Lunes 24, temprano. Salgo a la puerta como cada día en busca de los dos diarios que acompañan mi apresurado y frugal desayuno. Hoy llegaron tres. Junto al provincial estaba el Clarín de la fecha y el tercero también Clarín pero del día martes 25. Es evidente que ésta no será una semana común ni un día que la memoria descartará con su habitual precariedad; hay que esperar décadas para vivir el acontecimiento tan esperado de leer el diario del día de mañana.

Detesto caer esa salvedad redundante explicando que hablo del diario en papel. Un diario es un diario y no requiere más agregados para que se entienda, pero el marketing digital nos quiere confundir machacando que en los sitios web se lee los diarios del día siguiente, lo cual es una falacia porque el papel ya encontró su propia estrategia para diferenciarse dando un paso más allá de la noticia digital. Pero hagamos la excepción para que un eventual malentendido no nos quite el asombro: Este lunes al desperezarme he leído el diario papel de mañana martes. Supongo que habrá que parar el mundo para que nada nuevo suceda y ningún hecho se atreva a modificar la verdad anticipada hoy.

Como editor de periódicos me planté durante un instante en la ilusión de que habíamos dado un paso magistral en la historia del periodismo gráfico, pero la realidad; que es ‘grela’ como la suerte; no siempre transa con nuestros deseos. No tardé en comprender que se trató solo de un apresuramiento del canillita.

Clarín tiene miles de suscriptores en la Capital Federal y seguramente en el país, con un abono de pago mensual. El paro general del lunes impediría aparecer con la edición del día siguiente y eso podría provocar una avalancha de reclamos pecuniarios por una entrega menos. La decisión del editor resolvió esa eventualidad ofreciendo un diario con material atemporal, profundizando temas de actualidad y lecturas adicionales de los asuntos importantes que pasan demasiado rápido frente a la consideración del público.

Al “interior del interior” esa edición anticipada llegó junto con la del día porque mañana no habrá transportes de larga distancia. Los canillas tendrían que haberla guardarlo celosamente hasta el martes para sacarla a la luz, pero ellos tienen oficio y saben cuánto asombro pueden causar en sus clientes sorprendiéndolos, ya no solo con la eficiencia de llegar temprano y encontrar el hueco donde alojar el diario, sino entregándolo 24 horas antes de su aparición.

(Por Luis Jacobi)

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