Escuchamos el consejo hasta el hartazgo, y ahora la ciencia dio su veredicto: no hay que irse a dormir enojados. Un estudio publicado en la revista Nature Communications explica que si no resolvemos el pleito antes de acostarnos, es más difícil revertir la memoria emocional negativa.

Mientras dormimos, el cerebro reorganiza la manera en la que almacenamos las memorias negativas y hace que las asociaciones sean más difíciles de suprimir en el futuro. La investigación fue llevado por la Beijing Normal University basándose en el comportamiento de 73 estudiantes hombres a lo largo de dos días.

La metodología fue la siguiente. Les enseñaron a los participantes a asociar ciertas imágenes traumáticas como niños llorando, personas heridas y cadáveres con caras neutras. Luego les mostraron fotos de esas caras y los incentivaron tanto a relacionarlas con las imágenes “feas” como a evitar que éstas vuelvan a la memoria. A la media hora, el 9% del grupo fue capaz de olvidarlas. En cambio, 24 horas después y con una noche de sueño encima, solo el 3% pudo quitarse esas imágenes de la cabeza.

Es decir que si algo nos molesta y nos dormimos, al día siguiente esa molestia va a estar mucho más aferrada a la memoria. Si lo resolvemos antes de acostarnos, nada asegura que la molestia vaya a desaparecer pero, si confiamos en este estudio, es muy probable que no tengamos la idea tan fija.

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