Con la creciente tendencia a profundizar una alimentación sana y orgánica, muchas personas empezaron a tener sus propias huertas en sus casas. En balcones, terrazas, grandes terrenos o también en macetas, en todos estos espacios es posible cultivar y cosechar aquello que nos alimentará.

No hay inconveniente en que la zona de la huerta esté integrada al jardín. Hoy existe una tendencia a que eso suceda, a que las especies convivan. En este caso, como en todos los demás, lo importante es elegir un lugar que tenga un buen acceso al riego, con tierra adecuada (si no se le puede hacer un agregado de compost) y mucho sol (un mínimos de 6 horas por día).

A la hora de sembrar, muchos optan por hacerlo de manera directa desde la semilla, otros prefieren utilizar almácigos y una vez que la semilla ya germinó sí pasar la planta a la tierra donde crecerá. Esto es bueno para agilizar, a veces se pueden conseguir los cajones con este primer paso ya hecho. Es conveniente optar por comprar ya plantines en el caso de los tomates, los zapallitos y las berenjenas.

Cuando hablemos de jardines orgánicos nos referimos a que no se usan en su cultivo agregados químicos, como pesticidas ni fertilzantes sintéticos. Esto es mucho más saludable teniendo en cuenta que luego serviremos esos vegetales en la mesa. Para conseguir espantar a los insectos de las plantas, un buen truco es plantar entre las distintas especies plantas con flores amarillas o naranjas. Se puede elegir entre caléndulas (se usan sus pétalos en ensaladas, también) y copetes. Lo mejor es ponerlas de manera rítmica para proteger el cultivo.

En cuanto al diseño de la huerta, esto dependerá de cada usuario. Se le puede dar una disposición intercalada o más junta. El tomate es mejor tenerlo separado pues es más delicado. Entre las plantas es bueno sembrar, como dijimos, flores amarillas y también se pueden intercalar las aromáticas pues con su aroma ahuyentan a ciertos bichitos. Solo hay que tener en cuenta que éstas requieren menos agua.

Al momento del cultivo, hay que sacar el vegetal antes de que la planta de flor o que la hoja se ponga dura (por ejemplo, en las acelgas o lechuga), pues en ese momento toda la energía de la plata se va a la flor y luego a la semilla. Es entonces cuando la notan amarga o falta de sabor. Si la planta fue buena, se puede dejar que llegue a la semilla para luego tener un semillero y reiniciar el ciclo.

En cuanto al cuidado de las mascotas, hay que tratar de que no entren a la zona de la huerta. Para evitar que los gatos se froten en la tierra removida, lo mejor es hacer túneles simples con media sombra o un tejido abierto. También se puede poner una cerca alrededor para que los perros no entren (a veces van a romper lo último en lo que trabajamos) y también se pueden poner adornos brillantes y que el viento los mueva para que los pajaritos no se coman las semillas o picoteen los frutos. Un ejemplo, es colgar cintitas o CDs que ya no se usan.

Si se hace la huerta en maceta, esto es totalmente viable y puede tener el mismo éxito. El único detalle que hay que tener es que los cajones o contenedores tengan la profundidad necesaria, pues si sembramos zanahorias, por ejemplo, éstas necesitan espacio para crecer. Incluso, también se pueden hacer huertas hidropónicas.

Ahora que está por llegar el otoño es momento de sembrar verduras de hoja (acelga, espinaca, lechuga), zanahorias, remolacha. Dependiendo dónde se la cultive y si se le genera un micro clima, quizá en un mes ya pueden disfrutar de una ensalada cultivada con sus propias manos.

 

*Por María Martha Pizzi, Con Sabor a Hogar

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