Correr puede ser el ejercicio más efectivo para incrementar la expectativa de vida, de acuerdo con una nueva revisión y análisis de investigaciones pasadas sobre el ejercicio y la muerte prematura. El nuevo estudio encontró que, en comparación con quienes no corrían, los corredores tendían a vivir cerca de tres años más, incluso si lo hacían despacio o esporádicamente y además fumaban, tomaban o tenían sobrepeso. Ninguna otra forma de ejercicio examinada por los investigadores mostró impactos similares en la duración de la vida.

Los hallazgos provienen del seguimiento a un estudio realizado hace tres años, en el que un grupo de distinguidos especialistas en Ciencias del Deporte analizó detalladamente los datos de una gran colección de pruebas médicas y de condición física llevadas a cabo en el Instituto Cooper de Dallas. Ese análisis encontró que incluso cinco minutos diarios de carrera se asociaban con más años de vida.

Después de la divulgación de ese estudio, los investigadores recibieron una ola de preguntas por parte de otros científicos y del público en general, señaló Duck-Chul Lee, profesor de kinesiología en la Universidad Estatal de Iowa y coautor del estudio. Algunas personas querían saber si era probable que otras actividades, como caminar, eran tan benéficas como correr para reducir los riesgos de mortalidad.

Los corredores de fondo se cuestionaban si tal vez estaban corriendo de más, y si después de cierta cantidad de kilómetros u horas de correr, la actividad podría resultar contraproducente e incluso contribuir a una muerte prematura.

Unos cuantos preguntaban si correr realmente aumentaba los años de vida de las personas. ¿Podría ser, preguntaban de forma no muy amable, que para reducir tu riesgo de morir tuvieras que pasar el equivalente del tiempo que hubieras ganado de vida en los caminos o pistas, obteniendo una nula ganancia neta?

Así que, para el nuevo estudio, publicado el mes pasado en Progress in Cardiovascular Disease, el doctor Lee y sus colaboradores decidieron abordar esos y otros asuntos relacionados analizando de nuevo los datos del Instituto Cooper, y también examinando los resultados de varios estudios recientes a gran escala para encontrar la relación entre el ejercicio y la mortalidad.

En general, esta nueva revisión reforzó los hallazgos de la investigación anterior, según determinaron los científicos. En forma acumulativa, los datos indicaron que correr, sin importar el ritmo o la distancia, reducía el riesgo de muerte prematura para cualquier persona casi en un 40 por ciento, un beneficio que seguía siendo cierto incluso cuando los investigadores usaron grupos de control para comparar entre fumadores, bebedores, y personas con antecedentes de problemas de salud tales como hipertensión u obesidad.

Con base en esas cifras, los científicos determinaron luego que, si todos los no corredores que habían participado en los estudios revisados hubieran practicado este deporte, habría habido un 16 por ciento menos de muertes en general, y un 25 por ciento menos de infartos mortales (hay una reserva respecto de estos estudios: la mayoría de los participantes eran blancos de clase media).

Quizá lo más interesante es que los investigadores calcularon que, por hora, correr le da estadísticamente más tiempo de vida a las personas del que les consume esta actividad. Calculando dos horas a la semana de entrenamiento —puesto que ese fue el promedio informado por los corredores en el estudio del Instituto Cooper—, los investigadores estimaron que un corredor típico pasaría menos de seis meses realmente corriendo durante el transcurso de casi 40 años, pero podría esperar aumentar su esperanza de vida por 3,2 años, lo que da una ganancia absoluta de cerca de 2,8 años.

En términos concretos, una hora de correr alarga estadísticamente la expectativa de vida por siete horas, informaron los investigadores.

Por supuesto, Lee señala que estas añadiduras “no son infinitas”: correr no hace a la gente inmortal. Las ganancias en la esperanza de vida llegan al tope aproximadamente a los tres años extra, sostiene, por más que la gente siga corriendo.

Las buenas noticias son que correr de manera prolongada no parece ser contraproducente para la longevidad, continuó, de acuerdo con los datos que él y sus colegas revisaron. Las mejorías en la expectativa de vida por lo general se estancan alrededor de las cuatro horas de correr a la semana, dice el Dr. Lee, pero no declinan.

Por su parte, los investigadores encontraron que otros tipos de ejercicio también beneficiaron confiablemente la esperanza de vida, pero no al mismo grado que correr. La caminata, el ciclismo y otras actividades, aunque requirieran el mismo esfuerzo que correr, por lo general reducían el riesgo de muerte prematura por cerca del 12 por ciento.

La razón por la que correr es tan singularmente poderoso en contra de la muerte temprana sigue siendo incierta, asegura Lee. Sin embargo, dice que es probable que combata muchos de los factores de riesgo comunes de la muerte súbita, incluyendo la hipertensión y el exceso de grasa corporal, en especial alrededor de la cintura.

También afirma que incrementa la condición aeróbica, y una buena condición aeróbica es uno de los indicadores más reconocidos de la salud a largo plazo de un individuo.

Es claro que los hallazgos de esta nueva revisión son asociativos; eso significa que son prueba de que quienes corren también tienden a ser personas que viven más tiempo, pero no es que correr provoque directamente el aumento en la longevidad. En general, los corredores también llevan vidas saludables, señala el Dr. Lee, y sus estilos de vida pueden desempeñar un papel muy importante en la mortalidad.

Incluso tomando en cuenta esa posibilidad, dice, los datos sugieren que correr sí podría añadir años a nuestras vidas.

 

 

Fuente: The New York Times

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