Gervasio Villa Romero, logró adaptarse a distintos instrumentos y géneros musicales y continúa con su construcción artística

Victoria.- Es uno de los tantos jóvenes formados en la Escuela Justo José de Urquiza de esta ciudad. En algún momento de su vida sintió que la música era lo suyo, menciona la escuela como esa segunda casa tan propia como de todos, allí estudió y se formó musicalmente y también, pegadito y muy cerca de la escuela, trabaja, porque forma parte de la Banda de Música Sebastián Ingrao. En la charla con Paralelo 32 cuenta cómo nació su pasión por la música y cómo recorrió cada rincón uno de esos espacios creativos por los que anduvo.

Gervasio (29) actualmente es músico de la centenaria banda de Música Sebastián Ingrao -en donde es empleado municipal jornalizado-, tuvo una corta experiencia como docente y también dicta clases particulares de música, pero antes tuvo un proceso de aprendizaje en la Escuela Justo José de Urquiza, donde afirmó sus conocimientos y encontró su verdadera vocación. No encuentra antecedentes cercanos en la familia como para decir que su pasión por la música tiene ese hilo conductor genético, pero recuerda que alguien alguna vez le aconsejó a su madre a que pusiera música cuando él se tornada inquieto o estaba de mal humor, “eso fue por lo menos lo que me contaron, porque yo era muy chico, pero hasta llegaron a ponerme auriculares para que escuchara y según me cuentan el método funcionaba, me entretenía y quedaba en paz con eso” (risas). Agrega que “era bastante hiperactivo, había pocas cosas que pudieran concentrarme y la música lograba calmar tanta energía o ansiedad”. También recuerda que fue una profesora la que le dijo a su madre que ese método podía funcionar y evidentemente dio resultado, porque desde momento sus padres y su abuela, que también lo cuidaba, se enfocaron en eso.

Por casualidad o porque efectivamente algo tuvo que ver la recomendación que siguieron sus padres, a Gervasio le gustó siempre la música, desde muy chico tuvo, walkman, se instalaba con sus auriculares y cuenta que escuchaba música y material de fines de los ‘70 , de los ’80 y ’90 que tenían sus padres: Eros Ramazzotti, José Luis Perales, Juan Luis Guerra, Juan Gabriel , Isabel Pantoja, en esa línea de intérpretes melódicos, entre otros tantos de la época. También tuvo instrumentos musicales de juguetes que resultaron un estímulo contundente. Lo particular del caso es que Gervasio ejecuta cualquier instrumento musical y se sumerge a develar los misterios y secretos que puede llegar a tener; esto se debe, según él, a que ha estudiado y profundizado conocimiento de cada uno, pero… para que cualquier terapeuta vaya tomando nota, se puede afirmar que la música puede tener ese remedio que ni los laboratorios ni ninguna otra droga puede asegurar en estos tiempos de niños medicados, que se mueven más de lo que los padres consideran ‘normal’.

“Tenía cerca de 3 años y me pasaba todo el día con un pequeño teclado y un acordeón, las dos cosas de juguete, me las habían comprado mis padres, cuando fui un más grande: de 4 o 5 años me llevaron a las primeras comparsas de Ricardo Brambilla y ahí empecé a incursionar en la parte de percusión,  para los 6 años ya estaba empezando el conservatorio de piano –había ido a dos-,  y por mi cuenta aprendí a tocar el acordeón que tenía un amigo de la familia, hasta que mi papá me compró uno, que era difícil de tocar, pero igual yo estaba todo el día metido, intentando tocar algún chamamé, mientras seguía esperando poder ingresar a la escuela municipal de música para la que hay que tener 10 años cumplidos, como actualmente se aconseja”. Así describe casi cronológicamente cómo su vida se fue encausando para el lado de la música y cómo fue mejorando y avanzando sobre lo que aprendía.

Siendo más grande llegó el momento mejorar la calidad de sus instrumentos y se compró un acordeón a piano de 80 bajos que tiene hasta la actualidad, con el paso de los años y sus avances con los parches decidió -con mucho esfuerzo- comprar una batería. Mientras descubría un instrumento, se metía de cabeza a estudiar, también llegó el momento de intentar con el saxo y relata que cuando ingresó a la escuela de música en el ’99, había pocos instrumentos y muchos chicos, y era bastante difícil  todo, había que tener mucha paciencia, ganas de aprender y también tener suerte, porque no dependía solamente de elegir.

“Cuando ingresé a la escuela salí sorteado con el instrumento que a mí me gustaba, el saxo, y así hice todo el recorrido de la tecnicatura, después pude perfeccionar en Rosario en un trayecto universitario, aún sin recibirme de la escuela secundaria, porque no me impedía estudiar música y pude incorporar cosas nuevas; ahora en la tecnicatura de música estoy aprendiendo a tocar violín, y también curso el profesorado de música, tengo algunas materias pendientes y después que pueda rendir, me recibo de profesor de música, es una carrera docente que existe desde 1997, algo que tenemos que valorar los victorienses y de hecho reconocen en distintos lugares, porque en ese espacio no se limita solamente a formar músicos para integrar la Banda de Música, como era antes”.

En cuanto a los géneros musicales de su preferencia, hace saber que tiene distintas influencias y que ha seguido bastante los géneros propios de cada instrumento. Cuenta por ejemplo que por sus estudios de saxofón disfruta mucho tocar blues, jazz o rock, pero no tiene inconvenientes en incursionar en otros géneros, reconoce también que en todos los estilos hay cosas muy buena y cosas malas, como por ejemplo los mensajes que dejan al público que consume nuevos estilos.

Sobre la tecnología en la música y la capacidad que existe para mejorar cualquier grabación, dice que no está en contra, pero que para que las cosas salgan bien hay que estudiar mucho, ensayar mucho y poner el esfuerzo posible para que todo pueda escucharse como tiene que ser, “en la actualidad hay muchísimas maneras de mejorar lo que se hace, y las acepto, pero entiendo que está bueno que no se pierda la esencia de la música”. En pocas palabras, cree que la música tiene que ser hecha por músicos y sostiene que lo que se hace con máquinas o computadoras no es música o los encargados en difundirla o desarrollarla no son músicos.

Está convencido que en esto la educación es fundamental, sostiene que hay que agregar más contenidos, “nuestro folclore es inmensamente rico en música, autores, cantautores, y sin embargo no tenemos demasiado de todo esto en el trayecto escolar”. Considera que en el mismo profesorado de música los contenidos tendrían que ser más equilibrados, “tenemos mucho de pedagogía y poco de lo musical, aunque se entiende que todo tiene que servir para saber transmitir, igual esto ocurre en todas las disciplinas no solo con el profesorado de música”, afirma.

También habló de sus proyectos musicales en su trayectoria, ha tocado en distintas formaciones, de distintos estilos o géneros musicales, dice que en todos se siente muy cómodo, grupos de rock acá en Victoria, en algún momento también en Nogoyá donde formó una banda que lamentablemente por ocupaciones debió dejar, pero siempre está abierta la puerta para reiniciar. Además ha integrado conjuntos con los que ha hecho salsa cubana entre otras cosas. Piensa que esos proyectos son muy lindos pero por cuestiones de tiempo y también económicas van quedando en el camino porque hay que ensayar y viajar, genera mucho gasto y tiempo y entonces la posibilidad de disfrutar de lo que se hace es mínima.

Ha tocado cumbia, folclore, música melódica , ha integrado grupos y bandas tocando batería, saxo, piano, guitarra etcétera, pero sin un grupo o formación fija. “Ahora voy priorizando lo que me sirve y conviene, en una época hicimos un grupo donde sonaban muy bien temas de Los Decadentes, estábamos muy conformes por cómo sonaba pero no ganábamos nada, tampoco pretendíamos ganar mucho dinero, pero el tema era que terminábamos perdiendo, nos generaba mucho gasto. Todos los instrumentos tienen su desgaste, la guitarra con las cuerdas, la batería, en el caso del saxo sale una fortuna, y más en la actualidad”, comenta, y agrega que hace todo esto porque le gusta, pero también reconoce que su esfuerzo en estudiar llevó dinero y de sus padres y los instrumentos también son caros. De algún modo, con el tiempo lo que tanto quiere se ha transformado en una manera de ganarse la vida.

Es un apasionado de lo que hace, un constructor permanente de expectativas sobre pentagramas, melodías y ritmos, aunque pueden existir varias formas para definirlo. Era un niño inquieto, le dejaron a disposición la música y todavía está con ella.

 

(Julio Salinas para Paralelo 32)

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