Crespo.- En el Crespo del ayer, durante buena parte del siglo veinte, hubo personalidades que dejaron una profunda huella en quienes los conocieron: hijos y nietos, amigos, clientes. Es el caso de Roberto Bernhardt, albañil, constructor, electricista, soldador, músico, desarrollador de maquinarias de las más variadas como telescopios, cámaras hiperbáricas, incubadoras de huevos, sexadoras de pollitos, instrumentos musicales, termos solares, sistemas eléctricos. Por sus conocimientos técnicos fue contratado por la firma Granix (empresa alimentaria de la Iglesia Adventista del Séptimo Día) para realizar mantenimiento de maquinarias en su fábrica ubicada en Buenos Aires. En una extensa entrevista con su hijo, Raúl Bernhardt, y su nieta, Roxana Bernhardt, Paralelo 32 recuperó la vida y la impronta que dejó don Roberto a su paso por la vida en nuestra sociedad.

– ¿Cómo empezó su padre?

—  Raúl Bernhardt (Raúl B): Mi padre nació en Ramírez, eran como siete u ocho hermanos. Por lógica, el trató de independizarse; pimero vivió un tiempito con el padre, luego se vino a Boca del Tigre a trabajar en el tambo. Se levantaban a las 2 y media de la mañana para ordeñar 45 vacas a mano. Ya estaba casado, con mi mamá, se levantaban a esa hora, aunque llueva, no había tinglado, era a la intemperie. Se cansó, pudo comprar un terreno donde estamos viviendo en Crespo. Compró la ‘casa vieja de Plem’ a la vuelta de nuestro domicilio. Se vino a trabajar como albañil. Hizo un galpón en el fondo y puso carpintería. Después empezó a hacer incubadoras. Hizo una cantidad de incubadoras para Günther Falk, Bach, Eichhorn, Kaehler; algunas incubadoras fueron a Santa Fe; otras a los Rivas de Gualeguaychú.

 

– ¿Era por la década de 1940?

—  Raúl B: Un poquito más. Yo tenía 14 o 15 años, yo ya trabajaba con él. Tengo una experiencia, con una gente que había puesto planta de incubación. Le piden a papá una factura proforma para sacar un crédito en el banco. Papá era muy inteligente pero no sabía cobrar su trabajo por lo que él hacía. Esta gente saca el crédito en el banco y en lugar de comprar la incubadora a papá, la compran en Buenos Aires. La relación con papá se terminó. Se entera que esta gente está incubando. En esa máquina falló el sistema que mantiene la temperatura constante. Falló, tocó la alarma… ¿y quién repara eso? Para hablar con Buenos Aires había que ir a la telefónica, esperar tres o cuatro horas. Para venir los técnicos en auto… ya se echaba a perder la máquina y toda la incubación de 8 mil o 10 mil huevos. En su desesperación, esta gente lo fue a ver a ‘Gallego’ Minguillón, que era técnico en televisión. El les dijo que no sabía reparar la máquina y que lo vean a Roberto. ‘Nooo, hicimos esto con Roberto, cómo vamos a pedirle que nos dé una manito’ le dijeron. Minguillón les respondió: ‘Vamos, los acompaño, porque Roberto es amigo mío’. Van a casa, lo ven a papá. Les podría haber dicho ‘por lo que me hicieron, arréglense como puedan’. Pero no, fue y les solucionó el problema. Les dijo: ‘yo no toco la instalación, les conecto mis sistemas automáticos, los que yo hice’. Eran aparatos de su fabricación, y siguieron trabajando dos semanas, hasta que vinieron los técnicos de Buenos Aires a reparar el desperfecto. Les podría haber cobrado una barbaridad, pero cobró religiosamente los implementos y el trabajo. Entonces, podría haberle pasado factura.

Generación curiosa e inteligente

– ¿Cómo era Roberto Bernhardt?

—  Roxana Bernhardt (Roxana B): Roberto formó parte de una familia que era una generación de hermanos muy inteligentes y curiosos. Entonces, una de las cosas que lo caracterizó fue esa vocación de formarse a sí mismo. Porque en realidad su formación fue producto de la curiosidad y de consultar…

—  Raúl B: Estudió por correo electricidad y leía mucho.

—  Roxana B: Entre las cosas que tuvo en su historia y que lo fueron conectando con diferentes personas, de donde nació su fama o su renombre en diferentes lugares, es que a esa curiosidad la llevaba tan lejos como podía. Entonces, por ejemplo, trabajó en Granix (empresa alimentaria que pertenece a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, N. de R.) y tenía a cargo el mantenimiento de los hornos.

Raúl B: Lo vinieron a buscar porque traían los planos de Austria y había que fabricar las maquinarias sólo con los planos. Vinieron de Granix y lo convencieron para trabajar en Granix. Me pidió que me quedara en el taller, yo me casé y me quedé acá. Él se fue y estuvo casi 15 años en Buenos Aires.

– ¿Trabajó mucho con la avicultura?

—  Raúl B: Volviendo a las plantas de incubación, empezaron a llegar los sexadores que metían una pistolita por el ano del pollito y le miraban los órganos. Mi papá estaba viendo como sexaba un japonés. ‘Yo sé como se hace esto’, le dijo al japonés. ‘No, Ud. no sabe’, le respondió el otro. ‘¡A que le hago una!’, le replicó. Hizo una pistolita sexadora con un tubito de tres centímetros de largo, del espesor de un escarbadientes, más o menos, con un agujero para alumbrar dentro del animal. Hacían defecar al pollo, miraban dentro y le tocaban el espinazo para ver los órganos. En el agujerito chiquito que tenía el tubito en su extremo tenía que alumbrar un haz de luz para poder ver. Hizo varias de esas máquinas. Después en Granix, trabajando, había un sanatorio, la Clínica Belgrano, que alquilaba una cámara hiperbárica para los quemados. Les meten oxígeno puro con presión, para abrir los poros de la piel y ayudar a la recuperación. Él mismo pudo ‘disfrutar’ porque tuvo un accidente…

—  Roxana B: Tuvo un accidente con quemaduras de segundo grado y lo internaron para hacer el tratamiento hiperbárico.

— Raúl B: Él fabricó una cámara hiperbárica, ahí; una cámara para el Sanatorio de Libertador San Martín…

– ¡¿Fabricó una cámara hiperbárica, también?!

—  Roxana B: Eran cámaras redondas y cerradas, al hacer el tratamiento de rehabilitación, Roberto notó que tenía claustrofobia a estar encerrado. Dijo que iba a hacer una cámara igual, pero con reformas. Una de las reformas fue una ventana con acrílico de mucho grosor para soportar la presión; y le puso un intercomunicador. Así hizo una para el sanatorio, una en Buenos Aires, dos para Santa Fe. En esa búsqueda de curiosidades que tenía se compró un telescopio y se hizo un telescopio él mismo. Cuando vino el cometa Halley (el cometa tiene una órbita muy excéntrica en torno al Sol, se acerca a la Tierra cada 76 años, apareció en 1986 y la próximo paso por nuestra cercanía será hacia 2062, N. de R.) de muchas escuelas fueron a casa para usar su telescopio y ver el cometa. Tenía un telescopio comprado y otro fabricado por él, que era más potente. También ahí aprendió a hacer termos solares, obviamente con los accidentes normales de quien está experimentando, hasta que les encontró la vuelta. Y se instalaron en varias casas de la zona, en especial en el campo.

—  Raúl B: Pero no servían acá en la zona por el agua muy salitrosa, se tapaba la cañería por el sarro. Si hubiéramos tenido agua de río, habrían funcionado.

Roxana B: Su manera de calcular el costo de su trabajo era por el material que iba a usar y el tiempo de trabajo promedio. Nunca puso un valor mayor. Se planteaba ¿cuánta plata necesito para vivir por mes? No más. No hizo valer esos conocimientos que tenía.

—  Raúl B: Y murió con su jubilación, nada más.

La veta musical

– ¿Le gustaba la música?

—  Roxana B: Sentía un apego por la música que lo debilitaba mucho, la música le pegaba fuerte en el alma. Viendo una vez como se tocaba un serrucho como instrumento musical, vio que para provocar música había que tensarlo y darle vibración. Probaba los serruchos tensándolos con una mano haciendo como una ‘ese’ y había que hacerlo vibrar. Él había visto que se hacía con golpecitos. Pero le pareció un sonido muy violento con el golpe, que surje y se apaga rápido. Pensó en utilizar arcos de violín, que se hacen con cerda de caballo. Buscó un material más fuerte y consiguió hilos sintéticos para hacer esos arcos de violín para usar con el serrucho. Ese tipo de arco no les gustaba mucho a los violinistas. Ese tipo de arco lleva, como todos los arcos, una resina que le dicen pez, que pega para hacer el sonido. Requiere mayor cantidad de pez, pero lo implementó con el serrucho.

– ¿Hizo otros instrumentos musicales don Roberto?

—  Raúl B: Fabricó muchas citarinas (instrumento musical de cuerdas ubicadas sobre una caja con forma de trapecio, N. de R.)

— Roxana B: También las vio y las hizo. Su método era mucho por ensayo y error.

— Raúl B: A su madre le gustaba mucho la música y tocaba casi 600 himnos de memoria, no precisaba partitura. Tocaba con piano. A lo último tenía los dedos deformados por la artrosis, como patas de loro, pero ¡cómo tocaba esa viejita!

– ¿Era una persona muy religiosa?

—  Roxana B: Su familia era de historia religiosa adventista. Si bien tenía una alta identificación con el adventismo, no era un hombre fanático. No era de ir a golpear puertas y molestar. Su visión era de puertas adentro, privada, de libros propios y de lectura. No era una persona ruidosa.

— Raúl B: Se destacaba por su honestidad.

El dibujo

– ¿Qué otras actividades desarrolló?

—  Roxana B: Tuvo dos ACV, del primero salió y del segundo ya no, porque fue muy invasivo. Luego del primer ataque, para recuperarse, empezó a dibujar. Hay una serie de dibujos que Roberto iba haciendo para entrenar la mano. Son dibujos muy prolijos. Aportó algunos al Museo local, que son de juego. Pero los dibujos realmente poderosos son dos, uno lo tengo yo, que me lo regaló a mí, y otro a mi hermano Matías. Son dibujos bellísimos.

— Raúl B: Papá no tuvo nunca alta presión, pero se le produjo un debilitamiento de las arterias.

— Roxana B: En la iglesia se sentaba adelante. Como no escuchaba nada había logrado bajar un cable de un parlante a su asiento y conectaba un parlante chico, para poder escuchar. Era una persona que generaba curiosidad porque siempre andaba por otro lado, pero siempre con perfil muy bajo.

– Al ver otros casos de personas de la misma época, se ve que fue una generación con mucho interés en aprender. Terminaron la primaria y siguieron como autodidactas. Además, con una actitud muy honesta en la vida.

—  Raúl B: Sí. Él siempre cobraba de menos, porque no quería aprovecharse de las circunstancias.

—  Roxana B: Siempre tuvo una alta consciencia de su cuna. Sabía que nació ‘remándola’ y siguió siempre igual.

—  Raúl B: A mí me pasa igual. A menudo discutimos con mi hijo y él pone los precios porque a mí me da la sensación que siempre estoy cobrando de más.

–  Supongo que don Roberto sabía hablar alemán.

—  Raúl B: Sí, incluso leía perfectamente en alemán.

—  Roberto B: A diferencia de otros descendientes de alemanes, él buscó lograr el aprendizaje del alemán culto. Se munía de libros en alemán y leía. El problema que lo afectó mucho fue la sordera, tanto él como la abuela, los dos tuvieron problemas de sordera. Eso lo ponía bastante de mal humor. Pero también le gustaba incursionar en el inglés, pero para él era un accesorio del alemán. Para él el inglés ‘era una copia barata del alemán’.

Radioaficionado

– Ud. es radioaficionado, Raúl. ¿Lo heredó de su padre?

—  Raúl B: Sí. Cuando fue a Buenos Aires a vivir, me pidió que sacara licencia, porque cuando practicaba telegrafía para rendir el Alfabeto Morse, yo estaba al lado de él y aprendí escuchándolo. Aprendí primero porque era más joven. En esa época para obtener una licencia de radioaficionado había que saber telegrafía y sistema Morse. Se debía rendir en el Correo. Cuando fui a rendir, el telegrafista que me tomó el examen puso en Morse la palabra ‘choto’. Yo lo miré y le respondí ‘sos bastante’. Me dijo: ‘¡pero vos sabés, entonces!’ Una sola palabra que él escribió me alcanzó para aprobar.

— Roxana B: Con el último auto que tuvo, papá le dijo que dejara de conducirlo porque era medio peligroso ya. Nunca invirtió siquiera en la abundancia de cosas. Si tenía auto y andaba, bien, no le importaba.

– ¿Construyó él la casa que tienen?

—  Raúl B: La hizo él. La casa no tiene columnas y está asentada en paredes de 15 centímetros. Con dos pisos. Tiene un encadenado arriba del dintel de la ventana. Ahora lo que se agregó recién tiene columnas. La hizo con arena de arroyo y pedregullo de arroyo, no era canto rodado. En el galpón del fondo, el contrapiso es tan duro que no se rompe.

— Roxana B: Tengo una anécdota de cuando nació mi hermano. Le habían dado un medicamento que parece que no se debía dar a un bebé. Parecía que estaba entrando en un paro. Papá y mamá salieron corriendo a la Clínica Parque con Matías. Yo bajé a la casa del abuelo y, con la desesperación del momento, le dije ‘Matías se está muriendo, Matías se está muriendo’. Entonces, él me dijo: ‘Lo que vamos a hacer es orar’. Y se puso a orar.

— Raúl B: Llevamos a Matías a la clínica y la doctora Oneto y el doctor Nuzimovich lo salvaron, había entrado en un paro. Después lo llevamos al Sanatorio de la villa.

– ¿Tenía cierto renombre dentro de la comunidad adventista?

—  Roxana B: En el mundo adventista se tomó como que murió una gran persona. Pero él nunca hizo más ruido del necesario. En general, se refugiaba detrás de otras personas. Como era tan extraño esto de tocar con un serrucho, lo llamaban de otras iglesias. Recuerdo haber estado en la Iglesia Bautista, por ejemplo. Inclusive, cuando iba a otros lugares conmigo, me ponía a mí de frente.

Timidez y moral

–  ¿Era muy tímido don Roberto?

—  Raúl B: Si. Papá nunca quiso figurar en la iglesia en público, comentar algo, hacer un anuncio.

—  Roxana B: El nació para ser grande, pero la vida le jugó en contra con escasez de recursos. Entonces, lo que logró, lo logró solo. El admiraba todo, le admiraba todo sobre la cultura, ingeniería, todo le interesaba. Fue uno de los primeros compradores de la Revista Muy Interesante de aquellas épocas. No estábamos en épocas de internet y para él era muy difícil acceder a los materiales. Fotocopiaba lo que podía. Su timidez tenía que ver la conciencia de los grandes a los que miraba de lejos.

– ¿A quiénes admiraba?

—  Roxana B: En función del tipo de literatura al que accedía, yo creo que el abuelo Roberto admiraba a la gente ‘moral’. Si bien, sus intereses eran científicos, su vocación final siempre volvía ser la moral, como sinónimo de religioso. El adventismo estaba en esa época con un boom de expansión, como todas las religiones de ese momento. Pero él nunca se sumó a eso. Moralmente, no apañaba eso. Admiraba el mundo interior, la curiosidad, el placer intelectual de la contemplación. Lo que es cierto es que libro que llegaba a sus manos lo miraba seguro, no era de despreciar literatura ni nada. Me asombra que no haya sido un gran visitante de la biblioteca, siendo quien era.

— Raúl B: El compartía todo lo que sabía, si vos le preguntabas algo te revelaba todo lo que sabía. Hacía transformadores que yo sigo usando ahora todavía en una soldadora. Si la dejo prendida al tocarla está fría. Él decía siempre que las fábricas mezquinan el cobre que trabajan al límite.

– Además, para que se rompa y se vuelva a comprar

—  Raúl B: Sí, la sociedad del consumo. En cambio, él trabajaba sobrado siempre, que sobre cobre, decía.

—  Roxana B: Otra curiosidad que no inventó Roberto, pero él la utilizó, fue que las fotos de casamiento de mis padres son tridimensionales. Es una cámara con dos obturadores que actúan en simultáneo y sale una foto que se mira con un visor especial en tres dimensiones. No la hizo, creo que la consiguió.

Quien fue

Roberto Guillermo Bernhardt nació en Ramírez, en 1918 y murió en 1993, a los 85 años. Estuvo casado con Hirlanda Hetze, con quien tuvo tres hijos, Rolando, pastor de la Iglesia Adventista, Raúl y Carlos. Nació en Ramírez, vivió en Boca del Tigre y ya casado vino a Crespo. Desempeñó varios oficios y hobbies: soldador, electricista, creador y constructor de diversas maquinarias, músico. Además, mantuvo su espíritu abierto a las innovaciones tecnológicas y los adelantos científicos. Fue un miembro activo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Quienes son

Raúl Norberto Bernhardt, segundo hijo de Roberto, tiene 71 años, vive aún en la casa paterna, de calle Moreno. Enviudó de su primera esposa y se volvió a casar. Tiene dos hijos y cuatro nietos. Su hija, Roxana Mariela, es divorciada y tiene dos hijos de 18 y 20 años. Raúl y Roxana concedieron la entrevista a Paralelo 32 para recordar la memoria del padre/abuelo.

Legado

– ¿Qué le dejó como legado? ¿O había un distanciamiento en esos tiempos entre padre e hijo?

—  Raúl B: Si, por la propia cultura. Porque parece que cuando lo decía el padre, eso vale. Aunque el hijo lo esté viendo desde otro ángulo, hay un cierto orgullo, ‘soy papá, soy el que manda acá’. Yo no trabajaba con él. Cuando hacía los termos solares, yo no le soldaba los materiales. Se los soldaba el ‘turco’ Ozón. Una vez le quedó un poro. Lo quería soldar con estaño. Yo le dije que no iba a andar porque las dilataciones de cada metal sondistintas, el cobre, el estaño yla plata, va a perder. ‘No va a aguantar, papá’. ‘Si yo lo hago, va a estar bien’. Cuando armó el radiador grande del termo, el agua entró a hervir y empezó a supurar. Yo no le dije nada, pero noté que estaba molesto porque en esos casos entraba a resoplar con la nariz. Pero el legado, volviendo a la pregunta, en principio, es su honestidad. Y la palabra. Y por supuesto era muy fanático de la puntualidad, yo también soy así.

– ¿Y en su caso, como nieta?

—  Roxana B: Yo fui consciente con el tiempo de lo que significó en mi vida. En un principio, era como mi compañero. Él se vino a vivir cuando se jubiló en Buenos Aires, y me empieza a tratar como la nieta mimada. Honestamente, representa el tipo de familia que me gusta: una persona que estudiaba, con valores morales muy importantes y un buen hombre, un buen tipo. Para mí, es como el ideal de familia.

– Lo de ‘buen tipo’ es importante, que si dice blanco, sea blanco…

—  Raúl B: Hoy en día ya no sirve ni la firma, pero en aquel entonces era la palabra, aunque hubiera que deshacerse de capital.

—  Roxana B: Otra cosa que yo vi es que, a pesar de ser un titán en lo suyo, a su mujer siempre la trató con mucho cariño. Para mí es una figura espectacular, que personalmente me enorgullece muchísimo y me da identidad.

—  Raúl B: Yo nunca vi que estuvieran discutiendo; si debían solucionar algo iban aparte de los hijos y hablaban.

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