** Fue un garrón que San Martín no tuviera buenos sistemas de comunicación para coordinar sus batallas. Fue una suerte que San Martín no tuviera buenos sistemas de comunicación para coordinar sus batallas. Fue un bajón que Romeo, Julieta y el Sacerdote no tuvieran Whats App, en cuyo caso habrían evitado el malentendido y la tragedia. Fue una suerte que Romeo, Julieta y el cura no tuvieran Whats App, porque nos hubiésemos perdido una de las más impresionantes tragedias literarias de todos los tiempos. De éstos hay ejemplos infinitos, porque toda acción tiene sus pro y sus contra.

** Nada peor que contar el final de una obra teatral, pero a este lo sabemos todos. La noche que Romeo es desterrado va a la casa de Julieta y consuma el matrimonio, entonces parte hacia Mantua, donde esperará noticias del sacerdote para poder volver.

El padre de Julieta fija la boda de su hija con un tal Paris en el plazo de pocos días, sin contar con el consentimiento de ella. Todo para atrás. Entonces Julieta, para escapar de un marido al que no amaba, acuerda con el sacerdote que ella se tome un líquido que la dejará dormida como si estuviera muerta hasta que su amado Romeo pueda reunirse con ella.

El chambón nunca llegó        

** El sacerdote envía una carta a Romeo –no un mensaje de Whatsapp; carta– para hacerle saber el plan, pero el recado no llega a su destino. Cuando el muchacho se entera por otros medios que ella está en una tumba, compra un veneno y se va hacia ella. Una vez allí toma el veneno y cae. Cuando Julieta despierta lo ve allí muerto y no pudiendo soportar el dolor se suicida con un puñal. Termina la obra con un monólogo del príncipe en el que pide la reconciliación de las dos familias para que la muerte de sus componentes al menos no fuera en vano.

** Con la mensajería digital que conocemos, el final habría sido muy distinto, pero las siguientes generaciones de Montescos y Capuletos seguirían odiándose a muerte. Lo cierto es que ellos solucionaron sus odios ancestrales cerrando la grieta que los separaba, aunque el mundo (y particularmente la Argentina) se empeñaría durante los siguientes 420 años en crear divisiones nuevas.

** Quizás si el cura se enteraba a tiempo que su carta no llegó a destino, habría pensado en alguna alternativa, porque la falta de recursos obligaba a la creatividad, pero esa posibilidad no existió para este par de amantes locos. Sí para el General San Martín, que se las tuvo que ingeniar muchas veces para burlar a los cazadores de mensajes que tenía el enemigo, y él mismo los tenía en sus filas para saber qué se proponían los realistas. Más adelante relataremos una de estas anécdotas o breve historia sin contaminación digital.

Selfies a morir, a la hora de partir                 

** Cada movimiento en la vida de los seres humanos. Cada pensamiento. Acto accidental o planificado. Nimio o trascendente. La conquista de un amor o un desencanto amoroso… es posible de ser comunicado en tiempo real a un gran número de personas a través de las redes sociales. El primer mensaje comercial SMS fue enviado por la red GSM el 3 de diciembre de 1992 en Estados Unidos y su texto fue Merry_Christmas (Feliz Navidad), pero en el año 2000 aún había pocos usuarios y el número medio de mensajes por cliente era de 35 al mes. Esto ocurría apenas 17 años atrás.

** Al cumplirse el martes 24 de enero los 200 años del inicio de una hazaña militar que marcó a la América del Sur; el cruce de los Andes del Ejército del más grande estratega, General don José de San Martín, se puede pensar en todas las dificultades que ha tenido que sortear por falta de tecnología comunicacional, pero también en tantas otras que esa carencia le evitó. Esto sucedía 183 años antes del uso masivo del mensaje de texto.

** Si dos siglos atrás San Martín no pudo guardar el secreto de su misión –aunque sí el de su estrategia-, es obvio decir que si aquella gesta se hiciera en el presente, los primeros pasos de sus 4.080 hombres serían filmados por mujeres e hijos de los soldados, mediante dispositivos móviles, transmitido en directo y viralizado a millares o millones. Es más; como nunca falta un buey corneta, algún soldado llevaría un celu oculto y contaría detalles de la travesía a sus contactos. Pero el enemigo no necesitaría ni siquiera eso, disponiendo de satélites espías.

El Gran Capitán en Twitter                                         

** En ocasión de este bicentenario, el diario Los Andes, de Mendoza, tuvo la idea de encarar un experimento social media poniendo en manos del Padre de la Patria un dispositivo móvil con una cuenta de Twitter, hashtag @ LAEpopeya, para que cada día, desde el 19 de enero hasta el 8 de febrero, nos transmita en 140 caracteres los detalles de la Gesta Libertadora a medida que avanza entre las piedras con rumbo a Chile.

** Los textos que podremos leer en un máximo de 140 caracteres surgen, obviamente, de material histórico disponible y un recorrido que un grupo de periodistas está haciendo en tiempo real para relevar datos del territorio. Esta puesta on line, además de educarnos ayuda a pensar qué tan diferente hubiera sido la vida de San Martín disponiendo la tecnología que en el presente simulamos (simula el diario Los Andes) poner en sus manos.

** Toda esta tecnología de la que disponen hoy los ejércitos es vulnerable aun cuando funciona bajo códigos secretos, pero eso también sucedía en los viejos siglos cuando a falta de tecnología había que poner ingenio. Y el espionaje es tan viejo como la humanidad.

** Se cuenta que, esperando el momento propicio para entrar en Lima, capital del Perú, San Martín estableció su campamento en Huaral. En Lima contaba con numerosos partidarios de la Independencia; pero no podía comunicarse con ellos porque las tropas del general José de la Serna, jefe realista, detenían a los mensajeros.

** Una mañana el general San Martín encontró a un indio alfarero. Se quedó mirándolo un largo rato. Luego lo llamó aparte y le dijo; -¿Quieres ser libre y que tus hermanos también lo sean? -Sí, usía… ¡cómo no he de quererlo! – respondió, sumiso, el indio. -¿Te animas a fabricar doce ollas, en las cuales pueden esconderse doce mensajes? -Sí, mi general, ¡cómo no he de animarme!

Poco tiempo después Díaz –apellido del alfarero- partía para Lima con sus doce ollas mensajeras disimuladas entre el resto de la mercancía. Llevaba el encargo de San Martín de vendérselas al sacerdote Luna Pizarro, decidido patriota.

¡A comerla, de la Serna!         

** La contraseña que había combinado hacía tiempo era: “un cortado de cuatro reales”. Grande fue la sorpresa del sacerdote, que ignoraba cómo llegarían los mensajes, al ver cómo el indio quería venderle las doce ollas en las que él no tenía ningún interés. Díaz tiró una de ellas al suelo, disimuladamente, y el sacerdote pudo ver un diminuto papel escondido en el barro.

– ¿Cuánto quieres por todas? Preguntó al indio.

— Un cortado de cuatro reales -respondió Díaz, usando la contraseña convenida. Poco después, el Ejército Libertador usaba esta nueva frase de reconocimiento: “Con días y ollas… ¡venceremos!”

** De qué nos vamos a asombrar, si cuando nuestro país celebró el centenario del cruce de aquella gesta gloriosa, mucho no habían cambiado las comunicaciones.  Don José de San Martín murió en 1850 y recién en 1876 el impostor Alexander Graham Bell patentó una versión ligeramente mejorada del teléfono que había inventado Antonio Meucci cuando Graham Bell tenía solo 7 años de edad.

¿A quién le importa 115 años después?                    

** Probablemente en las escuelas se continuó y aún se continúe enseñando el nombre de Graham Bell, además ya nadie podrá sacarlo del pensamiento colectivo: Teléfono = G. Bell, sin vuelta de hoja.

El ingeniero mecánico Meucci hizo la primera versión del aparato en 1854 pero no tenía los 250 dólares que costaba patentarlo en los EEUU. Solo pudo pagar los 10 dólares anuales que costaba el aviso de invención. Años más tarde dejó de pagarlos y la patente quedó libre. Graham Bell patentó una versión ligeramente mejorada.

** La patente de Bell fue anulada por fraude y falsedad el 13 de enero de 1887, una sentencia que más tarde confirmó la Corte Suprema de Justicia. Pero recién en 2002 el Congreso de los Estados Unidos declaró formalmente que Meucci fue su inventor. Los mensajes del Padre de la Patria tardaban semanas en llegar. La justicia, en algunos casos, más de un siglo.

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