Victoria.- Hugo Labarba es un actor que no requiere ninguna presentación. Su trayectoria en la ciudad, la provincia y el país le ha valido el reconocimiento tanto de sus colegas como del público en general. Si bien no reniega de ninguna parte de su carrera, algo que lamenta es no haber hecho más unipersonales. El actor aceptó mantener una entrevista con Paralelo 32 y habló de lo que significa el arte de la interpretación y la importancia del trabajo duro.

–Si tuvieras que decidir en este momento los tres personajes más significativos que hicisite, ¿cuáles serían?

_Es una pregunta difícil, es como preguntar a cuál de tus hijos querés más. Por lo general, el último que se hace es el que más pega. En este caso te diría que el personaje Lopecito, de la obra El Amateur, de Mauricio Dayub. Elijo este personaje primero por lo que significaba, porque acompañaba a un muchacho a cumplir un sueño casi imposible, pero todo lo que decía, lo que sentía y lo que hacía sentir. También fue un desafío físico, así como se ve estaba quince minutos corriendo al final y hablando sobre el escenario. Es hermoso y muy rico todo lo que está expuesto en la obra, la parte de cariño, amor, amistad inquebrantable. Otra obra que recuerdo es un unipersonal que hice en Rosario, llamada La experiencia mística de Cachito López. Posterior a esto hice otro unipersonal llamado Corazón de humo, también elijo éste por el contenido y por lo que debe hacer sentir.

–¿Cómo es la tarea de la composición de estos personajes?

_Yo pienso que a cualquier personaje, más allá que no tengan gran contenido o profundidad, hay que entrarles por dentro, hacerles preguntas. Yo les pregunto cómo obrarían, por ejemplo: si es un farmacéutico le preguntaría cómo llegó a la farmacia y por qué. A lo mejor le estás inventando algo, porque te estás contestando vos mismo, pero le estás construyendo una historia. Muchas veces sirve la parte exterior para llegar adentro. Hay que preguntarse qué siente, qué ve, por qué llegó a vivir donde vive, trabajar con el tiempo perdido.

Hugo es metódico y en su trabajo se toma el tiempo necesario para llenar los vacíos inciertos que los dramaturgos dejan en los personajes. Sin embargo, cabe aclarar que estas interpretaciones no son caprichosas y que la principal búsqueda, además de la reconstrucción psicológica, es saber qué debe transmitir el personaje. La observación juega un papel importante en esta tarea.

El consagrado actor cuenta que dio sus primeros pasos en este arte cuando era un niño y que le es imposible determinar una fecha. En su primer encuentro con la actuación, quizá con menos de seis años, le tocó interpretar a un granadero herido y sanguinolento cubierto de parches. Poco a poco aquello que empezó como un juego fue adquiriendo nuevas reglas y otra disciplina.

“Yo pienso que el estudio y la profundización se empieza a tomar cuando uno pasa a hacer un espectáculo en una sala donde acude el público grande. Me refiero también al que pasa por boletería y con esto no quiero decir que uno lo haga por la plata, pero eso ya da otra responsabilidad”, explica. Además, cuenta que los talleres y encuentros teatrales son muy importantes para el desarrollo artístico, pues ahí se intercambian opiniones y se posibilita enriquecer la mirada propia con la de otras personas con distintos conocimientos. En este sentido, el actor señala que los encuentros no son una cuestión de bohemia, sino una oportunidad para crecer.

–¿Cómo ve la situación del teatro en Victoria?

_Yo vi que en un momento hubo una buena actividad en la cultural, en el sentido que sacaron simultáneamente entre dos y tres trabajos. Estamos hablando de una labor teatrera. Sin embargo, yo no sé si el público que asistió a esas funciones quedó como un público teatrero, me refiero a si se los conquistó.

El teatro y el cine son importantes en la vida de Hugo, no hay dudas. Pasó diferentes etapas históricas del país siempre actuando y dijo que en un principio había cierto prejuicio hacia los actores porque no eran bien vistos. No obstante, en la época de la dictadura ese desprecio se transformó en miedo y advertencia. “Se pasó de «bah, éste es actor» a «¡Ojo, éste es actor!” y teníamos que andar con cuidado cuando nos reuníamos. Recuerdo que una obra la censuraron porque los folletos se imprimieron en minúsculas, ¿por qué eso está mal? No sé”, dice.

En la actualidad Hugo tiene ofrecimientos en ciudades como Rosario y Paraná, pero todavía no se decide. Por lo pronto, el actor ayuda en una obra del jardín al cual asiste su nieta y se toma cada ensayo con gran responsabilidad. Allí ayuda a las personas que actúan a entender que más allá del guión en sí hay una postura y una historia que no están indicadas y que es necesaria componer para que el personaje sea convincente. Lejos de subestimar al público infantil, considera que es necesario brindar espectáculos de calidad al público joven y sembrar en ellos la semilla del arte.

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