** Los periodistas tratamos de impresionar simulando saberlo todo, sin embargo no podemos descifrar por qué las palomas bostean blanco sobre los autos negros y negro sobre los blancos. Escéptico en cuanto a la idea de que una palomita de monte o torcaza tenga un mínimo de imaginación, y mucho menos de humor, indagué bastante en este misterio, antes que nada para desmentir lo que afirmo en las dos primeras líneas.

** Mi investigación no avanzó más allá de la sospecha contra el pájaro morajú, que podría tener un acuerdo con las colombiformes, para intercambiar posiciones según el color del vehículo que estaciona en su árbol. El morajú, pájaro de deposiciones fuertes y a tono con su oscuro plumaje, es un especialista en arruinar vestidos de primera comunión, tarea para la cual se ubica estratégicamente en los salientes de sitios cercanos a las parroquias, formando parte de una insospechada red de conspiración anticlerical.

** Un dato no menor es que las colúmbidas constituyen un tipo de aves que practican la monogamia. Fieles a su parejita, los palomos no andan todo el día por ahí arrastrándole el ala a las palomas sino que –teniendo resuelto ese punto- se ocupan de otras diversiones, como defecar sobre los autos de los desprevenidos que estacionan bajo la sombra. Se conoce su predilección por los que se pasan la tarde de sábado lavando y franeleando su nave y por la noche van al snack con sus chicas, estacionando justo a la par de algún árbol-dormitorio.

** La monogamia, ya se sabe, refiere a parejas que tienden a permanecer toda una vida juntas y el aburrimiento las fuerza a buscar emociones nuevas. En ese plan se ponen de acuerdo y la tórtola come semillas de mandarina y el tórtolo les entra a las tintas oscuras, como la del libustro o siempreverde, especializándose cada uno en defecar sobre autos claros u oscuros.

La puntería de los ladinos…    

** Es más, se ha sabido que llegaron a perfeccionar de tal modo sus técnicas que desde una altura de seis metros –y aún en vuelo, según se atreven a afirmar investigadores de la colombofilia– pueden embocar la solapa del saco del caballero, las pestañas extendidas de la dama, o la manija de la puerta del vehículo, preferentemente en momentos de alta solemnidad para el conductor o acompañante del mismo; a la salida de un concierto o de un cóctel inaugural.

** Otros plumíferos encuentran más entretenido depositar sobre el parabrisas una deyección justo del lado del acompañante. Esta treta les permite disfrutar imaginando que se armará una discusión de pareja cuando ella reclame que el conductor le quite esa mancha del frente de sus ojos y él responda que no piensa enchastrar las escobillas del limpiaparabrisas.

** Se cuenta que pajarracos de varias especies disfrutan de imaginarse el resultado final de sus deyecciones controladas, sobre todo cuando aciertan el objetivo; pero yo no me lo creo, más bien podría ser fruto del azar o la abundancia. Defeccionan tantas veces que con alguna embocan puntos estratégicos.

Los pájaros garcas de Ezeiza                

** En fin, las teorías son muchas. El Ombudsman de una de las localidades más arboladas de nuestra provincia llegó a presentar amparos contra todos los lavaderos de automóviles, convencido de que éstos sobornan a pájaros glotones proporcionándoles alpiste, osamenta y remolachas hervidas a discreción, para apresurar su actividad digestiva.

** La utilidad de los nunca bien ponderados pájaros garcas parece inexistente, hasta que descubrimos que sirve, por ejemplo, para distraernos leyendo sobre ellos, lo cual es bueno desde el punto de vista terapéutico cuando se vive una realidad económica, moral y social que solo da disgustos y preocupación. Aún así, nos preguntamos qué extraña patología maníaca lleva a ciertos pájaros a cagarnos sin límites, día y noche, sin poder parar. Cuando se comporta de ese modo un ser humano, la psicología lo llama Crematomanía (algo no muy sabido), pero de los pájaros no sabemos.

** El hallazgo nos lleva inevitablemente a los casos más notorios del presente argentino, aparte de la malaria macrista que nos aprieta fuerte. Nos referimos a los pájaros garcas que han pasado a superpoblar las prisiones VIP últimamente. Esos volaron bien alto y desde allí sus deposiciones nos cayeron a todos, como por aspersión de la presión atmosférica.

El éxtasis de juntarla               

** El nombre de esto que no tiene nombre es Crematomanía: cuando la obsesión por el dinero se vuelve enfermedad; es un deseo obsesivo por acumular money y riquezas. Dice la ciencia que “quienes sufren esta patología son capaces de anteponer la idea de ganar y guardar plata ante todo lo demás, afectando a la familia, a las amistades, y no puede parar.

** Tanto preguntarme y repreguntarme ¿para qué roban tanto? ¿ah?, hallé la respuesta: ¡¡¡Es la crematomanía, imbécil!!! Ahora los entiendo mejor y te digo más… hasta empiezo a compadecerlos a esos enfermitos presos.

El crematómano busca la guita con la misma compulsión que lleva al ludópata a perder todo, bienes y hasta familia, apostando en el juego. Le produce éxtasis. La psicología tiene la respuesta para el acopio de camionadas de dólares y es asombrosa: es una patología maníaca con diagnóstico y nombre propio.

** Dicen los que saben, que la palabra manía viene del griego antiguo y significa “locura, demencia o estado de furor”. No por nada a alguien le decían “El furia”. Y Crematomanía viene del griego: khrematos (casualmente, con K): dinero, riqueza, posesiones.

A los pájaros, gracias               

** Otro dato, quienes lo padecen no perciben esto como un problema, se definen, en el mejor de los casos, como gente muy inteligente para ganar dinero, o muy ahorrativa.

“En general, detrás de la ambición desmedida se esconden emociones primarias mal resueltas, como la necesidad excesiva de reconocimiento social o profesional, el deseo de liderar o estar por encima de los demás, etcétera. En este marco, el dinero se vuelve un medio para saciar necesidades que nunca se resuelven, profundizando un vacío que pide más y más. Sin límite” (Texto de manual).

** ¿Qué tienen que ver con esto las palomas, los “morajuses”, pirinchos y otros alados? Nada. Dios los guarde en su primitiva felicidad. Pero sin ellos, sin su ternura y sus graciosas acciones que nos permiten sonreír un poco, ¿cómo podríamos hablar de la corrupción en esta columna sin ponernos tensos?

** ¡Un aplauso para el asador!, al que después de todo le sobra imaginación y si no hay costillas… algún bichito le devolverá la ilusión.

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