas. Hace más de 60 años que no veíamos una explosión poblacional como la de ahora”, advirtió Héctor Medina, coordinador del Programa Nacional de Langostas y Tucuras del Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria (Senasa). Se declaró la emergencia fitosanitaria hasta agosto de 2019.

El experto del Senasa precisó que en Chaco y Santa Fe el nivel de infestación es bajo, pero en el NOA –Salta, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero– la presencia de langostas voladoras es elevada; y en el centro del país se registra un nivel medio de infestación en Córdoba y preocupa la posible dispersión hacia otras provincias de la región.

Con el objetivo de contener su avance y evitar la formación de mangas que migren a otras zonas productivas del país, el Senasa declaró la emergencia fitosanitaria. “El anuncio difundido en agosto de 2017 prevé que la plaga va a seguir, al menos, hasta agosto de 2019. Es un problema que no se va solucionar de un día para el otro”, reconoció el coordinador del programa.

Es un insecto que se caracteriza por su gran facilidad para migrar de un sitio a otro y se reproduce muy rápidamente. “En el mundo, cada 15 o 20 años se dan condiciones que favorecen el crecimiento exponencial de estas poblaciones. El clima tiene un rol central”, explicó.

Las langostas pusieron muchos huevos en el sur de Córdoba durante octubre y desde principios de enero están atacando el maíz. Esto genera preocupación en la Región Centro  de la que forma parte nuestra provincia junto a Santa Fe.

Condiciones favorables

En la nota publicada en Clarín, Eduardo Trumper, especialista en manejo de plagas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) e integrante del comité interinstitucional de crisis por emergencia de la langosta, indicó que el invierno con temperaturas medias elevadas y con precipitaciones más frecuentes que el promedio histórico contribuyeron a que las langostas adultas anticipen la interrupción de su letargo invernal y reinicien su fase reproductiva.

De esa manera, pueden dispersarse a otros territorios y evitar la competencia por el alimento. “Con viento a favor, una manga de langostas puede moverse hasta 150 kilómetros en un día”, destacó Trumper.

Como es un problema que depende de múltiples factores, el comité interinstitucional de crisis por emergencia de la langosta comandado por el Senasa advierte sobre la necesidad de realizar el monitoreo permanente de los lotes y denunciar la presencia de langostas lo antes posible a los organismos involucrados.

El control de la plaga se debe hacer con la mayor premura además de realizar la correspondiente denuncia ante los organismos de control sanitario.

También afectó nuestra zona

Teníamos conocimiento que nuestra provincia, y en particular la zona de Victoria, se vio invadida por la langosta entre las décadas del 40 y 50. En virtud de este antecedente hablamos con hijos de productores para saber qué habían recibido de las generaciones precedentes con respecto a este tema.

Entre los elementos usados en la lucha contra las langostas a través de los años, estuvieron las chapas metálicas que se utilizaban como barreras para evitar el paso de las langostas en su etapa de saltonas.

En las publicaciones a las que accedimos explican que el método, utilizado en otros lugares del mundo, fue introducido por los ingleses que las fabricaban y vendían a los países donde las langostas eran una plaga.

Estas “chapas barreras” como comúnmente se las llamaba,  tenían unos 50 centímetros de alto y permitían proteger los cultivos y detener el avance de las langostas en su periodo de saltonas. Se colocaba a los costados de los campos de cultivos por donde invadía la langosta cuando regresaban del sur a donde iban a desovar. Lo ideal era colocarlas conjuntamente con otros agricultores para así cubrir una mayor superficie de contención. Estaban entrelazadas por aros o ganchos que se tenían que vigilar en forma permanente porque si saltaba una de estas sujeciones representaba el ingreso de los insectos a los cultivos.

Otro octogenario comentó que siendo joven recuerda la invasión en su casa, se oscureció el cielo, el sol aparecía amarillo por la cortina que formaban las langostas, la gente se encerraba en las casas y después que pasada el ataque quedaban los arboles sin ninguna hoja. Algunos afirman que a los paraísos, por ser amargos, no los tocaban.

Para instalar la barrera previamente se limpiaba el terreno en franjas de un metro y allí se aseguraba las chapas con estacas, tratando de formar corrales cada 100 metros, según la magnitud de la invasión.

Quema

Después quedaban los insectos muertos en proporciones impresionantes y cada productor tenía sopletes que accionaban con combustible y permitía quemar esos lugares hasta que quedaban limpios. Uno de los consultados comentó que todavía en su casa se guarda un aparato de este tipo.

También había un encargado o responsable de coordinar las tareas en cada ciudad, según comentaron, y eran los encargados  de realizar campañas, dar indicaciones y vigilar si las acciones se llevaba a cabo como aconsejaban los organismos de contralor. Todo esto pasaba en Victoria.

DDT

Se realizaron campañas de fumigación durante la gestión de Perón en el año 1953 y fue con la aparición del DDT que la plaga pudo ser controlada por completo.

Después de 64 años, nuevamente tenemos la amenaza de langostas en el país con el agravante de que ahora la implantación de los cultivos es muy costosa y cualquier ataque de este tipo generaría pérdidas millonarias.

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