Victoria.- Desde la Fundación 90 Días, propone la creación de centros de asistencia a las adicciones en cualquiera de sus manifestaciones, a partir de tres premisas: Capacitación, Asistencia y Prevención. Vienen trabajando bajo esta dinámica en Concepción del Uruguay, si bien la sede central está en Buenos Aires.

Raúl Bustos es el director de la sucursal de Concepción del Uruguay, donde existe un Centro de Asistencia, accedió a dialogar con Paralelo 32 sobre esta iniciativa que pretende concretar un centro de asistencia también en Victoria.

Desde 2012 Bustos promueve el desarrollo de una dinámica de prevención en toda la provincia de Entre Ríos, donde asegura que ya participaron aproximadamente 50 mil estudiantes y deportistas; amén de esta instancia, también capacitan en prevención a docentes y profesionales de la salud.

En este sentido, comentó que están dictando un postgrado en la Universidad de Entre Ríos sobre consumo problemático de sustancias y comportamientos impulsivos, destinado a profesionales de la salud.

La Municipalidad de Victoria, a través del área Joven, invitó a Bustos para dictar una charla y se muestran optimistas en concretar el centro de asistencia. “Se necesita un espacio físico y recursos humanos dispuestos, pero todo es posible, el primer paso ya fue dado”, dijo Bustos y agregó que la experiencia ya se replica en Rosario del Tala y La Paz.

Qué se esconde tras el nombre

“Uno escucha la palabra adicción y suele asociarla con droga, pero es un error conceptual que ha provocado que esto se transforme en una epidemia”, comienza advirtiendo el entrevistado. Basa esta afirmación en que la droga es un fármaco de origen biológico, o el producto obtenido de éste de forma artificial, que afecta el sistema nervioso central pero se utiliza con un fin terapéutico. Por eso las droguerías las distribuyen a las farmacias; “entonces ¿por qué? nosotros le decimos droga a algo que no se llama así, sino que se denomina substancia psicoactiva. Justamente, para dejar afuera a las dos substancias psicoactivas que más adolescentes y adultos mataron los últimos diez años en nuestro país: alcohol y cigarrillo”.

Existen leyes que penalizan la venta y consumo a menores de 18 años, pero Bustos insiste en que tenemos un problema cultural, “por esto nuestros adolescentes consumen alcohol en Navidad, a los 14 y/o 15 años en sus propias casas, bajo el lema: ¡salud!”

Plantea que es tan grave el consumo de alcohol, y su correlato como depresor del sistema nervioso central, que si un profesional del volante ingiere un vaso de vino, la ley no le permite conducir un vehículo porque altera todas sus capacidades. “En Argentina 8.600 personas murieron en accidentes de tránsito (donde en el 80% estaba involucrado el alcohol), eso arroja una estadística de fallecimiento de una personas por hora, y es un indicador que no se ha podido bajar”.

Sobre este paño, el referente de la Fundación 90 Días reconoce que también hay herramientas para darles a los adolescentes, jóvenes y también a los adultos a fin de transformar esta realidad. “Que ayuden a tener actividades sanas, que no mezclen la diversión con el consumo, por ejemplo. Si bien se puede decir que está muy bien que haya vías de control de la oferta, a partir de mecanismos de aplicación de las leyes, que pueden darse y están muy bien. Nosotros trabajamos con la demanda. Donde los jóvenes conozcan un modelo de felicidad genuino, que abandonen aquellas publicidades de ‘sentite bien hoy, no importa el mañana’, porque sí importa el mañana”.

— Ahora, ¿cómo se baja este mensaje a los jóvenes?, porque evidentemente no es tan fácil pasar de la teoría a la práctica.

— “Soy del año ´68 y podría decirse que sí he notado un daño progresivo de la sociedad. Puede ser que cuando tenía 15 o 16 años a mí me generara curiosidad determinada substancia o estado, y tratara de llenar algún vacío, teniendo determinado comportamiento; pero también es cierto, y aunque no lo podamos creer, los adolescentes de hoy están cansados de nuestros modelos de diversión y las ofertas que les proponen. No le llena el vacío, ni drogarse tampoco emborracharse, la Play… no les podemos vender más humo. Y por eso vamos a tener mucho trabajo al proponerles algo que les interese”.

En este apartado, Bustos anticipa que: “esa barra de tragos del boliche, en algún momento va a dejar de funcionar. Y nosotros venimos a acelerar esa actitud, a que los chicos se despierten, dejen de ser caperucita roja creyendo que están delante de la abuelita, cuando en realidad están delante del lobo feroz. Quiero decir con esto: muchas personas sostienen su modo de vida a costa de la salud de nuestros adolescentes”.

Estas conductas, según nuestro interlocutor, han llevado progresivamente a tocar fondo, “y tuvimos que hacerlo para darnos cuenta, pero las dinámicas aportan un excelente resultado para salir de esta lógica, no solamente en el ámbito estudiantil, deportivo, penitenciario. Trabajamos en infinidad de terrenos. Pero no podemos hacerlo solos: necesitamos contar con los docentes, la Municipalidad, medios de comunicación, y los que lean esta nota, con todos. Corrernos las certezas y poner en tela de juicio nuestras creencias. Y empezar a revisar que quizás podríamos hacer algo para que esto funcione de otra manera”.

En este marco, Bustos advierte que este primer encuentro con jóvenes de distintas escuelas seguirá ocurriendo, favoreciendo una dinámica de prevención, “qué significa prevención: ‘pre’ (antes), ‘vención’ (vencimiento)… antes que se ‘pudra’ hay que tomar una acción. Y ese es el paso que vamos a dar a partir de un modelo americano de abordaje llamado el ‘Modelo Minnesota’ que está relacionado con las confraternidades y los modelos de pasos que utilizan. Por esto es un trabajo que demanda un proceso no un suceso. La charla no alcanza, es un primer paso, vamos a estar comunicados y pendientes de lo que pueda ir generándose hasta lograr un centro de asistencia (Centro de Día) para poder dar una respuesta puntual”.

Sean estos trastornos de juego, consumo, alimentación, flagelación, etc. Bustos insiste en que este abanico de adicciones a las que se enfrentan los jóvenes –como el caso de la dependencia a los dispositivos móviles– deben tener un tratamiento específico, adecuado al que toda persona pueda acceder, mediado por un equipo interdisciplinario. “Este es el vacío en el que nos encontramos y que ha transformado estas situaciones en epidemia, porque hay un montón de años en los que se habló mucho y se hizo poco o nada al respecto”.

Sobre el final, algo del principio

Sobre el final de una extensa charla, le consultamos a Raúl si tuvo alguna experiencia personal, familiar o cercana que lo llevara a intervenir de manera decidida en estos temas: “Mi papá murió siendo el presidente de la fundación de chicos huérfanos más grande de Latinoamérica (SOS Oprovi Argentina), tuve la posibilidad de trabajar a su lado, y es una vocación de servir que me inculcaron y que a su vez trasladé a mis hijos, incluso varios de ellos siguen este camino de servicio, puntualmente para gente en situación de calle. Reconozco que en mi adolescencia tuve algún problema con el consumo de alcohol, me trajo problemas en el secundario y lo pude vivenciar. Afortunadamente lo superé, pude ingresar y cursar algunos años de medicina; si bien abandoné la carrera, me sentí impulsado a trabajar estos temas a partir de conocer a Ignacio O’ Donnell, sociólogo y magister en el tratamiento de adicciones,  que en aquellos años me invitó a incursionar en el modelo Minnesota y desde 1995 me dedico a promover este tipo de instancias de participación”.

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