Crespo.- El empresario Ricardo Campagnoni es un típico emprendedor, que a partir de su conocimiento técnico sobre bobinado de motores (Bobinado es un arrollamiento de hilos metálicos en la parte interna de un motor eléctrico que crea campos magnéticos para regular la velocidad. Bobinar un motor es la reparación del bobinado, N. de R.), en base a búsquedas por cuenta propia y buenos asesoramientos, pasó del taller de reparaciones a una fábrica automática de motores eléctricos, cortadoras de césped y extractores de aire. Oriundo de Gilbert (departamento Gualeguaychú, llegó a Crespo en 1983, buscando labrarse un futuro.

Empezó a trabajar en el garage de 25 de Mayo (ahora Otto Sagemüller) 1248, donde también se inició con su producción de baterías Aurelio Wendler. “Arranqué el 10 de diciembre de 1983, el día que comenzó la democracia; me dieron la conexión de luz e hice la inscripción en la Municipalidad. Después de recibirme de técnico bobinador, empecé el oficio, y conocí un muchacho de Urdinarrain, Clauser, que también es bobinador. Estábamos con la intención de irnos con otro muchacho a Gualeguaychú para poner un taller de bobinado allá. Un día estoy en uno de los talleres mecánicos que hay en Gilbert”

–  ¿Trabajando como empleado?

— Trabajando como amigo, me habían dado un lugar. Había salido del servicio militar y estaba buscando dónde entrar a trabajar. Un sábado por la tarde llega un muchacho en un Citroën, con patente de Crespo.

–  ¿Hasta ese momento no sabía nada de Crespo?

— No, había viajado alguna vez a Paraná, pero no sabía nada de Crespo. Y le pregunto al muchacho, que andaba con su familia, ‘¿qué tal es Crespo?’. Y me dice ‘al que tiene ganas de trabajar le puede ir muy bien’. Ese señor es ‘Gorila’ Hess. Y bueno, ese sábado, me voy a ‘andar de novio’ a Basavilbaso. Tenía una zanellita y le cuento a Mónica, y ella a su padre, que trabajaba en el ferrocarril. Él tenía un conocido que se puso en contacto con don Micieslao Trembecki y me llamó. Me vine a Crespo a hablar, ellos necesitaban que les hicieran trabajos de bobinado. La segunda vez que viajé, ya vine con todas mis cosas y empecé con Trembecki, desde mayo hasta diciembre de 1983. Ellos desarmaban las ‘bochas’ de heladeras con su gente, y yo bobinaba. Así estuvimos de mayo hasta diciembre. Me empezaron a llevar trabajos de afuera también y no quería entorpecer el trabajo de la firma, porque me habían dado el lugar y los materiales, todo para que yo empezara a trabajar. En noviembre, estuve viendo el local de calle 25 de Mayo y le dije a Trembecki que me iba retirar de la empresa, porque tenía más trabajo. Me dijeron que no había ningún problema y que me llevarían todo el trabajo de ellos a mi taller. Así empecé a bobinar por mi cuenta, con el trabajo de Trembecki más lo que me venía de afuera. En esa época estaban Racionave, Paúl con la gomería y la fábrica de neumáticos, el Sanatorio Adventista me llevaba muchos motores. Después empecé con La Agrícola Regional. Tenía mucho trabajo. Estaba ya en 1985, más o menos.

–  O sea, empezó de cero en 1983 y en dos años tenía mucha clientela.

— Ya tenía muchos clientes. En esa época nadie reparaba ventiladores de pie. Con mi señora, nosotros lo hacíamos y encontramos la técnica para hacerlo rápido. Mi mujer aprendió el oficio conmigo y mi hija mayor, Laurita, que también estaba en el taller. En el transcurso del tiempo hicimos muchas más cosas. Un hombre de Santa Fe, que tenía la casa de repuestos “Radio Tucumán”, me vendía todos los repuestos. La gente que reparaba televisores lo conocía. Él era dueño y viajante de su empresa, recorría toda la provincia. Un día me dice ‘Ricardo, ¿por qué no me fabricas las impedancias (resistencias en circuitos de corriente alterna, N. de R.) para los ventiladores? Tengo un amigo que corta la chapa, otro con carretel, y vos bobinalo’. Me habló de una máquina que hacía bobinados múltiples. Empecé a buscar y al kiosko de Miranda llegaba la revista ‘Segundamano’, que traía avisos clasificados. Salió una máquina en La Plata, me contacté con el dueño, junté la plata y me fui a Buenos Aires. Con un tío de mi esposa fuimos a La Plata, vi la máquina, estaba impecable, tenía poco uso. La compré, la traje a Buenos Aires, desde Buenos Aires a Crespo por transporte. Con esa máquina yo había juntado la laminación y carreteles.

–  ¿Con esas máquinas empezó a fabricar impedancias?

— Sí. Hice las impedancias de tres velocidades, para ventiladores de pie, y de cinco velocidades, las cajitas que van en la pared, para ventiladores de techo. Así, empecé a ser proveedor de Radio Tucumán. Eso fue por 1987 o 1988.

Avanzando

–  ¿El salto cuándo lo da?

— En 1989, con mi amigo Clauser, nos fuimos a Buenos Aires. Yo siempre busqué ir acomodándome, según cómo le iba al país. Tenía clientes y conocidos, vi una empresa con matricería muy grande. Eso me marcó, cuando vez una fábrica tan grande. Compramos los primeros chasis de matricería de cortadoras de césped. Pasamos por otra firma que hacía núcleos de motores. Recorrimos las fábricas de autopartes. Eran muchas fábricas en el circuito de cortadoras de césped que no logró destruir el sistema. Logré juntar todos los elementos, chasis, tapas, extractores, ejes, comprando en distintos lugares. Daniel Kranevitter torneó los primeros extractores y tapas, y así empezamos a armar los primeros motores de cortadoras de césped. Tuve la suerte que LAR me comprara las primeras cortadoras.

–  ¿Era ensamblaje de partes que fabricaban otros?

— Era un ensamblaje de partes que iba comprando. Así fuimos evolucionando en la producción de motores eléctricos. Después me instalé en Avenida Ramírez. Ya en ese momento, se venía la onda de los ventiladores. Habían traído ventiladores de Junín, y entré en esa rama de producción. Seguí haciendo las cortadoras pero me propuse diversificar la actividad con nuevos productos. Hicimos los primeros ventiladores, en Las Delicias fundían el aluminio, con mi torno empezamos a tornear las primeras poleas. En ese momento, había otra familia que estaba fabricando ventiladores, acá en Crespo. Después no siguió el negocio, y un hijo me vendió algunos dispositivos para hacer los ventiladores. Eran muy modernos. Pero me dije que esa forma como lo fabricaron ellos, no iba a ser muy competitivo. Me contacté con matriceros de San Francisco que me hicieron la matricería a partir de lo que yo les indiqué. Primero están las matrices y luego vienen las demás herramientas, como plegadoras de chapa y balancines. Ya estaba en una etapa más industrial en la producción.

–  ¿Tuvo que recurrir al crédito para sus inversiones?

— Tuve un crédito del Banco de Entre Ríos y después, muchos créditos a sola firma del Banco Nación. Pero el más importante, fueron cien mil dólares en tiempos de la convertibilidad, del Consejo Federal de Inversiones, hacia el año 2000, más o menos. Ese crédito me permitió desarrollarme. Ya para entonces, veía que no podía seguir en Avenida Ramírez, hacía mucho ruido y era complicado con los vecinos. Fue en el período de Darío Schneider como intendente y el contador Héctor Eberle. Hice una solicitud y compré un terreno en el Parque Industrial. Me dieron un terreno junto a MTH. Le pregunté a Mario Trembecki si tenía inconvenientes que compre ahí, me dijo que no tenía ningún problema. Compramos ese predio y fue un desafío grande construir porque pasaba a un terreno de una hectárea: 87 metros de frente por 114 de fondo. Lo perimetré, lo foresté y ahora tengo dos naves de 500 metros cuadrados cada una con oficinas de 150 metros cuadrados con posibilidad de construir hacia arriba.

Inversiones

–  ¿Qué está fabricando ahora?

— Pude acceder a tecnología importante en la época que muchas fábricas cerraban. Vino un día un amigo a hacer un transformador. Yo había empezado a juntar información sobre bobinado automático. Este cliente, Carlos Wolf, mientras estábamos haciendo el trabajo íbamos hablando. Me contó que un tío trabajaba en una fábrica que hacía motores eléctricos automatizados. El tío era Osvaldo Palomino, ya fallecido, encargado de mantenimiento de Tul Research, subsidiaria de General Electric. Tenía máquinas que ya no se hacían más. En esa época, antes del 2000, salió un remate en Buenos Aires y compré tres máquinas. Una de las máquinas no tenía una herramienta de transferencia que permitía hacer todo automático. Cuando tuve las máquinas en Crespo, Palomino me puso las máquinas en condiciones. Tul Research era la fábrica que producía los motores Fader, ‘palabra mayor’ en su tiempo. Palomino me dijo que hiciera un ofrecimiento a la quiebra, para comprar un cabezal que necesitaba. Vinieron y me instalaron la máquina. Con estas compras ya tenía lo necesario para producir motores eléctricos.

–  Hasta acá veo, por su relato, que hacen falta dos cosas: tener muchas ganas y saber relacionarse con la gente que tiene datos.

— Claro, hay que buscar mucho. Cuando hablé sobre los créditos a 6 meses en Banco Nación, en ese momento nadie compraba máquinas. Pero yo tenía toda la información de lo que valían en el mundo esas máquinas. Palomino me iba asesorando: ‘hoy te hace falta esta máquina, mañana comprá esta otra’. Compraba las máquinas en el transcurso de seis meses, y así hasta que me fui armando toda la línea de bobinado de Fader.

–  O sea, lo que era Fader está en Crespo.

— Sí, está en Crespo. Toda la tecnología para bobinar la tengo yo. Era encontrar el momento y una vez que lo encontraste, lanzarte.

Invertir en la industria

–  En esos momentos, fines de 1990 y comienzos de 2000 se estaban cayendo industrias. Ud. iba contra la corriente, invirtiendo. ¿Por qué?

— Yo creo que el país no puede dejar de lado la industria. Un país sin industrias no es nada. Y el gran logro mío, fue encontrar personas como Palomino, que me asesoraron. De la quiebra de Tul, salieron muchas empresas. Otra parte de esa fábrica se fue a Rafaela. Cuando a mí me sale un crédito del CFI hice un ofrecimiento por otra máquina pero era poco, y la máquina se fue a Rafaela. Mientras iba comprando máquinas, las tenía depositadas en un predio, hasta que las armé y luego me fui al Parque Industrial. Me faltaba una prensa para hacer los motores eléctricos. En eso, me contacté con la firma Iparex, y le compré la prensa con una entrega y el resto me lo financiaron. La prensa es muy grande, la cargaron en un carretón, llegó a Crespo. Había una grúa en LAR que estaba haciendo los silos y conseguí otra grúa. La prensa pesa 26 mil kilos. Había hecho la base del galpón donde debía colocar la prensa. Las dos grúas la maniobraron y la colocaron, y estuvo en su lugar mucho tiempo sin techo, porque estaba construyendo todavía el galpón. Mientras, me fui organizando en la empresa.

–  ¿Cuándo comenzó a trabajar en el Parque Industrial?

— Más o menos, a  mitad de año del 2004. Hasta el 2008 crecí y crecí. No podía seguir porque estaba solo con mi familia, paré de hacer y me dediqué a terminar las cosas que había comenzado: terminar el segundo galpón, construir las oficinas. Decidí terminar de invertir en la infraestructura. Hasta ahí había estado comprando máquinas y más máquinas.

–  ¿Cuántos empleados tenía hasta ahí?

— Siempre tuve poca gente, trabajaba en familia. Es un tema que siempre está pendiente crecer y hacer mucho más con la inversión que tengo.

–  ¿Los hijos están siguiendo?

— Me acompañan en los proyectos que hago, no están permanentemente involucrados en la empresa hoy. Pero están acompañando. La transición va a ser para delegar en algún momento.

– ¿Su crecimiento empresario tuvo mucho que ver con buscar y leer sobre máquinas y tecnologías?

— Leyendo y buscando, y mucho amor propio. Bobinar me gustó toda la vida. En la escuela técnica de Gualeguaychú se podía hacer carpintería, tornería y bobinado. En bobinado fui de la primera promoción. Iba a ser tornero, pero en mis condiciones me planteaba ‘¿cuándo voy a llegar a comprarme un torno? El torno era algo que estaba fuera de mi alcance mental, no cualquiera lo tenía. Cuando me explicaron el tema del bobinado, me gustó. Teníamos un lindo grupo de estudiantes, y lo más fantástico fue encontrarme con este amigo, Clauser, que vive en Urdinarrain.

Fábrica automática

–  ¿La empresa, hoy por hoy, está asentada?

— Sí, está asentada. No tengo deudas y el mercado está lindo. Tenemos muy buena clientela. Trabajo con dos empleados y también está mi familia, mi esposa, y mis hijas que me acompañan. El hijo más chico se inclinó por la ingeniería mecánica, se fue a Santa Fe. Ya está en quinto año y con muy buenas calificaciones.

–  Por la escasa cantidad de empleados es una fábrica automática.

—   Esa fábrica, en las condiciones que la pusimos en marcha es para producir muchísimo. Estas unidades de producción, cada equipamiento realiza unas cincuenta operaciones. Está pendiente cómo puedo llegar a resolverlo. Mi pasión siempre fue fabricar motores. Nunca le busqué la vuelta para producir en gran cantidad. Es una apuesta para el futuro, porque la fábrica cuando estaba funcionando, tenía producción de 2 mil a 2.400 motocompresores diarios. Es una fábrica de alto vuelo.

–  ¿Es lo que podría producir acá?

—  Esa fábrica estaba montada para producir las ‘bochas’ de heladeras. Tenía un conjunto de operaciones que hacía todo el motocompresor. Yo la apliqué para la cortadora de césped. Debo encontrar la forma de ‘darle de comer’. La etapa siguiente es hacer crecer la fábrica.

–  ¿Tiene mercado para crecer?

—  Creo que sí, la fábrica de cortadora de césped tiene mucho espacio. Hay fabricantes y hay que buscar más clientes. En este momento, estamos en parte de Santa Fe y Corrientes, también tenemos clientes en Formosa y Chaco. No hemos entrado en Buenos Aires y el sur o el oeste. Ahora el tema es crecer y veremos cuándo pasar la posta a la nueva generación.

–  ¿Los hijos están interesados en la empresa?

—  Sí, están interesados. En casa, cuando se hacen asados de lo que se habla es de fierros.

Consejo de emprendedor

–  Mirando a la distancia, con su experiencia, a los jóvenes que están saliendo con una formación técnica ¿qué les aconseja?

— Lo que tienen que decidir primero es apuntar a lo que quieren hacer. Y una vez que apuntaron a su objetivo, tenés que darle. Un objetivo y seguirlo, y no desviarse, porque donde uno titubeó… no puede aflojar. Lo que emprendí siempre le puse mucha garra, mucho esfuerzo y con el acompañamiento de mi familia, nunca hubo una palabra de desaliento. Para la juventud, hay que mirar lo que uno quiere hacer y siempre apuntarle ahí. Lo de la escuela técnica es fantástico porque salen chicos muy capacitados.

–  ¿Fue siempre de tomar decisiones seguras o se arriesgó?

—  Las decisiones que tomé fueron siempre seguras. Un amigo me dijo en una oportunidad, que a mí me dio resultado. Me dijo: ‘si llegaste a un punto, que lograste tener tu emprendimiento hecho, después no lo rifés’. En el transcurso de 2008 que debí parar y había llegado a lo máximo que pude dar. El desafío para adelante es cómo generar más trabajo, es una tarea de ingeniería que debo hacer. Mi objetivo siempre fue fabricar motores y no vender. Aunque no lo hicimos mal porque a pesar de las ondulaciones de la economía, la empresa siempre fue creciendo.

–  ¿Cómo ve el desarrollo del parque industrial?

—  Hoy el parque industrial está muy lindo, ha crecido un montón. Tiene vida propia, se ve lindo. La gran movida fue cuando se hizo el pavimento en el anillo central, y se fue completando también con el gas. Hay gente de mucho esfuerzo, muchas horas de trabajo para las industrias. Imponerlo y hacerlo.

 

Quién es

Ricardo Celestino Campagnoni nació en Gilbert (departamento Gualeguaychú) el 9 de enero de 1961; pronto a cumplir 56 años. Desde 1985 está casado con Mónica Graciela Starodub, oriunda de Basavilbaso. Tiene cuatro hijos, Laura, Eliana, Martín y Miguel y dos nietos, uno de cada hija. En la escuela técnica de Gualeguaychú se recibió de técnico auxiliar bobinador. Laura y Martín son ingenieros, Eliana tiene su emprendimiento propio y Miguel está en 5º año en ingeniería.

El padre, Martín Ricardo Campagnoni, murió en un accidente de caza antes de nacer el entrevistado. Su madre, Juana Rosa Ramos, estaba embarazada de 3 meses, era enfermera y luego de enviudar volvió a casarse. De esa segunda familia, Campagnoni tiene tres hermanos menores: dos mujeres y un varón. Recuerda que su infancia, luego de la muerte del padre fue “de mi casa al hospital, donde trabajaba mi mamá; a los cuatro años era el nene mimado de todos en el hospital

La empresa

Ubicada en el Parque Industrial de Crespo, la empresa Campagnoni es una fábrica con tres líneas de producción: motores eléctricos “Campagnoni”, ventiladores y extractores de aire para galpones avícolas “Air Tec”, y cortadoras de césped y bordeadoras “Charihué”, que “es el nombre de una isla frente a Rosario y me gustó”, dijo Campagnoni durante la entrevista.

La firma tiene página web propia, campagnoni-er.com.ar, donde publicita las características técnicas de su producción

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