Ana María Balbi (*) está compilando y retrabajando información sobre la historia del Cine Teatro Victoria, y es que la sala de Alem 64 conforma el abordaje investigativo de su segundo libro (el primero fue sobre los benedictinos), del cual confiesa, le ha dedicado varios años, viajes, entrevistas y horas de cotejar hemerotecas y documentos de las más variadas fuentes.

Paralelo 32 es parte de esa bibliografía consultada por la investigadora, y en una de las visitas a nuestro archivo, aprovechamos para saber más al respecto. “El libro parte de los orígenes de este espacio a mediados del Siglo XIX, cuyo protagonista fue Fortunato Ferro, un inmigrante italiano que llegó con sus tíos a Victoria siendo muy pequeño”. Con el paso de los años, a la par de desarrollar su actividad comercial, decidió emprender esta tarea de mandar construir un teatro.

Es así que hacia 1860 mantiene un contacto epistolar con Justo José de Urquiza para ponerlo en conocimiento de su empresa, “poder consultar esa carta donde el propio Urquiza dio respuesta a través de un decreto, por ejemplo, ha sido posible gracias a la gentileza de las autoridades del Palacio San José”.

Del edificio

Aquella primera intervención –según Carlos Anadón y ‘Camucha’ Badaracco–, era en madera, no tenía techo y emulaba a un anfiteatro, “en verano no había mayores inconvenientes, pero la lluvia y el frío de invierno complicaban su funcionamiento, el interés en techarlo era manifiesto ya que aseguraría espectáculos a lo largo de todo el año”.

El Teatro siempre estuvo en el mismo lugar aunque la calle sí cambió de nombre (antes fue República), así lo consigna una guía comercial de 1918 que publicita el café y confitería ‘La Amistad’ que funcionó a la par del teatro en este espacio; además en su planta alta detentaba un hotel. “Fue un polo recreativo con un concepto de avanzada, en el que estaba muy presente la idea de la sociabilidad y la cultura”, precisó nuestra interlocutora.

En sus inicios con la impronta de Ferro y luego de la asociación con su yerno Enrique Pablo Trucco, lograron amalgamar durante muchos años un centro donde convivían el hotel, confitería, café, billar y teatro. “Tenemos algunas fotos de esto (esta mención involucra a su esposo con quien recorre decenas de lugares gracias a su apoyo incondicional), gracias a fuentes locales como el Museo Anadón y de Paraná como el museo histórico de Guillermo Saraví”.

Cartelera

En la búsqueda de los espectáculos y compañías que han desfilado por sus tablas, la entrevistada utilizó el libro que publicara Eduardo Lorenzo (Crónicas de mi pueblo), donde dedica capítulos a la historia del teatro y cotejó con varios periódicos foráneos, “había avisos en diarios de Paraná y también en diarios locales de los que se han guardado ejemplares en archivos provinciales”.

Hay que poner en contexto que la sala tenía todo el impacto que en esa época permitían los medios de comunicación y transporte. “Sí llama la atención que había cierta continuidad en la presencia de elencos, y a la par de otros teatros como el de Paraná, Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay”.

Y afirma, “Victoria formaba parte de un circuito de giras teatrales del mil ochocientos setenta y tantos por los principales centros entrerrianos, en razón que no podemos suponer que una compañía viniera exclusivamente a la ciudad”.

Otra particularidad amén de las compañías foráneas, era la marcada participación de elencos conformados por vecinos, “muchas de ellos surgidos de asociaciones carnavalescas y filantrópicas, si bien sabemos que ‘Los pobres iniciadores’ fueron los primeros, después hubo muchas otros que organizaban bailes de carnaval”.

Las crónicas de época precisaban con nombre y apellido lo convocante de los espectáculos, no sólo teatrales sino justamente del centro cultural de sociabilidad donde destacaba La Sociedad de Beneficencia que trabajaba fundamentalmente por y para el hospital de Caridad; también las primeras asociaciones católicas hicieron sus festivales allí y fue lugar de reuniones partidarias y/o mitins. “En definitiva, la línea que atraviesa toda la vida de esta sala, que iría incorporando al cine en su devenir (primero mudo con ambientación musical en vivo y luego netamente sonoro), tiene que ver con esa apertura, multiplicidad, sociabilidad y cultura. No sólo había un capital económico invertido en un edificio sino y fundamentalmente una mentalidad de apertura”.

Cada etapa marca ese polo de manifestaciones diversas y los vaivenes a los que se ve expuesto el edificio de Alem 64, al punto que debió someterse al remate.

Otra familia

Tras el remate fue adquirido por Clotilde Firpo de Reggiardo y sus hijos Juan Bautista y Ernesto, quienes tendrán un protagonismo manifiesto, “En plena crisis del ’30 deciden refaccionarlo para recuperar su esplendor y acuden a la empresa de Angel Balbi. En octubre de 1932 se reinaugura con las características del que conocemos hoy”.

Los Reggiardo continúan como propietarios hasta 1963, en cuyo proceso, el avance del cine también obligaría a actualizar la tecnología de proyección y sonido de la sala. En esta etapa también cobran preponderancia las compañías radioteatrales. “Existe una decisión clara de sostener esta apuesta que coincide con la época de oro del Cine, donde todos los estrenos nacionales e internacionales pasaron por la sala del Cine- Teatro Victoria”.

Además, son importantes las funciones de matiné a lo largo de las décadas del ‘30, ’40, ’50 y parte del ’60.

_ ¿Pensando el contexto, de qué manera afectaron esa continuidad cinematográfica las dos guerras mundiales?

_ Con la primera guerra mundial todavía estaba vigente el cine mudo pero el impacto del conflicto no se manifestó en la magnitud que lo hizo la segunda, en la producción nacional que hasta ese momento venía creciendo notoriamente, la principal razón del descenso en la industria se dio por serias dificultades en conseguir la materia prima (celuloide).

_ Y en el caso de la política, ¿qué lectura se puede hacer de la utilización de este recurso?

_ Ante el faltante de celuloide, se da un marcado apoyo desde el gobierno de Perón, es allí donde hay una recuperación numérica de títulos; incluso hay una cuestión de amparo, ayuda, leyes puntuales y también una división en las opiniones; están aquellos que sostienen que esa recuperación numérica no se tradujo en los contenidos, otros agregan que hubo muchos actores que debieron irse, sin dudas hubo situaciones de tensiones y conflicto”.

Ana María entiende que este abordaje involucra una multiplicidad de posibles aristas, la política y la propagandística de algunos períodos forma parte de ese aspecto, pero no hace al eje de la cuestión que es la sala del Cine Teatro.

También se evidencia que ante el golpe de estado que derroca a Perón, se produjo un descenso abrupto de producciones, “Hecho que da paso al ‘cine de autor’, ‘nuevo cine argentino’ y otros enfoques que irán ganando terreno en la filmografía nacional”.

La hegemonía de películas norteamericanas igual es una constante, “y en menor medida van llegando realizaciones italianas, francesas y mexicanas, éstas últimas en algún momento llegaron a competir con nuestro cine”, reconoce la escritora.

Es notable además que hubiera un público importante que asistía regularmente al cine, y eso se traduce en que Victoria llegó a tener tres salas simultáneamente, “uno funcionó en la Sociedad Italiana, otra donde es Brener Hogar, frente a la Plaza San Martín (que primero fue la casa de Joaquín Vivanco, la demolieron y Samuel Vivanco hizo un salón pensándolo como cine-teatro), pero ninguno de estos dos espacios tuvo la continuidad del emplazado en calle Alem”.

El cine no era caro, valía centavos, también hay fotos de cómo llegaba la gente al lugar. En épocas del cine mudo, los espectadores arribaban en coches tirados por caballos. “Además el cine generaba todo un acontecimiento, había un intermedio, donde se llevaba sándwich, golosinas o se compraba algo para compartir allí; no sé si podemos hacer una comparación con lo que es hoy un shopping, pero no dista demasiado la idea de estar allí el mayor tiempo posible”.

Vuelta a remate

Hacia 1963 vuelve a ser rematada la sala y es adquirida por un grupo de vecinos con el único fin de salvaguardarla, “tenían miedo que fuera demolido el edificio, la televisión estaba ganando terreno y audiencias y si bien el impacto era moderado en el interior, se trataba de un proceso indetenible”. La figura clave entre éstos, reconoce la entrevistada, es Eduardo Lorenzo.

Eran vecinos que tenían un capital, en algunos casos menor –nos hace notar Ana María– que pudiendo transferirlo a cualquier inversión, decidieron ponerlo para recuperar el Cine Teatro Victoria.

Hasta 1969 continúa la misma empresa cinematográfica con la explotación del cine y muy pocos espectáculos teatrales, al punto que se interrumpen las funciones y permanece abandonado varios años hasta que en 1972 un grupo de Esperanza (Santa Fe), integrado por Juan Carlos Stratta y Carlos Torreggiani, entre otros, lo alquilan con la intención de replicar la actividad que tenían en aquella ciudad. “En marzo de 1973 inauguran el ‘Nuevo Cine Victoria’, donde desarrollarán lo cinematográfico sin perder el costado de la sociabilidad, con obras de teatro, musicales, etc. “Llama la atención la continuidad de la diversidad y cómo cuando parece que nada podía salvar a la sala, la comunidad se movilizó para su rescate”.

Tras ser elegido intendente, Stratta dejó la actividad a fines de 1987, “paralelamente el cine también había entrado en crisis. Incluso, él menciona en una entrevista que tenía un plan para esta sala que consistía en alquilársela a los dueños para que la Municipalidad, a un precio razonable, pudiera seguir con la explotación del lugar”.

Es entonces que la sala cobra el nombre de Auditorio Municipal, sin embargo la actividad cinematográfica se había detenido marcadamente y fue cada vez más esporádica la presentación de estrenos, “se sostiene como espacio de actividad cultural, con el agregado de que muchas de estas propuestas eran de carácter gratuito gracias a ese auspicio municipal”.

El rótulo de Centro Cultural se fue consolidando y a medida que la historia se recuesta en estos últimos años, es indelegable encontrar algunas razones del por qué salas como el Cine Teatro sobrevivieron al embate del tiempo y la lógica económica, “en cada momento que estuvo con riesgo de vida, aparecieron las personas que tenían que aparecer, tal es el caso de la irrupción de Unidos por un sueño (vecinos y autoconvocados por el rescate de la sala Cine Teatro y su función como tal, donde precisamente, entre muchos otros, estaba Ana María- N.R.); esto no es una opinión sino algo que recurrentemente constato en la investigación”.

En 1992, ya en la intendencia de César Garcilazo, los vecinos que estaban en ese grupo encabezado por Lorenzo, decidieron desprenderse de ese bien pero con la condición que se resguardara su identidad, “el intendente manifestó no poder hacer frente a la adquisición de la sala y allí comenzaron los contactos con el Centro Comercial para ubicar allí su sede”. Las autoridades de este último expresaron su decisión de conservar la sala y su función específica, y propiciaron más espacios de intercambio.

Llegó el 2001, la crisis asolaba el país y un carnaval que no funcionó como se esperaba, obligó al Centro Comercial que había puesto en garantía la sala, a rever sus posibilidades– ante la exigencia del acreedor que era la Caja de Jubilaciones Municipal, “se buscó entonces una salida en conjunto que no fuera la venta del inmueble a cualquier costo y destino.

La adquisición de la sala promediando 2007 por parte de la Municipalidad, nuevamente puso en escena a César Garcilazo, que esta vez optó por incorporarla al patrimonio municipal.

En los últimos años llegó la posibilidad del arribo del espacio INCAA, una recuperación y puesta en valor del edificio y hasta un acercamiento de nuevas generaciones que retornan a esa magia del cine y el teatro (algunos nunca habían visto una función en la ciudad), pero que también concurren al Aula Virtual, utilizan el SUM para reuniones, espectáculos de danza y música, asambleas, propuestas de carnaval, etc. etc.

El telón del ahora Cine Teatro Municipal Victoria sigue corriéndose y mostrando que su valor como espacio va más allá del corte de entradas, está emparentado con la identidad de un pueblo que siempre eligió preservarlo.

 

(*) Docente jubilada, investigadora y escritora local.

Dejar respuesta