Victoria.- Ubicada a metros del Bulevar Pueyrredón, La Casona invita a conocer mucho más que un amplio salón de fiestas, la familia que decidió invertir tiempo y dinero en la puesta en valor de este edificio y su entorno, valora esa porción de historia que se cuela en cada pincelada de la fachada, una pérgola reconstruida en el acceso, sus amplios ambientes climatizados, o el parque en el que no se descuidó ningún detalle.

Mariana Sagasti llega a Paralelo 32 con un alto de papeles que dan cuenta del esfuerzo que ha significado para este matrimonio de Echesortu (Rosario), el proyecto de montar un salón de fiestas como no hay otro en la ciudad. “Yo soy la que recibo a la gente”, anticipa Mariana, tras mencionar que vienen a Victoria desde los ‘90 porque tienen amigos a partir de sus pasos por la universidad.

“En aquellos años dábamos toda la vuelta por Santa Fe (un viaje de cinco horas), también tuvimos la posibilidad de viajar en la lancha… hoy francamente es un cambio la posibilidad de estar en menos de una hora”.

La pareja y su pequeña hija son una familia más que vio en las siete colinas un bálsamo de tranquilidad en contraste con la gran urbe. “La primera decisión de inversión en Victoria fue una casa de fin de semana, pero se dio la posibilidad de hacer una permuta por esta casona y no lo pensamos hasta que vimos la construcción”.

“En realidad pensamos que nos iba a llevar menos tiempo, pero fueron tres años de mucho trabajo, e incluso hoy seguimos agregando ideas al diseño original”. La Casona tiene capacidad para recibir a más de 200 invitados, un estacionamiento en el mismo predio para 50 automóviles, dos accesos: uno por Irigoyen y otro por Yapeyú, esto habla también de las generosas dimensiones que presenta este lote que ha sido intervenido con mucho criterio por sus dueños.

Para complementar esta inversión, a metros del salón, en el patio que da al estacionamiento, los amantes del asado a la estaca están de ‘parabienes’ ya que allí están todas las instalaciones adecuadas para preparar las mejores carnes al aire libre, y si esto no alcanzara las expectativas de los comensales, un sector de parrillero horizontal, con dos extractores de amplias dimensiones, demuestra el buen gusto al momento de pensar cómo captar a los más exigentes asadores que tienen estas latitudes.

En el interior, la decoración da un giro significativo a esa construcción del 1900, caracterizada por molduras y grandes aberturas. Y es que el buen gusto vuelve a irrumpir en cada espacio, con grandes vidriados que iluminan naturalmente algunos sectores dejando entrever el frondoso jardín que empieza a levantarse gracias al aporte del Tano Tabachi, “el salón tiene la posibilidad de alquilarse en una ‘ele’ o de forma completa. Hicimos esta opción para quienes organizan un cumpleaños para chicos o una celebración de menos cantidad de personas. Y si se trata de un casamiento, por ejemplo, ofrecemos el resto de los sectores, hecho que amplía la capacidad a los más de 200 cubiertos”.

Las instalaciones han sido homologadas por la Municipalidad en lo que respecta a seguridad y bromatología, basta con echar un vistazo a la cocina, donde se destacan las mesas de aluminio, grandes freezer, y todo en un ambiente de circulación amplio y ventilado. “Queremos que los servicios que vengan a nuestra casona no tengan que traer nada, tratamos de ofrecerles hasta un espacio para cambiarse”, insiste Mariana.

Dos sectores de baño (con varios cuerpos de sanitarios cada uno), y tercer espacio para personas con discapacidad, demuestran que todo fue pensado al detalle. Rematan este apartado el cambiador para niños, amplios espejos en los pasillos y siempre una iluminación acorde,

“Si bien se puede decorar a gusto, aquí no hace falta tapar con telas o cubrir lugares desaconsejables de mostrar; y si bien estamos pensando en agregar algunas luces más para ambientación, tratamos de ofrecer lo que cualquier familia espera encontrar en un salón de fiestas, porque la verdad es que desde el comienzo quisimos hacer algo que pudiera aportar algo que le faltara a la ciudad, ya que varias de las personas con quienes intercambiamos ideas nos mencionaban esto de que faltaba un gran salón de fiestas”.

Un giño al esfuerzo

“Ni bien arrancamos con la obra la gente comenzó a acercarse y felicitarnos por lo que estábamos haciendo por recuperarla”, dice Mariana, que junto a su esposo José María Marconi administran un lubricentro, y aunque podría pensarse que eso es lo más alejado de la arquitectura, en esta familia que completa la pequeña Agustina, el buen gusto es un sello que salta a la vista con esta intervención edilicia que hoy está para el disfrute de los victorienses. “Muchos vienen a pedirnos para sacarse fotos en el jardín, francamente nos ha sorprendido la buena receptividad que ha tenido en la gente”, se asombra Mariana

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