Se estima que en las cocinas se consume más del diez por ciento de la energía de los hogares. Con el objetivo de reducir esta cifra, especialistas del INTI y de la Universidad Nacional San Martín realizaron una serie de ensayos para medir qué sucede cuando cocinamos alimentos.

“Lo primero que analizamos fue el calentamiento de agua en hornallas, porque la mayoría de las veces que utilizamos las cocinas es con el fin de calentar una pava y preparar comidas hervidas”, detalla Pablo Romero del Centro de Energía del INTI. Para llevarlo adelante realizaron más de 50 ensayos en anafes —eléctricos con resistencia, a gas y eléctricos de inducción—, pavas eléctricas y microondas.

Se pudo determinar que la clave para evitar pérdidas de calor es utilizar recipientes donde quede alto el nivel de agua, que cubran toda la hornalla y emplear la mínima cantidad de líquido posible (por ejemplo, evitar hervir cien gramos de fideos en 5 litros de agua). También es importante tapar siempre la olla porque se pierde energía en la evaporación de agua y apagar o reducir la llama cuando la cocción llegue al punto de hervor.

“Los usos y las metodologías a la hora de la cocción tienen un mayor impacto que la eficiencia misma de las diferentes tecnologías. Por lo que los esfuerzos deberían estar más focalizados en utilizar los equipos adecuadamente que en buscar nuevos dispositivos de mayor eficiencia”, destaca Pablo Andrés Sensini como conclusión de la investigación, que formó parte de su trabajo final de la carrera de Ingeniería en Energía en la Universidad Nacional de San Martín.

Para completar el estudio, se está ensayando el desempeño de hornos eléctricos y a gas en la cocción de diferentes alimentos, desde bizcochuelos hasta carnes y pollos. “Su eficiencia es más difícil de definir, porque la energía dentro se utiliza principalmente para mantener una temperatura. Entonces, estaría básicamente relacionada a su aislación porque en tal caso sería el calor útil (la diferencia entre la energía aportada por el gas y el calor que se pierde, dividido por el total de energía aportada por el gas). Pero eso no dice nada sobre cómo se cocina el alimento o cuánto tarda”. En relación a este artefacto, el Ente Nacional Regulador del Gas (ENARGAS) recomienda: usarlo con moderación —porque consume lo mismo que dos hornallas encendidas—, no emplearlo para calefaccionar el hogar —debido a que no es eficiente y puede resultar peligroso— y apagarlo cuando finaliza su uso.

Para la medición de la eficiencia energética se utilizaron sensores de temperatura eléctricos (termocuplas), registradores, un caudalímetro para determinar el volumen de gas y una balanza. Los datos se analizaron a través del Software ADQ, desarrollado por INTI-Energía, que grafica en tiempo real cada ensayo y permite realizar estudios comparativos. “Con los resultados estamos armando una guía de buenas prácticas en la cocción de alimentos”, anticipa Romero.

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