“Argentina es un avión que funciona con una sola turbina, el sector agropecuario, el único gran generador de divisas. Pero tiene la posibilidad de estabilizar su marcha si activa otra, que ya comenzó a girar: la exportación de petróleo y gas”. Con esta metáfora ilustró el secretario de Energía de la Nación, Javier Iguacel, el potencial energético del país. “Argentina siempre fue un país con petróleo, ahora puede convertirse en un país petrolero. Es un cambio histórico”, señaló Iguacel el martes en una charla organizada en conjunto por Visión Desarrollista y la Fundación Frondizi.

Las perspectivas que trazó el secretario fueron impactantes: en diez años el país podría exportar entre gas y petróleo unos 34.000 millones de dólares, un monto que supera lo que hoy exporta el campo, si se suman los complejos oleaginoso, cerealero y bovino. “Argentina ha sido bendecido por la naturaleza, o por Dios si somos creyentes, como la segunda potencia en gas no convencional y la cuarta en petróleo no convencional”, subrayó.

El paradigma tradicional desarrollista quedó desactualizado, según Iguacel. “Frondizi aspiraba a la autosuficiencia. Autosuficiencia para mí es una mala palabra. En aquel entonces tenía sentido, pero hoy es ser poco ambicioso. No solo hay que ser autosuficientes, sino ser grandes exportadores de energía”, sostuvo y destacó que Argentina podría convertirse en un proveedor de clase mundial.

El ‘shale’, herramienta geopolítica

El incremento de la producción de petróleo y gas no convencional ya está aumentando el poder geopolítico del país, subrayó el secretario. “Lo veo en cómo nos buscan EE UU y China”, explicó. En su concepción de hacia dónde va el mundo, la energía ocupa un lugar central. “La manufactura depende cada vez más de la disponibilidad de energía a buen precio y limpia, y de la tecnología. Ya no es tan importante la mano de obra barata, que fue la herramienta de poder de Asia en las últimas décadas”, analizó.

El cambio en el equilibrio de fuerzas puede verse en el tablero internacional, explicó Iguacel. “Es interesante ver el caso de EE UU. Trump no es solo un loco, es un loco con un backup enorme atrás, que se lo da la posibilidad de no depender energéticamente de nadie”, planteó. EE UU ya es el principal productor de petróleo del mundo, por encima de Arabia Saudita y Rusia, y el primer productor mundial de gas. La explotación de shale provocó en EE UU una reducción en el precio del gas de 10 dólares el millón de BTU —un valor comparable con el de Europa—, a tres dólares. “Paolo Rocca [CEO del Grupo Techint] decidió instalar una siderúrgica en Texas gracias a esta reducción. Antes algo así era impensable”, enfatizó Iguacel.

Argentina tiene en Vaca Muerta una carta fuerte para jugar. El yacimiento tiene un nivel comparable con el de los estadounidenses más importantes. “Es más grande que Marcellus y que Eagle Ford, que es una de las estrellas de EE UU”, señaló. En el último año, la producción de petróleo en el megayacimiento patagónico aumentó un 54%. “Mes a mes crece de una manera tremenda. Este es el ritmo vertiginoso que deberíamos tener de acá hacia adelante”, auguró el secretario y destacó que el año pasado fue el primero en una década en la que la producción de crudo dejó de caer.
El ingeniero Alexis Airala, de Visión Desarrollista, y el secretario de Energía, Javier Iguacel, en al Fundación Frondizi

Iguacel apuntó que el país podría alcanzar en 10 años la producción de un millón y medio de barriles de crudo por día. Es más de lo que hoy producen cinco países de la OPEP: Libia, Argelia, Nigeria, Ecuador y Venezuela, aclaró. En materia de gas, estará en el top cinco, solo detrás de EE UU, Qatar y Australia, y peleando la cuarta posición con Rusia. Argentina y Australia son, además, los dos únicos grandes productores de shale gas de hemisferio sur y que, por lo tanto, producen a contra estación de los grandes centros de consumo del norte.

El Gobierno se propuso que el precio del gas en Argentina sea un tercio del valor promedio del mundo. “Entre tres y cuatro dólares el millón de BTU, sin subsidios, con las compañías produciendo, exportando un montón y generando rentabilidad”, describió Iguacel. En esa línea, sostuvo que el abaratamiento que se producirá en el mercado argentino será solo comparable con el de EE UU, Australia y Rusia, lo que posicionará al país con una elevada competitividad e incentivará la producción industrial en general y la petroquímica en particular.

Inversiones energéticas

A pesar de la situación económica, el sector no ha dejado de captar inversiones. Para este año se prevé 13.900 millones de dólares del sector privado. “Y el ritmo no se detiene”, apuntó Iguacel. Más de la mitad de los fondos se invierte en Neuquén, en el desarrollo de Vaca Muerta. Unos 2.700 millones de dólares están destinados a energías renovables.

“Nos hemos puesto como misión proveer energía abundante y barata a la industria. Apostamos al gas y petróleo no convencionales y a las energías renovables. Cuanta más energía renovable podamos transformar en electricidad, más petróleo y gas vamos a poder exportar”, explicó. El gobierno se fijó como meta la duplicación de la producción de gas y petróleo en cinco años, según el documento que expuso Iguacel en la sede de la Fundación Frondizi, titulado Plan Energético Argentino – Lineamientos.

En términos de flujos de inversión, los hidrocarburos no convencionales tienen un efecto positivo sobre la economía mayor que el de los convencionales. Los primeros generan una reinversión permanente y más puestos de trabajo que los segundos. EE UU ha generado un millón de empleos relacionados. Se calcula que el sector de hidrocarburos puede generar entre 2018 y 2025 medio millón de puestos de trabajo entre directos, indirectos e inducidos en Argentina, según el secretario.

Una de las principales restricciones para el desarrollo energético es el déficit de infraestructura. “Fue planificación cero”, criticó Iguacel a la gestión anterior. El funcionario fijó como prioridades el Tren Norpatagónico, que unirá Bahía Blanca con Vaca Muerta, la construcción de un gasoducto entre los mismos puntos y nuevas instalaciones en el puerto de Bahía Blanca para la operación con LNG (Gas Natural Licuado).

Una política de Estado

Las proyecciones optimistas de Iguacel contrastaron con la percepción del auditorio, que manifestó preocupación sobre la coyuntura y el futuro del país. Uno de los asistentes cuestionó al secretario por la poca comunicación sobre los avances que está teniendo el desarrollo del sector energético en Argentina. “En los últimos dos meses salieron 30 notas sobre el tema en los principales diarios”, se excusó Iguacel, aunque reconoció que existe poco conocimiento entre la población general. “Hay que generar consciencia en la gente que tiene influencia. Es vital que no solo tenga visualización, sino que se convierta en un proyecto de país y sea una política de Estado, no una política pasajera. Es un proyecto que no se tiene que cortar”, reflexionó.

Si las políticas que se están llevando a cabo se hubieran hecho cinco años antes, argumentó Iguacel, el país no estaría pasando por la crisis a la que se enfrenta. Aun así, se mostró optimista: “Vaca Muerta es una oportunidad. Si invertimos bien los recursos que va a generar el sector energético, podemos tener una Argentina unida, productiva e integrada al mundo”.

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