Hay pruebas de que el estrés hace que las personas encuentren alivio en alimentos como dulces y comida con muchas calorías. Ahora los científicos han confirmado el vínculo entre el estrés a largo plazo y la obesidad.

En un estudio, publicado en Obesity, se analizó a 2.527 hombres y mujeres de más de 50 años, y se cuantificó el estrés mediante la medición de los niveles de cortisol, la hormona del estrés, en recortes de cabello de 2 centímetros, o de casi dos meses de crecimiento.

El estudio, controlado por edad, sexo, etnicidad, tabaquismo, la diabetes y otros factores que podrían asociarse con la obesidad, encontró que cuanto mayor sea el nivel de cortisol, mayor será el peso corporal, el índice de masa corporal (IMC) y la circunferencia de la cintura. Los niveles altos de cortisol también estuvieron relacionados con obesidad persistente a lo largo del tiempo.

Los estudios anteriores se habían basado en mediciones del cortisol en sangre, orina o saliva, las cuales pueden variar según el momento del día y afectarse por situaciones temporales u otros factores. Este estudio, en cambio, pudo medir los niveles generales de estrés a lo largo de dos meses para obtener un panorama del efecto a largo plazo.

Los investigadores reconocen que no pudieron determinar si la cronicidad de los niveles altos de cortisol es causa o consecuencia de la obesidad (sentirte “gordo”, por ejemplo, podría aumentar tus niveles de estrés).

La autora principal, Sarah E. Jackson, epidemióloga del University College London, dijo que, aunque no sea posible eliminar el estrés, “puedes encontrar maneras de controlarlo. Incluso es posible que te ayude estar consciente de que el estrés puede hacerte comer más”.

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