Victoria.- El pasado jueves 21 de junio, personal de la Delegación Toxicología local tomó intervención en un hecho en el que se intentó introducir cocaína y marihuana en la Unidad Penal Nº 5 Ramón Febre. La protagonista fue una mujer, hermana de un preso, domiciliada en el barrio Gaucho Rivero de Paraná.

Esta mujer, mayor de edad, intentó ingresar una caja que contenía 9 sobres de jugo en polvo marca Pico Dulce, pero el personal de requisa de la penitenciaría notó que la textura de algunos paquetes no era la misma, y que en algunos la picadura de marihuana era evidente al tacto. En el caso de la cocaína, Paralelo 32 pudo saber que se intentó mezclar en otros dos sobres de jugo de la marca Tang, disimulándola con el polvo característico para diluir.

El saldo de la constatación hecha por Toxicología fueron 51 gramos de Marihuana y pequeñas cantidades de cocaína, dosificadas en el jugo en polvo, en un porcentual de difícil determinación. Luego de realizadas las diligencias de secuestro y puesta en conocimiento de la Fiscalía en turno, se determinó que la mujer identificada en la Sección Antecedentes Personales de la Jefatura local, quedara en libertad supeditada a la causa iniciada.

El aumento de la población carcelaria, que duplicó su número en los últimos dos años y en la actualidad contabiliza más de 140 internos, muchos con causas asociadas a la drogadependencia y/o tráfico de estupefacientes, parece que tiene estos coletazos en las requisas que hace el personal penitenciario regularmente. Ocurre que cuando la visita a un interno es de alguien que debe viajar desde otras geografías, no se le exige horario de arribo pero se mantiene este procedimiento, el que no siempre arroja resultados positivos.

También hay que señalar que las últimas disposiciones legales, directamente vinculadas a garantizar los Derechos Humanos, han limitado el cacheo a los que arriban a la UP5, pero el personal se las ingenia para hacer todo lo posible a fin de evitar males mayores.

Resulta evidente que este empaquetado ya dispuesto antes del ingreso a la celda, tenía un destino de comercialización ‘por encargo’, nos aportan las fuentes consultadas, y quizás pudo ocurrir anteriormente bajo otras formas, cada vez más ingeniosas y elaboradas.

Paralelo 32 preguntó también qué ocurre cuando una persona que intenta ingresar reiteradamente sustancias prohibidas, en este caso psicotrópicos, es descubierta; y por lo que ocurrió en esta ocasión, quedaría registrado el delito, si bien la mujer logró recuperar su libertad y difícilmente sufra consecuencia alguna.

Cabe mencionar que el destinatario, no es imputado, se hace mención, se lo cita y declara pero en la general de los casos, la prueba tiene que ser contundente para imputarlo y agravar la pena, pero no sobrecargar la que ya está cumpliendo. Según las fuentes consultadas, si se demostrara culpabilidad, que es sumamente difícil, una vez cumplida la condena anterior podría hacérsele cumplir la nueva sanción judicial.

Por último, es casi evidente que si alguien quiere y busca las formas adecuadas (ocultar estupefacientes en lugares pudendos es muy común– N de R.) logrará su cometido, ampliando los márgenes de delincuencia dentro de un lugar donde están alojadas personas que saben de los límites legales y los usan en su provecho.

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