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La psicóloga Luciana Pach dialogó con Paralelo 32 sobre el duelo como sentimiento y proceso muy extendido en las personas cuando viven de forma traumática una pérdida: el fallecimiento de un ser querido, una partida, el final de una relación de pareja, o una pérdida irreparable. La profesional, que disertó sobre el tema en un encuentro organizado en la parroquia San José hace algunas semanas, señaló que su análisis del duelo parte de una mirada integradora. “La persona que sufre un duelo por una pérdida, no solo tiene una pérdida emocional, no sólo es un trabajo intrapsíquico que la persona hace. Tiene un desajuste a todo nivel: físico, social, familiar, laboral. Vamos a diferenciar un duelo anormal y un duelo normal. Al duelo anormal se lo suele llamar patológico, pero eso me suena muy fuerte”.

–  ¿Qué es un duelo normal?

— Un duelo normal implica tener un proceso donde uno va sintiendo diferentes emociones. Primero, hay una negación: uno dice ‘esto no me puede estar pasando a mí; no es justo para mí’. Allí estamos arrancando en la ira, el enojo, la bronca. La persona muchas veces no es consciente de este proceso, pero va transitándolo. Después, aparece la negociación: ‘por qué no a mí’. Ahí comienza la etapa de la depresión. La persona entra a deprimirse un poco. No es un trastorno depresivo…

–  Estamos dentro de lo normal…

— Claro, no es anormal; estamos dentro del proceso normal. Después se pasa a la aceptación. Es importante que la persona tome contacto con sus emociones. El taller se llama: ‘Duelo, proceso, contacto’. El duelo es este mecanismo que he descripto, el proceso tiene que ver con las diferentes etapas que atraviesa el duelo; el contacto tiene que ver con la capacidad que tengamos de sentir o no. Así de simple.

–  ¿Puede no haber duelo porque no sentimos?

— Exacto. Eso es una desconexión. Ahí, ya pasamos a otro plano, ya no es un plano normal. Es como una anestesia. Ahí hay un problema, porque cuando uno no tramita un duelo normal, pasamos a la anormalidad. Que está asociada con un duelo crónico, permanente…

Afecciones físicas

–  ¿El duelo crónico va pasando por todas las etapas, o hay otro problema?

— Lo más probable es que el duelo esté asociado a afecciones físicas…

–  ¿Psicosomático?

— Más o menos. MI mirada es integradora. Lo psicosomático, desde donde yo veo las cosas, divide la psiquis por un lado y el soma, el cuerpo, por otro. Pero la cuestión está en entender que por algo que me pasa emocionalmente sufro afecciones físicas y no las relaciono con el duelo. Ahí es donde no hay contacto. Por ejemplo. Se muere un hijo. El progenitor sufre muchísimas alteraciones físicas, por ejemplo, la fibromialgia, que hoy está en boga. Es un dolor generalizado en el cuerpo, la persona se vuelve espástica, ‘dura’, y no relaciona esa situación con el duelo. Me pasa mucho en el consultorio. Hay personas que llegan con fibromialgia y no captan que tiene que ver con su emoción.

–  Ahí hay una disociación con la historia previa que ha sufrido…

—  Y la pérdida de contacto. Este es un concepto que han trabajado los autores: el contacto de mi ser con la emoción que generó la situación. No es el contacto con la situación en sí misma, sino con la emoción que emergió de la situación. Por ejemplo, un accidente, que tiene relación con amigos, un familiar, o conmigo. Primero, lo más probable es que me dé un shock emocional, que esté como en las nubes, como que no entiendo nada, como que estoy muy confundido. Pero después debería poder ir pasando por este tipo de mecanismo; cuando no logro eso, paso al duelo anormal, que puede ser ‘crónico’, ‘no resuelto’, ‘retrasado’ o ‘exagerado’. Son tipos de duelos anormales. Con la intensificación del duelo, la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas, permanece en el mismo estado. No puede avanzar…

–  ¿Se quedó el alguno de los cinco estados?

—  No hizo el proceso, y pasaron años. Por ejemplo, esos padres que hace doce o quince años se les murió el hijo y uno los ve siempre iguales. Duelo no resuelto. Es como que no hay aceptación. Porque aceptar, no significa olvidar, no significa que no haya sido importante, que no haya trascendido como algo fuerte en mi vida…

La culpa

–  ¿Hay algo de culpa en esa no aceptación? ‘Si no lo tengo presente siempre, parece como que no era tan importante’

—  Sí. Y tal vez no haber podido resolver de otra manera. Por ejemplo, con los familiares enfermos. Plantearse ‘¡¿cómo no hice tal cosa?! ¡¿Cómo no lo llevé a Buenos Aires o no busqué tal droga, cómo no busqué otro médico, como no hice algo antes que se vaya?!’ Eso también aparece mucho. La culpa de no haber actuado diferente en su momento. Pasa mucho con los pacientes con cáncer. Inevitablemente, a pesar de saber el diagnóstico… Ahí hay un tema particular porque los familiares de un paciente con cáncer viven un ‘duelo anticipado’, se le llama. Es diferente a todos. Uno va haciendo el duelo a pesar que la persona esté viva.

–  ¿Eso puede ser positivo?, teniendo en cuenta que cuando se produce el desenlace uno ya lo estaba esperando.

—  En algún punto, sí. Por ejemplo, con familiares que tienen abuelitos muy viejitos, hasta el velorio es distinto ya. ‘Y bueno, ya era viejito’. Hay una resignación. Se habla que lo más difícil de resolver es el duelo por pérdida de hijos, y el duelo por pérdida de la pareja. No tanto la muerte, sino la separación, el divorcio. Puede ser una separación unilateral. No es que los dos se quieran separar, sólo hay uno que se quiere separar. No es lo que pasa habitualmente, pero cuando sucede de esa manera, a la persona le cuesta mucho más salir del duelo. También hay otro duelo: ‘duelar’ lo que no fue; lo que yo quise hacer de mi vida y no hice. Lo que no logré, lo que no tuve, la carrera que no seguí. Tal vez, tuve un novio y no lo supe ver en ese momento, después se fue. Y después lo veo bien.

–  ¿Todas estas cuestiones pueden llevar a un duelo anormal?

—  No siempre. Duelar lo que no fue es esperable. Hay que ayudar a la persona a trascender las etapas. Es un duelo, puede ser normal o anormal; hay que ayudar a la persona a llevarlo por el proceso normal.

Resentimiento y frustración

–  ¿Qué pasa con la gente resentida, que hoy aparece tan a menudo el resentimiento? ¿Tiene algún tipo de duelo? O es otra historia.

— Por ahí, no sé si hablar de resentimiento, o es frustración. La persona resentida en el fondo está frustrada.

–  ¿El duelo no tiene que ver con la frustración?

—  No sé si no tiene un duelo por una frustración. Estamos hablando de casos universales. Me parece que sea tan así, parece muy enredado. Si me habla de resentimiento, es porque la persona está frustrada. La frustración es un proceso más duro, del que es difícil salir. La persona frustrada puede tener más dificultad para salir de ahí que del duelo. La frustración está más asociada al fracaso, al no haber podido hacer cosas… Pero del fracaso puedo salir intentando de nuevo. Pero la frustración es un estado, es como sentirse depresivo o sentirse melancólico. Es sentirse frustrado. Y está más asociado con el resentimiento. Y me da la sensación con el enojo, la ira. Muchas veces la frustración está asociada con nuestros métodos de crianza. Con lo que no nos han podido dar nuestros padres.

Terapias diferenciadas

–  La actividad terapéutica no es similar cuando el profesional encara una persona con duelo normal que cuando detecta un duelo anormal.

—  No. Por ejemplo, puede ser el caso de una persona que va a dejar un trabajo, porque la tratan muy mal. Está de licencia y no quiere volver a su puesto, busca un lugar nuevo donde ir a trabajar. La persona está llorando por eso. Fue pasando por la negación, ‘no puede pasarme esto a mí’. Luego estuvo enojada, y así. Ahora, llora. Le falta aceptar. La persona no necesita estar en un lugar donde se siente mal. A menos que se crea merecedor de lo que sucede y ahí entramos en el duelo anormal. ‘Yo creo que me lo merezco y merezco estar mal’, dice. Chau, olvidate que va a hacer un proceso.

–  ¿Qué suele ocurrir cuando hay un duelo anormal?

—  Lo esperable es que se busque la ayuda farmacológica. Porque ya el proceso está asociado con otras cosas, puede haber depresión más permanentemente. Si pasaron 15 años, y ‘nos seguimos acordando por vos, rezando por vos’. Ya es un duelo anormal.

–  Esos duelos anormales afectan toda la vida cotidiana.

—  Sí, el duelo anormal en todo nos afecta. Hay un duelo exagerado, donde aparecen las enfermedades y ya pasó al plano físico.

Tiempos para el duelo

–  ¿En qué punto la persona hace ‘click’ y en vez de encarar un duelo normal, termina en un duelo anormal?

— Más que nada está relacionado con los tiempos. Si pasan más de seis meses y uno no puede salir de estar demasiado angustiado. La negación pasa rápido, porque la realidad a uno lo choca inmediatamente. La persona fallecida no está más en la casa y se nota. A menos que uno tenga un grave trastorno psiquiátrico, ya estamos en el horno. Tampoco dura mucho la ira. Está enojado con todo el mundo, está enojado con los médicos, quiere hacer un juicio de mala praxis, por ejemplo. Y después, se empiezan a terminar los recursos. Tienen mucho que ver los tiempos, aunque yo no soy muy amiga de analizar por los tiempos, porque todos somos seres individuales y muy particulares cada uno…

–  Pero hay promedios.

—  Sí, hay promedios. El duelo retrasado. Falleció el hijo, pasaron cinco años y recién ahí se da cuenta, como que le ‘cae la ficha’. Quizás sea un ejemplo muy drástico. Pero hay otros casos donde es más habitual el duelo retrasado, como cuando se pierde el trabajo. La situación por la pérdida del trabajo le llega tarde. Ahí está la cuestión entre el duelo normal y anormal. Generalmente, los duelos anormales o patológicos no hacen mucha consulta. Suelen pensar ‘me tuvo que pasar, nadie me lo va a devolver’. No hay mucha consulta o búsqueda de profesionales para ayudar. A menos que un médico lo mande a consulta. Pero el paciente traído es el que más antes se te va. Es fija. ‘Yo vengo porque me manda mi mujer’, empieza diciendo y seguro que pronto va a dejar de asistir a las consultas. Es una realidad. En cambio, el que viene por voluntad propia, sabe que no está pudiendo resolver las cosas.

–  En su trabajo cotidiano atiende muchos casos de duelo?

—  No son puntuales. Vienen por otro problema, pero en el transcurso del tratamiento va surgiendo el duelo. Un caso típico es la paciente que no puede tener hijos. Muchas veces terminan creyendo que ya no van a tener y están ‘duelando’ lo que no fue. La paciente ‘mató’ la posibilidad de tener hijos. Normalmente, no vienen por el duelo en sí. También con el tema de suicidios. Se da el caso de personas cercanas a un suicida, con mucho contacto y relación en vida. El paciente viene a charlar de otras cosas, pero el suicidio está ahí, tratando de surgir en la consulta. Si quien llega es un adolescente, hay que tener más cuidado. Porque es muy lento, es un trabajito delicado.

–  ¿El suicidio tiene mucho peso en la vida de los que quedan?

—  Cuando aparecen personas con una historia de autodeterminaciones, de suicidio en su entorno, es un rasgo a tener muy en cuenta para la terapéutica. Normalmente, hay familias con determinados rasgos, a nivel epigenético, o a nivel neurofisiológico. Las conexiones que hace nuestra cabeza a nivel neuronal pueden llevarnos a tener determinadas conductas, determinados afrontamientos, determinada capacidad de afrontar, de dar respuesta a ciertas situaciones. El duelo está relacionado con nuestra capacidad de afrontamiento. El duelo es un proceso interno de adaptación a la realidad y la capacidad de respuesta va a ser normal o patológica, anormal.

Sentimientos negativos

–  Si una persona está con determinado sentimiento con ira, negación, depresión, que forman parte del proceso de duelo, de todos modos, ese sentimiento aislado no implica necesariamente un duelo.

— No, por supuesto. Son etapas que forman parte del proceso de duelo. Pero, por ejemplo, tengo ira, pero puede ser por otra cosa, no porque esté transitando un proceso de duelo. En la presentación de este tipo, acostumbro armar trabajos prácticos con los asistentes para que surjan situaciones, porque los que van a una charla de este tipo, por algo lo hacen. Cada uno va a poder pensar algunas situaciones que crea que están interfiriendo con su vida cotidiana, con alguna pérdida que crean que hayan sufrido. Puede haber pérdidas de diferente tipo, de trabajo, por fallecimiento, de pareja…

–  ¿Una pérdida patrimonial por crisis económica también puede generar duelo?

—  Claro que sí, porque es la envestida que el yo hace del objeto. La energía que le puso la persona en el vínculo con eso que pierde. Yo invisto esta lapicera. Cuando la lapicera no está más, tengo que quitar la energía y volverla hacia mí. Investir es un término psicoanalítico. Al quitar esa energía y volverla hacia mí, ahí radica la cuestión. ¿Dónde pongo la energía cuando la persona o el objeto no están más? Si pongo la energía en el alcohol, en la comida. Si la pongo en destruirme o en seguir adelante, dándome un tiempo para pasar la situación. Eso tiene que ver con el vínculo que tenía con el objeto o la persona que perdí.

Quién es

Luciana Pach es licenciada en Psicología recibida en la Universidad Nacional de Córdoba. Su especialidad es la Psicooncología, el apoyo y abordaje psicológico a personas que padecen cáncer. También desarrolla terapias del abordaje corporal reichiano, a partir de las teorías del psicoanalista Wilhelm Reich; además, realiza pericias psicológicas forenses en la Justicia.

Está casada y tiene un hijo. Vivió 15 años en Córdoba donde desarrolló actividad profesional y docencia universitaria en la Facultad donde estudió.

La terapia

–  ¿Cómo ayuda a trabajar el duelo en una terapia?

—  Lo fundamental es expresar la emoción.

–  ‘Sacarlo de adentro’.

—  Claro. Ahí está el contacto. Que la persona se dé cuenta de lo que le pasa, es expresar lo que siente. El darse cuenta, es un término de la Gestalt (terapia psicológica, N. de R.). Cuando la persona se da cuenta, si tiene que llorar, llora; si tiene que enojarse, se enoja. Pero eso hace que sane. Lo peor es mantenerse hermético, creer que ‘esto no me afecta’. ¿Hasta dónde va a llegar con esa actitud? Muy cerquita, no va a ir lejos. Muchas veces las emociones no manifestadas se pasan al cuerpo. Ahí está el concepto de lo psicosomático. Se traduce físicamente lo que me afecta emocionalmente, y ni me entero. Me da gastritis, cefalea, me duele la espalda. Es porque ‘llevo una mochila’ que todavía no pude soltar que tiene que ver con no poder aceptar la realidad.

–  Hay culturas más ‘duelísticas’ que otras. Por ejemplo, ambientes urbanos, liberales y modernos versus ambientes rurales y conservadores. ¿Dónde se manejan mejor los duelos: en las grandes urbes donde nadie te conoce o en los pueblos donde parece que todos están pendientes de lo que vas a hacer?

—  No sé. No conozco a nivel teórico; pero puedo afirmar que vivimos en una sociedad ‘descontactada’, no se hace contacto. Es más, lo que vale es no contactar, porque ‘hay que seguir’, por ‘el qué dirán’. Además, los medios de comunicación, en vez de acercarnos, nos alejan. Eso también hace que perdamos el contacto y entremos en las falsas redes. El punto está en que cuando yo me alejo de vos, también me alejo de mí, porque somos seres sociales. Es el concepto de ‘coraza’ que describió Wilhelm Reich, de quien trabajo la orgonomía, que mira la cuestión energética.

Dolor y sufrimiento

–  ¿Qué otros componentes psíquicos aparecen asociados con el duelo?

—  Algo importante es diferenciar el dolor del sufrimiento. El dolor tiene que ver con una cuestión directa, real: ‘me duele que se haya muerto’, ‘me duele que se haya ido’, por ejemplo. El sufrimiento tiene que ver con una cuestión más optativa. Yo puedo estar dolida pero no sufriendo por eso, sin mucho padecimiento ni mucha victimización. ‘Yo me separé, eso me dolió mucho’, suele decirse, pero ‘ya pasó’. El sufrimiento es una actitud, está más asociado con una actitud que con el hecho desencadenante. Ya tengo una actitud sufriente: ‘acá viene la víctima’. Me parece que el dolor es más genuino. Si acepto que me duele, puedo hacer el proceso. Muchas veces, haber perdido la salud implica tener un duelo. A uno le pasan enfermedades y no es tan fuerte, o cree no ser tan fuerte. Muchas veces trabajo eso con mis pacientes: qué es la debilidad, qué es la sensibilidad, más que nada en el hombre. También permitirse el contacto, llorar, estar solo. No significa no salir más de la situación, al contrario, significa hacer contacto con el problema, para después resurgir, siguiendo el proceso de duelo normal.

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