La parroquia de Aránzazu continúa siendo sometida a varias intervenciones importantes para su puesta en valor arquitectónica y artística. En la parte exterior, la empresa Art Restauro ha finalizado el tratamiento especial para el blanqueo anti hongos de sus revoques, y si bien se encontró una fisura en una moldura de la torre del reloj, ésta será reparada; mientras que en el interior, en el lado izquierdo a metros del acceso, el artista Raúl González está concretando (totalmente ad honorem) una nueva obra pictórica, donde ya se pueden notar los primeros colores del dibujo que tiene como protagonista a la Virgen María.

Tras dialogar con el reconocido restaurador, Paralelo 32 pudo saber que ésta creación artística de María, a la que González reconoce como ‘la obra más importante de su carrera’, nos adelantó que ha propuesto, y fue aceptado, dos obras más aparte de la de María, que serán llevadas adelante en otros espacios del templo, “El primero será un mural de la fundación de Victoria, que es el otro componente que nos está faltando, y sería interesante representar un interior de la celebración; y el Bautismo de Jesús, que acompañe la pila bautismal”.

Cabe mencionar que el boceto de la pintura estuvo exhibido durante un tiempo en la misma parroquia, y como bien nos dijo González, al iniciar los trabajos en el frente decidió con el aval de su familia (que integra la empresa Art Restauro) tomarse el tiempo para comenzar a trasladar el dibujo a la pared.

La inquietud había surgido hace 8 años, cuando el entrevistado tuvo la desafiante tarea de restaurar la obra pictórica que Juan Augusto Fusilier había plasmado sobre las paredes de éste templo. “La imagen de la virgen de Aránzazu en la iconografía no está presente en esta iglesia. Sí en el altar, pero dentro de las pinturas está totalmente ausente”, comenzó precisando el artista a Paralelo 32.

Además comentó que muchas de los turistas que ingresaban a la iglesia cuando ellos estaban trabajando, les preguntaban cómo se llama la iglesia, “algo muy sencillo que ni siquiera está el transparente del frente”.

Salvo algunos años que estuvo trabajando en la Basílica de Concepción del Uruguay, González dijo que estuvo en contacto permanente con Victoria. “además ahora también estamos trabajando en la fachada de una casa sobre calle Laprida, así que el momento es el más oportuno para avanzar en el mural”.

La virgen 

Con la aceptación del Obispo Monseñor Eduardo Lozano y el Párroco Héctor Trachitte, se hizo lugar a la idea de González para que la virgen no se pinte sentada al trono, “creo que María representa justamente esa fortaleza de estar de pie, su posición tiene ese mensaje de valentía, dinamismo y presencia. Ya en lo que hace a la composición, ella es el centro y debajo hay un espinillo que define de qué manera se aparece, alrededor hay otros personajes que al momento de presentar el boceto, una de las sugerencias que me hizo Lozano fue buscar contemporizar, y allí surgieron otros nueve personajes que contemplan ese milagro de Aranzazú, y que tienen que ver un poco con la historia”.

Se incluyen así personajes decisivos para la naciente ciudad, “tal es el caso de Salvador Joaquín de Ezpeleta, las hermanitas del Huerto que también tienen parte muy importante en la historia de Victoria, además está un benedictino, matrimonio de pescadores referencia de esa relación con el río y su cultura, también hay una mujer con un niño para representar la maternidad, un pastorcito, y después aparece un joven que está como subiendo, escalando para llegar a la escena que me la imaginé en una cima”

Por supuesto se integran a la composición el río y la ciudad desde una perspectiva más lejana, “es una imagen que la saqué de las colinas, puntualmente donde está la imagen de Fátima, porque se ve justo el recorte de la ciudad, y está Aránzazu como símbolo de nuestra iglesia actual”.

El entrevistado insiste en el concepto, “la idea es que la gente al contemplar la imagen pueda distinguir cosas actuales (no el milagro del año 1.500 en España) y la ciudad, que se sienta involucrada en algo más cercano al hoy”.

Además hay colores, y determinados rasgos iconográficos que, precisó el pintor, se deben respetar, “después no quería algo estático, por eso se nota como si estuviera avanzando, está sobreelevada del resto, está como caminando con el niño y a la vez está bendiciendo, en el caso del rostro seguramente será contemporáneo, por ahí la representación europea es un cliché de un molde de fábrica”.

Pensar las simetrías

La razón de la composición también tiene que ver con la ausencia que había en esta pared, y que hacía perder la simetría de color y formas presentes en todo el templo, “puntualmente porque en la pared enfrentada a ésta donde estamos trabajando está el milagro de Luján, y aquí el paño estaba en blanco; así surgió la posibilidad de compensar esa pérdida de simetría con la representación de la virgen de Aránzazu”.

Cabe destacar que en un tiempo en ese lugar hubo un cristo crucificado, que por cuestiones de humedad de la pared se había degradado de tal modo que se perdió. “Hay una foto que la tenía Teresita Robledo (integrante histórica de la cofradía de Aránzazu N.R.) donde se puede ver claramente esa imagen”.

Los memoriosos también recordarán que ese lugar era muy significativo para los asiduos visitantes ya que allí había un Cristo yacente, cuya imagen pintada en tela y protegida con una vitrina, era un espacio de recogimiento que movilizaba en gran medida a los fieles. Pero también debió retirarse por problemas de aislación en la humedad que emanaba del piso y estaba afectando su integridad, “por suerte la pudimos sacar, foliar con ayuda de Luis Andrade, y se ha conservado en un 80 por ciento atesorada hoy en la sacristía”, agregó González.

Luminosidad

El descubrimiento de la llamada linterna de la cúpula, más el hecho de aclarar dos grados la entonación en la restauración de las paredes, hizo que la iglesia fuera abandonando ese aspecto lúgubre y tomando mayor luminosidad, continuó detallando nuestro interlocutor, “esto influyó muchísimo en el destaque de las obras. Respecto de cómo será abordada la obra, justamente lo hablábamos recientemente con Andrade a este tema: sí debe ser la continuidad de la obra de Fusilier o una integración desde mi propio estilo, que también es figurativo y de personajes, pero que conservará mi impronta de autor. Te digo más lo respeto mucho a Fusilier pero no es mi intención copiarlo, estoy muy esmerado en que sea mi mejor pintura”.

Agregó que hay formas, estilos y épocas en el camino, “que es a lo que yo no voy a defraudar, y tienen que ver con el sesgo personal de mi trabajo, lo que sí quizás esté es la búsqueda de integrar desde el color, Fusilier usa mucho rojo puro y amarillos fuertes; y probablemente trate sumar esos colores de quien tiene la particularidad de haber pintado 100 iglesias, es decir, estamos hablando de alguien que sabía muy bien de escalas, qué hacer y qué figuras utilizar al momento de pintar Aránzazu (cuando arribó a la ciudad, contabilizaba ya 54 iglesias en su paleta).”

Libertades para crear

_ ¿Cómo fue ese intercambio con los distintos actores de la iglesia al momento de pensar la obra?

_ “Riquísimo y súper fecundo, tanto con Lozano como Trachitte ha sido un placer, realmente me lo han hecho muy fácil, esta gente tiene una formación interesantísima y valoran el trabajo y saben. Un ejemplo de ello es cuando se inauguró la obra de Aranzazú, Monseñor Lozano su encíclica la planteó desde la belleza, y es muy interesante porque es la historia de la pintura y el arte, y la historia de la iglesia en un determinado momento se unieron y no se separaron más, y es muy interesante cómo esto va generando imágenes e instalándose en el imaginario del creyente”.

González reconoce que si bien hoy ya no se pintan iglesias, y se evangeliza desde otros elementos, “la pintura y el arte desde la historia siguen hablando, y estando con nosotros”.

El entrevistado recordó que en esa oportunidad Lozano habló de la belleza y el bien en términos de una unidad, “el atributo de la belleza no se desprende solamente de la imagen, sino de una consustanciación de Dios, estamos hablando de belleza porque es una representación de los atributos de la divinidad, pero cuando hablamos de belleza no lo circunscribimos netamente a lo lindo, que con el recorrido del siglo XX abandona la concepción griega de las armonías, y a partir de todas las vanguardias aportó otra mirada, quizás también más sincera de lo que el hombre vive”.

_ ¿Te ha pasado algo particular pintando en estos espacios de espiritualidad?

_ “Cuando pintaba la Basílica, y tengo fotos del día en que iba a ir Monseñor Lozano a Concepción del Uruguay, porque subió varias veces y me ayudó a pintar; es más la primera pincelada de la Virgen de la Inmaculada Concepción, en el manto, la hizo él, junto al padre Almeida, en tres cuerpos de andamio a seis metros de altura. Pero el día anterior, en el piso sobreelevado donde trabajaba en la base de la cúpula, similar a un tablado de teatro, totalmente cerrado y al que accedía por una tapa… ¡apareció una paloma blanca! No sé de dónde, estuvo un par de días y después desapareció, el día que le fui a llevar algo de comida y agua no estaba más. Y siempre que lo cuento, coincidencia, milagro, no sé qué fue, pero me acompañó mientras pintaba”. Mientras sonríe rememorando aquel episodio, González señala que el padre Jorge Almeida lo cargaba diciéndole, ‘no es más que una paloma más Raúl’.

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