Nuestro país en materia económica es como un adolescente rebelde, en el sentido de que se niega a aprender de la experiencia ajena, reniega a guiarse por postulados científicos, descree de todas las teorías económicas, los argentinos preferimos aprender por la propia experiencia, no importa cuantas veces choquemos en ese camino de aprendizaje.

Si hacemos un breve repaso de los vaivenes en planes económicos que hemos puesto en práctica desde inicios de la década de los `80, claramente se puede tomar cuenta de conceptos básicos que hemos aprendido a pesar de que en el resto del mundo ni siquiera se discuten.

Durante la presidencia del Dr. Alfonsín aprendimos que el gobierno no puede imprimir billetes discrecionalmente para financiarse porque deriva en una espiral inflacionaria incontrolable. Luego con el Dr. Menem, que muy bien tomó nota de la lección de su antecesor no emitió papel moneda, en cambio prefirió financiarse con préstamos de organismos multilaterales de crédito. Ya en el gobierno del Dr. de la Rúa, nos dimos cuenta que tampoco esa es la manera correcta.

Llegada la década kirchnerista, ya habíamos aprendido a no emitir y a no tomar créditos del FMI, se volcó entonces a tomar fondos de distintas “cajas” locales como la ANSES, el PAMI, las reservas del BCRA, etc, colocar Lebacs, pero tampoco funcionó. Así llegamos al actual gobierno del Ingeniero Macri, ya aprendimos a no emitir billetes, a no tomar crédito exterior para financiar gastos corrientes y a no meter mano en las cajas de otras instituciones públicas, esta vez optamos por financiarnos con una multiplicidad de prestamistas privados a través de la emisión de títulos públicos (nuevamente LEBAC, BONAR, etc…) así llegamos a este estado de cosas…

En síntesis, desde el regreso de la democracia lo único que aprendimos en concreto es que la práctica se ajusta a la teoría. Pero no todo está perdido, hemos logrado acelerar ese proceso de aprendizaje, ya no nos lleva una década tomar cuenta de nuestros errores, y ese es el principal logro en materia económica del Presidente Macri, no es necesario caer en una profunda crisis para cambiar, para corregir.

Finalmente, cuando hayamos agotado todos nuestros experimentos, sólo nos quedará una lección por aprender: a no gastar demás, a no vivir con déficit fiscal, que la economía de un país no es muy diferente a la economía de una familia, si gastas más de lo que ganas tarde o temprano vas a tener que ajustar. Si preferimos nunca pronunciar esa palabra por cuestiones de marketing político tenemos otras opciones, podemos usar: acomodar, adaptar, adecuar, arreglar, sincerar, etcétera…los eufemismos no modifican las consecuencias.

 

(Por Guillermo H. Espinosa)

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