La París de movilizaciones horizontales con chalecos amarillos

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Por Javier Cubillas (*)

Si algo le faltaba a la Francia de los cambios repentinos, en clave de alta conflictividad y revoltosa movilización por proclamas de mayor justicia social, es que nos encontremos sin claros referentes ni organizaciones fuertes, jerarquizadas o con cierta estructuración capaz de demostrar organicidad para reclamar a las autoridades en el espacio público, algo típicamente moderno y occidental.

Los reclamos que sábado a sábado se suceden y toman un tono cada vez más beligerante y abiertamente confrontativo no llevan colores azules o rojos, no son solo de derecha o solo de izquierda, no son solo antipolítico o solo anticapitalistas, más bien son todo lo contrario, como toda novedad que contraria lugares comunes.

Sus pecheras amarillas y sus reclamos amplios en tono de indignación y hartazgo nos muestran una combinación y amalgama todavía irresuelta que necesita darse a conocer e incluso transcender Francia. Al fin de cuentas, también es un reclamo contra políticas presuntamente pro establishment y antipopulares dirigidas hacia la lejana e inflexible burocracia supranacional de la comunidad europea.

Esa combinación, aún irresuelta y sin referentes claros, sin todavía una voz y jerarquía que ordene al amplio movimiento no es más que una muestra de la emergencia de lo que podemos denominar: movimiento horizontal. Este fenómeno novedoso propio de la pospolítica, posmodernidad o hipermodernidad (como quiera denominarse) que se encausa gracias a la coordinación de actos y comunicados que facilitan las redes de comunicación y que terminan por legitimar los medios gráficos, televisivos y radiales tradicionales, son heterogéneos, dinámicos y ambiguos en sus límites constitutivos.

Estos movimientos horizontales entonces tienen como finalidad reencausar y coordinar amplios reclamos —desde las fronteras y márgenes del ideario político— contra las agendas de gobierno que suelen encerrarse al escrutinio crítico. Reclaman por agendas públicas radicalmente diferentes aun cuando estas puedan incluso ser en sí mismas contradictorias (Ejemplo: baja de impuestos, baja de costos de combustibles, mayores becas estudiantiles, mayores coberturas en materia de salud, etcétera).

Hace unos años escribimos —tesis de grado en ESEADE— que en la Argentina ya las vivenciamos con distinto tenor como el #13S del año 2012, pasando por variadas marchas anticorrupción hasta la más relevante en los últimos años denominada #NiUnaMenos. Todas estas movilizaciones de reclamos amplios o más específicos, pero todas encausadas por redes sociales y por sobre ONG, partidos políticos y gremios (porque las superaban sustantivamente a todas si querían ser amplias e inclusivas) fueron muestras foráneas de estos fenómenos aglutinantes y relevantes desde lo político y comunicacional a la hora de exigir cambios a las tendencias del gobiernos de turno.

Aún no sabemos hacia dónde decantará este proceso abierto en Francia. ¿Es una primavera parisina? ¿Es un #15M a la española en el Arco del Triunfo? ¿Es un reflujo de esos momentos históricos o se inicia una instancia que los superará? Quizás también pueda no llegar a trascender institucionalmente al no ser más que sucesión de hechos de fuerza y hartazgo que nos encuentre con hechos violentos cada fin de semana, sin más.

Lo importante aquí para el análisis de política internacional es dar seguimiento al fenómeno movimientista de tendencia horizontal en recreación que expone a la novel administración de Emmanuel Macron a demostrar ya, ahora, que también es lo nuevo de la política europea pero con capacidad de resolver el conflicto de un modo exitoso, con baja intensidad, sin que el desborde y el caos vuelvan ser una postal denominada revolución a la francesa.

 

(*) El autor es analista de asuntos públicos, Fundación Atlas para una Sociedad Libre.

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