Hay que mantenerlos bien lejos

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“El viernes 9 de febrero, a dos días del final de la precampaña en el país, el líder estatal de un partido minoritario en el Estado de México, Vicente Onofre, fue baleado y resultó herido. Al día siguiente, el precandidato a una alcaldía en el estado de Puebla, Francisco Lenin Portal Sánchez, fue atacado a balazos también cuando iba a bordo de su vehículo. Portal Sánchez salió ileso. Pero otros no corrieron la misma suerte”.

Una semana antes de estos ataques fue asesinado Francisco Rojas San Román, precandidato a la alcaldía de Cuautitlán Izcalli. Y antes de él murió baleado en Oaxaca el exlíder municipal Teodoro Ortiz Barragán. Tan solo en enero 2018 fueron asesinados cinco líderes políticos, consignan las noticias procedentes de aquel país infectado por el narcotráfico.

En total, desde que el periodo electoral empezó oficialmente a nivel federal el 8 de septiembre hasta el final de la precampaña el 11 de febrero, fueron asesinados por lo menos 19 políticos locales entre alcaldes (electos o en funciones), exalcaldes o precandidatos a presidente municipal. La Asociación Nacional de Alcaldes atribuye buena parte de la violencia a “mafias” que “quieren enviar un mensaje de miedo a los candidatos o a los dirigentes en funciones para afianzar su control sobre territorios disputados”.

Generalmente los políticos son baleados por dos causas; porque combaten a los narcos o porque hacen negocios con ellos y no los cumplen, o dejan de serles útiles.

¿Qué tiene que ver esto con nosotros, que vivimos en la Argentina? Tiene que ver con cada país donde se facilita el arraigo de los narcotraficantes, que necesitan apropiarse del poder político para hacer sus negocios. Y si tienen que matar para lograr sus propósitos, matan. Después de todo es su especialidad.

La Argentina había comenzado a ser un paraíso para ellos, con canales abiertos en Aduana para el tráfico internacional y hasta con libre importación de efedrina en connivencia con el Sedronar, que debía impedir ese delito.

En los últimos años empezaron a ir presos en nuestro país traficantes de renombre internacional y hay récord histórico de secuestro de estupefacientes. Es difícil saber si estamos a salvo de ellos, pero bueno saber que las cosas les están resultando más difíciles.

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