Colonia Merou- No viene al caso analizar la frase del título de esta nota, pero nos recuerda a padres y abuelos que la repetían ante cada oportunidad, aunque ésta se presentara a una edad cuando ya no la esperaban. Y a fuerza de “dichos”, máximas de la sabiduría popular, nos inculcaban valores.

Nueve adultos culminarán sus estudios en la Escuela Secundaria Nº 61 de Merou, Anexo E.S.J.A. En pocos meses, tendrán el título de Bachillerato Orientado en Economía y Administración, pero también algo mucho más importante: la satisfacción del deber cumplido. Son Paola Bernhardt, Viviana Corradi, Ángel Espíndola, Darío Heinze, Sergio Heinze, Raquel Müller, Marta Neuberger, Rosana Pretz y Guillermo Welsch.

Paralelo 32 visitó la institución para hablar con ellos y sus docentes, conociendo experiencias e historias de superación y ganas de progresar en la vida.

Marta Neuberger tiene 68 años pero un espíritu juvenil que la animó para cumplir su sueño, con constancia, sacrificio y valor como principales herramientas. “Siempre tuve ganas de terminar el secundario. Se dio la oportunidad y la tomé. Compartimos muchas cosas con mis compañeros todos los días, me cuesta, pero lo estoy logrando y eso me deja satisfecha. Pasaron muy rápido estos tres años. La familia también acompaña y eso ayuda mucho. Siempre me sentí integrada en el grupo y nunca imaginé una posibilidad así en un lugar como Colonia Merou”.

Todos reconocen que hace unos años les resultaba impensado y hasta imposible siquiera analizar la posibilidad de retomar los estudios y terminar su educación secundaria. Sin embargo, hoy ese sueño está a punto de hacerse realidad.

Viviana Corradi 47 años,  satisfecha dijo, “Es una experiencia muy gratificante. En mi caso trabajo en una granja, de mañana y tarde, hago tareas en mi casa y luego vengo a la escuela. Todo en la vida se puede, es cuestión de organizarse. La diferencia que marcan las escuelas para adultos es que el que viene lo hace por decisión y convicción, no viene a perder el tiempo. Uno elige estar y pertenecer. Los integrantes de mi familia son los puntales principales. Y los profesores también cumplen un rol fundamental por la paciencia que nos tienen. Y obviamente la directora Susana Schrooh, que fue la que soñó con esto y lo hizo realidad”, dijo.

Rosana Pretz, 38 años, planteó que “Es una linda experiencia y lo más lindo es que me llevo muchos amigos. También me tocó pasar por problemas personales y uno duda si seguir o no. Empezar de nuevo no es fácil, porque siempre lo nuevo asusta y no entender genera dudas. Uno piensa en abandonar, pero ahí la gente que te quiere insiste para no dejar que eso pase. Ahora veo los resultados y estoy contenta. Es un sacrificio grande, uno tiene hijos, debe hacerse tiempo para todo. Se hace tarde, volvemos tarde a nuestras casas, pero vale la pena”.

Además comentó “casi puedo decir que vivo en la escuela, porque también integro la cooperadora escolar porque tengo a mis hijos estudiando. La escuela brinda contención para toda la familia en momentos muy difíciles”.

Raquel Müller 38 años, opinó que “No iba a estudiar, vine porque estoy cerca de la escuela, pero cuando tenga el título estaré agradecida a los que me incentivaron. No sabía si iba a poder, porque son tres años y tres horas todas las noches. Trabajo muchas horas en el día a día, me canso, pero con sacrificio estoy llegando a la meta. En los recuerdos me llevaré siempre la ayuda de los compañeros, desde que te presten una carpeta o un apunte cuando no podés cursar, hasta temas más complejos”.

Los hombres también

Los hombres también brindaron su opinión. Entre los alumnos está Guillermo Welsch, que es el presidente de la Junta de Gobierno. Le toca compartir las noches con integrantes de la comunidad que preside. Durante el día, además de trabajar en lo suyo, gestiona obras, se reúne con funcionarios y por las noches también trata de cumplir un objetivo, en este caso personal. “Es una iniciativa muy buena que había que aprovechar. En mi caso, estoy orgulloso también por la comunidad. Tener esta chance de que muchos vecinos puedan terminar sus estudios es algo que me pone feliz, e integrar el grupo mucho más. El empeño de la directora Susana Schrooh ha sido fundamental. Muchos van cumpliendo sus sueños y eso es algo muy lindo”.

Sergio Heinze, 40 años, dijo que “Tres años parecía mucho cuando empecé, pero pasaron volando. Lo tomo como un logro personal, agradeciendo a mi familia que me apoya e incluso me ayuda con las tareas. Tengo tres hermanas mujeres, ellas pudieron estudiar en Crespo, a mí se me complicó y ahora surgió esta posibilidad Es lindo pero sacrificado; muchas veces uno duda si venir o no, pero hace el esfuerzo”.

Darío Heinze, 37 años, opinó que “Parecía una meta difícil, en mi caso era una cuenta pendiente porque había empezado el secundario y lo abandoné. Con el tiempo me di cuenta de su importancia, y por eso cuando me informaron de esta oportunidad no dudé un segundo. Primero con timidez, de si iba a poder o no, pero las cosas se fueron dando afortunadamente. Me fue bien, nos fue bien a todos y estamos orgullosos. Lamentablemente algunos compañeros quedaron en el camino, pero la mayoría llegamos al final”.

La entrevista se dio en el marco del festejo del último Día del Estudiante compartido por el grupo de futuros egresados, con una mezcla de nostalgia por esa situación entre sus integrantes. “Se va a extrañar todo esto. Uno aprendió a disfrutar el momento. Ojalá el grupo se mantenga y nos podamos seguir juntando incluso cuando esto termine”, dijo Darío.

Ángel Espindola, 48 años, también se mostró feliz por la iniciativa de la que forma parte. Indicó que “Es un proceso que se termina, con mucho sacrificio de todos. Tenemos gente de distintas edades. En mi caso lo hago para incentivar con el ejemplo a las nuevas generaciones. Se dio la oportunidad, nos subimos al tren y estamos cerca de terminar. Es un logro para mí y para mi familia, porque peleamos entre todos para terminar y lograr el objetivo”.

El sacrificio y la voluntad es el denominador común en todos los integrantes del grupo que está por terminar sus estudios. Un grupo sincero, voluntarioso, donde el “nosotros” puede más que el “yo”. Todos aportan su granito de arena para un objetivo común. Estar en las buenas “pero en las malas mucho más”, es la consigna que todos pregonan. Nada les resulta fácil, pero con voluntad van sorteando las dificultades.

Satisfacción del cuerpo docente

El cuerpo de profesores siente como propio el logro de sus alumnos, porque en estos tres años, en el día a día, aprendieron a convivir con sus alegrías y tristezas, miedos, frustraciones y pequeños logros que se convertirán ahora, finalmente, en una feliz realidad.

Trabajan en la institución la directora Susana Schrooh, el preceptor Iván Rosenbrock y los profesores Daniela Blase, Gabriela Repp, Leonela Albornoz, Jorgelina Welsch, Milagros Benito y Elizabeth Schermer.

El preceptor es el Profesor de Educación Física Iván Rosenbrock, 30 años. Y la particularidad es que el docente, que viaja todos los días desde Paraná, es más joven que todos sus alumnos. Confirmó que serán nueve los egresados y que hubo quince alumnos en el inicio y por distintas razones algunos abandonaron en el camino.  “Conocí un ambiente totalmente distinto al que veo en Paraná, acá vienen a querer superarse y las diferencias son notorias. Viajo todos los días, es sacrificado, son más de 60 kilómetros ida y vuelta, pero lo hago por pasión. Admiro el sacrificio de los alumnos y el empeño, que se contagia. Uno conoce otra realidad, la de luchar con los caminos, por ejemplo, ver si llueve o no, sabiendo que a veces las cuestiones climáticas nos superan. En la ciudad no se tiene idea muchas veces de estas cosas”.

El docente, además, da TIC’s. “Tiene una importancia enorme este tema. Es muy complicado, porque lo abordamos con gente que nunca estuvo relacionada con la tecnología. Mi meta es lograr que puedan superarse y que si alguno quiere seguir una carrera terciaria, puedan hacerlo, al menos a distancia. Es fundamental que puedan desenvolverse. Hacemos lo que podemos, intentando una y otra vez, sabiendo que el contexto no es sencillo pero que con buena voluntad todo se hace más sencillo”.

Gabriela Repp, Profesora de Macroeconomía, Teoría y Gestión de las Organizaciones y Práctica Impositiva y Legislación Laboral, comentó que “Ha sido una gran experiencia y la continuidad en los años, en mi caso, se dio precisamente por eso, por ser una experiencia gratificante. En la educación secundaria el alumnado rural tiene características diferentes al de las zonas urbanas. Hay otros vínculos y la experiencia docente se enriquece desde otro lugar”.

Leonela Albornoz, docente de Derecho Comercial y Sistema de Información Contable, es de Crespo y también viaja todos los días. “Es mi primera experiencia como profesora. Lo climático no es sencillo, a veces uno no sabe si habrá clases o no. Me respetaron siempre los alumnos, nunca nadie se desubicó y las clases las preparo más bien prácticas, para que no sean pesadas, para que sean más llevaderas para gente que llega cansada después de muchas horas de trabajo. Valoro mucho ese sacrificio y por eso los admiro a cada uno de ellos”.

Daniela Blase es la docente de Matemática, y viaja todos los días desde Aldea María Luisa. Planteó que “Trabajo en primaria y secundaria de adultos y por eso ya conocía la modalidad. Conozco todo y siempre digo que a los adultos no los cambio por nada. Es una relación hermosa que se da y que no pasa con los adolescentes”.

Una historia de superación

Entre los estudiantes está Paola Bernhardt, cuya familia sufrió el incendio de su vivienda el pasado 7 de julio  afectando gran parte de la casa que comparte con su esposo Elvio Schneider. Paola es abanderada del curso y comentó a Paralelo 32 que “Es la oportunidad que de otra manera nunca se hubiera dado, porque es imposible pensar en estudiar en otra ciudad teniendo familia e hijos. Es un anhelo que logro cumplir ahora, una oportunidad que no quise desaprovechar. Empecé el primer año embarazada, pasé todo ese proceso maternal en la escuela. Para lograr cosas hay que hacer sacrificios, es un dar y tomar. Mis compañeros siempre estuvieron, no sólo ahí, sino también en momentos difíciles que ocurrieron, como el incendio de mi casa”.

Reconoció que “Todos hacemos sacrificios, somos gente de campo que trabaja todo el día, que se levanta temprano y deja horas de descanso para cumplir con la escuela también. En tres años pasan muchas cosas, de las buenas y las malas. Conmigo siempre estuvieron”, reconoció.

La importancia de que la propuesta continúe

La duda es si el proyecto continuará el año próximo. Si tienen matrícula –por ahora parece difícil- seguirá. Y si no el punto seguido cambiará por un punto final para la iniciativa educativa.

“Ojalá más gente se anote, para no desaprovechar esta oportunidad. Nada es fácil, pero tampoco es imposible”, coincidieron todos.

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