Una persona dijo:

– “Ojalá salir de la depresión sería tan fácil como caer en ella”

¡Claro que no es fácil! Empatizo con vos si estás así, o con cualquier persona que lo esté padeciendo.

Seguramente requiere de esfuerzos que crees no tener, tal vez pensarás que no servís para nada o que nadie te quiere ni valora en este mundo.

Seguramente le perdiste el interés y gusto a todo aquello que con anterioridad disfrutabas; sentís desgano y no encontras esperanzas en nada.

Quizá hasta incluso, no podes dormir a causa de los pensamientos que abruman tu cabeza y no podes controlar, lamentándote por aquello que fue, que paso o por quién eras. Y cuando logras dormir, dormís más de la cuenta.

Seguramente, tu aspecto físico demuestra tu estado por dentro, a pesar de las sonrisas que mostras, tu ánimo está tan bajoneado que tu cuerpo lo evidencia, sin ganas de arreglarte, y tal vez perdiendo o aumentando el peso.

Puede que hasta te cause dificultad tomar una decisión, concentrarte en realizar alguna actividad o realizar un trabajo.

Y quizá, sentís que no querés seguir así, de esta manera; que no hay vuelta atrás, y que no le encontras solución.

Te animo a muchas cosas…

En primer lugar, si tu estado de ánimo es tremendamente molesto y posiblemente peligroso, si te sentis perturbado gran parte del tiempo… busca ayuda profesional.
Segundo, rodeate de personas que no alimenten tus pensamientos negativos y depresivos, con quienes no se lamenten con vos por las cosas que has perdido, cambiado y dejado… con alguien que no puedas continuar “rumiando” en voz alta.

Tercero, el Dr. David Burns, quien ha condensado años de investigación en la Universidad de Pensilvania sobre las causas y los tratamientos de la depresión, sostiene que debes aprender a reconocer los pensamientos auto-críticos que pasan por tu mente, “sepa que esos pensamientos no son reales y practique respuestas para esos sentimientos para desarrollar un sistema de auto-evaluación más realista”. Reemplaza el pensamiento que hizo que te sintieses infravalorado por otro más objetivo que lo desmienta.

Cuarto, muy probablemente se trate de un desequilibrio químico, pero no es algo que no se pueda solucionar sin medicación… podes incluso buscar una sola actividad, por más pequeña que sea, para encontrarle el gusto o interés a lo que antes te hacía tan bien. Planifica tu día y asegúrate de desarrollar un programa equilibrado que incluya actividades de recreo agradables, así como también de trabajo. Evita actividades que estén asociadas a niveles menores de satisfacción.

Quinto, ¿qué aparece primero, la motivación o la acción? No es la motivación lo que va primero, sino la acción. Quizá esperaste sentirte con ánimo antes de ponerte a hacer algo. Como no tenes ganas de hacerlo, automáticamente lo pospones. Tu error estriba en que crees que primero viene la motivación y que después conduce a la acción y al éxito. Pero por lo general, es al revés: la acción debe venir en primer lugar y la motivación aparece más adelante.

Recorda que, aunque fracases, podes sacar algo bueno de esa experiencia. Después de todo, así es como aprendiste a caminar.

A modo personal:

Tenes un valor ENORME, ese valor se encuentra en Cristo. Vales mucho, porque dio Su vida por vos. El Padre te conoce desde antes de que fueses formado en el vientre de tu madre, entiende cada emoción y pensamiento que tienes. No estás solo/a.

“Clamé: ¡Me resbalo!, pero tu amor inagotable, oh Señor, me sostuvo. Cuando mi mente se llenó de dudas, tu consuelo renovó mi esperanza y mi alegría”
Salmos 94: 18-19

 

Gartner Noelia Daiana, Lic. en Psicología. MP 2017

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