Parìs, 24 de marzo de 2014 - Raúl Barboza en concierto en el Salón del Libro de París 2014. Fotos: Augusto Starita / Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación

Crespo.- El reconocido acordeonista argentino de trascendencia internacional Raúl Barboza estuvo dando un concierto el viernes 1º de septiembre en Crespo. Fue el primer concierto desde su regreso de París, Francia, donde vive cuando está en Europa. Francia y Buenos Aires son los lugares de residencia en que se reparte la vida de Barboza desde hace 30 años. La gira comenzó en Crespo y sigue por varios lugares del país. Comentó que “en Corrientes me levantaron un concierto por una reunión política. Es una anécdota que no me afecta, se lo comento con una sonrisa”.

–  ¿Está en listas negras?

—  Sé que hay dos festivales donde… cómo lo puedo decir elegantemente… Como que la música que yo expreso no es potable para… no sé si para la gente o para quienes organizan esos festivales (sonríe)…

–  No se anima a dar nombres. (sonrisas) No quiere pelearse más de lo que está peleado.

—  No, no hace falta (sonrisas). Las anécdotas sí las cuento, pero me guardo el nombre de las personas, porque no tengo espíritu de revanchismo ni de nada. A mi edad…

–  ¿Se puede dar el lujo de estar ‘más allá del bien y del mal’?

—  Mire, yo hace más de setenta años que ando trabajando, desde chico. Y en ese lapso de tiempo he recibido tormentas, tormentitas, tormentazas, sol, calor, frío, alguna que otra necesidad. Pero siempre con las ganas puestas en mirar hacia un horizonte futuro. Eso me ha permitido continuar hasta el día de hoy, que sigo teniendo los mismos deseos, las mismas ansias. Estudio todos los días, tengo contacto con el acordeón a diario, tres o cuatro horas. No de manera corrida, como lo harían los rusos o los maestros y alumnos de los países del Este. Pero sí con la regularidad para que ‘no se me herrumbre la visagra’.

–  ¿Ha tenido militancia política? ¿Le tocó la vorágine de los años sesenta o setenta?

—  No tengo militancia política. Tengo la creencia en la vida. Cuando encuentre un político pobre, me acercaré a conversar con él. Mientras tanto, no.

–  Lo tiene a Pepe Mujica

—  Es un gran hombre; no lo conozco, sé quién es y siento una gran admiración por él. También por Yrigoyen, por el doctor Illia, por Frondizi; que han hecho cosas. Por el doctor Alfonsín.  No he tenido militancia política porque, vuelvo a repetir, yo soy aborigen, por mitad soy aborigen. Y mientras vea que los aborígenes no tienen agua pura para sacar y no deben andar espantando los mosquitos, es porque los políticos aún no se animan a ir a saludarlos.

Guaraní

–  ¿Aborigen de qué etnia?

—  Guaraní. Mi papá nació en Curuzú Cuatiá, Corrientes. Yo nací en Buenos Aires, porque mis padres no tenían nada que hacer en Curuzú Cuatiá. Vinieron a Buenos Aires, formaron familia, yo nací y me crie dentro de un contexto familiar guaranítico.

–  ¿Habla guaraní?

—  Lo estoy estudiando, porque el idioma estaba prohibido hablarlo. Nunca se dio en las escuelas. Se podía hablar guaraní en la vereda del colegio, pero no adentro del colegio.

–  ¿Esto ocurría cuando Ud. iba a la escuela?

—  Esto ocurrió hasta hace muy poquitos años, cuatro o cinco años. En Corrientes es idioma oficial para enseñar en las escuelas hace poquitos meses, hasta 2016 no estaba instaurado como idioma a estudiar (el guaraní fue declarado idioma oficial en Corrientes por ley aprobada en 2004, N. de R.). El idioma oficial en Argentina es el español. Todos los otros idiomas son insertados dentro de un país de habla hispánica, porque nosotros hemos sido invadidos y conquistados por gente de Europa, que ha obligado a nuestros ancestros a hacer cambios so pena de muerte, políticamente, por la religión, etc. Entonces, yo he puesto con amigos una bomba de agua a la comunidad mbyá guaraní en Misiones. Tomaban agua de un charquito. ¡Yo lo vi! Y tenían que hervir el agua porque los chicos se enfermaban de diarrea. No tenían congelador. Han perdido todas las costumbres que tenían sobre cuidar y mantener los alimentos. Luego les dieron el congelador, pero resulta que estaba dentro de la escuela y cuando la escuela se cerraba no tenían acceso. ¿Y que hace esa gente en meses de 40 grados de temperatura? Entonces, les compramos para que ellos tengan, pero no fue de mi dinero, porque no tengo la capacidad. El dinero me lo dieron en Europa.

–  Si tuviera que darle algún consejo a la ministra Bullrich o al presidente Macri sobre el tratamiento del conflicto con los mapuches en Chubut, ¿qué consejo les daría?

—  Un hombre como yo, que soy músico, nada más; soy un hombre que mira las cosas con el corazón. No creo que las personas que Ud. nombró no tengan miradas con el corazón. Porque tenemos la capacidad intelectual de saber discernir. Que luego haya necesidades que quienes ocupan ciertos lugares de decisión, lo tengan que hacer o no, porque deben arreglar ciertas cosas que consideran más necesarias que ir a poner una bomba de agua. Bueno, mientras eso siga así, ¿qué consejo puede dar un acordeonista trotamundos que intenta por todos los medios llevar felicidad a la gente con su instrumento? Yo vengo a mi país porque lo amo, es mi Patria. Voy a la patria de otras personas que me abrieron los brazos para que yo continúe trabajando, cuando el trabajo a mí, no digo que me haya sido vedado, pero no me era accesible. Entonces, tuve que intentar por otros lugares. Nuestro planeta es muy grande. Bueno, viajé, me encontré con gente muy linda en Francia y pudo continuar mi carrera, que no es mi carrera. Es también la continuidad de todos aquellos músicos de quienes aprendí, mis maestros. Mis primeros maestros fueron mi padre y mi madre. Luego conocí a Ernesto Montiel cuando tenía siete años, a Tránsito Cocomarola, a Isaco Abitbol, que lo conocí cuando tenía nueve años. A Cocomarola lo conocí en Buenos Aires cuando tenía 14 años. Conocí a Ariel Ramírez, Piazzola, ‘Pichuco’. Yo soy nacido en el ’38 y conocí a esos hombres accesibles. Mucho aprendí de ellos, y yo ahora hago exactamente lo que hicieron ellos con los jóvenes. Intento depositar en los jóvenes la sabiduría que aprendí e mi juventud, de mis mayores.

Exiliado cultural

–  Ud. se fue a Francia en la década del ochenta.

—  Me fui a Francia en 1987. Ya en 1985 había decidido no grabar más en Argentina, porque me presionaban para que toque un tipo de chamamé que no quería tocar. Una música que no la veía acorde con mis sentimientos artísticos.

–  Ud. es un exiliado cultural

—  Yo nunca pedí nada. Fue lo primero que me dijo mi padre: ‘Nunca pidas nada, trabajá por tu cuenta, no seas nunca un muchacho asistido por nada, trabajá’. Mi papá tenía tres trabajos para subsistir. Y yo dejé de estudiar el tercer año comercial de secundaria, porque lo vi un día a mi papá lustrando zapatos. Me dije ‘si hace eso es porque no hay’. Entonces, dejé de estudiar y me metí en la Prefectura Naval como soldado pago. Si iba a esperar que me llamen a conscripción iba a pasar hambre. Hice ese servicio militar, muy agradablemente en la Prefectura, durante dos años. Luego pedí la baja y comencé a tocar. Pero había empezado con el instrumento a los 7 u 8 años. Ahora, tengo 79 años de vida, feliz vida, y continuaré hasta que el Ñanderú Tupá Guasú (nuestro padre de corazón grande, en guaraní, N. de R.) me diga adónde me va a mandar (sonrisas).

–  Se tiene fe para ese momento (sonrisas)

—  Hasta ahora, me hago el chiquito, nomás. (sonrisas)

–  ¿Es Francia el mejor lugar de Europa para tener un mangrullo desde el cual mirar la cultura europea e insertarse?

—  No sé si es el mejor lugar; en todo caso es un lugar donde me siento muy cómodo. Donde la amistad de los compañeros colegas músicos, de todos los senderos musicales, me han hecho un espacio. Yo pude tocar con ellos, aprendieron a tocar chamamé conmigo. Algunos me comparaban con Piazzolla diciendo que ‘había yo llevado una música nueva, desconocida totalmente que se llamaba… ¿cómo se llama?’ ‘Chamamé’, les decía. ‘Ah, chamamé, qué quiere decir’ y les respondía ‘quiere decir tal cosa, más o menos’ ‘Pero vos sos igual que Piazzolla que llegó un día y trajo una música nueva’, decían. Pero yo hago la diferencia, y es que Piazzolla ha sido un gran maestro que a muchos ha estudiado. Y yo estudié de otra manera, más empírica. Empecé a estudiar la música cuando tenía 60 años, en Europa, con un maestro argentino.

–  Tocaba de oído y no leía partitura.

—  Yo sigo tocando de oído. No leo partitura ni ahora, pero la escribo. Prefiero escribir las ideas para mis compañeros de grupo pequeño. Todo el trabajo de embellecimiento lo hace el maestro orquestador y tiene la libertad total para hacerlo.

–  ¿Qué diferencias positivas y negativas ve entre la movida cultural en Europa y la movida cultural argentina?

—  Cuando llegué a Francia, a los pocos meses vi una cantidad enorme de músicos tocando por la calle. De todas las partes del mundo. Encontré que había escuelas de música por todos lados. También, acá en Brasil hay escuelas de música por todos lados.

–  ¿Más que las que hay en Argentina?

— ¿Cuántas escuelas de música hay en Argentina? Digamos la verdad. Habrá cuatro o cinco lugares donde la gente va a estudiar un instrumento, la guitarra o cualquier otro. Un lugar donde van estudiar la escritura musical, la lectura musical. ¿En Corrientes hay? ¿En Misiones hay? ¿En Chaco hay? Estamos hablando de algo. En Francia hay escuelas pagadas por el Estado. Yo he encontrado dos o tres señoritas jóvenes que actualmente tocan el acordeón, otra el bandoneón. En Europa está lleno de mujeres tocando en bailes, o tocando música clásica. En música clásica, en Argentina hay mucho sí. Pero yo hablo de música popular, para estudiar música popular como el chamamé no hay lugares. Yo aprendí solo, nadie me enseñó a tocar el acordeón. Pero yo tenía tanto amor, que fui aprendiendo escuchando músicos de jazz, músicos clásicos; escuchando a los maestros folkloristas, salteños, santiagueños, Ella Fitzgerald, Oscar Peterson, Carlos Gardel, Prokofiev, Piazzolla, Rovira. Soy un hombre abierto a la música, no puedo decir ‘este viento me gusta y este viento no’. Hay que aceptar las músicas porque cada individuo tiene una música adentro que tiene el derecho de expresarla. Y la otra persona tiene que tener la gentileza de escucharlo.

Momento musical argentino

–  ¿Ve bien el momento musical y cultural de la Argentina?

—  La juventud es la única entidad capaz de renovar. La juventud en sí misma es la renovación. Un hijo nace y renueva a los padres. Yo admiro a la juventud que con nada hace mucho. Lamento que no tengan posibilidad de expresión en radios, en televisión. Que no se les enseñe educación. Tienen que aprender a hablar, a expresarse. Un músico es un educador, tanto mujer como hombre tienen responsabilidades. Estudiar la música de donde viene para poder comentar a un extranjero si le pregunta sobre su música y por qué se toca de esa manera, quiénes son los precedido nuestra cultura. Y tener una buena dicción. Hoy en día, pongo la radio y muchas veces no entiendo lo que hablan. ¿Por qué hablan tan rápido y sin ninguna gana de querer ser simpáticos? Simplemente repiten con una velocidad espantosa algo que nadie comprende. Por lo menos, que yo no comprendo. Seguramente, porque soy un poco burro. Pero, bueno…

–  Está faltando comunicación y respeto. Hay personajes que usan la voz como un arma antes que como instrumento de comunicación. Disparan consignas y hieren a muchos.

—  Yo soy de origen guaraní y en el guaraní se habla del ‘abá ñeé’. Abá es el hombre y ñeé es el alma. Abá ñeé quiere decir ‘palabra alma’, se dice que es el idioma. Para el guaraní la palabra no es sólo comunicación verbal. A través de la palabra el hombre da a conocer su alma, en el guaraní es el pensamiento. Por lo tanto, el guaraní no insulta porque no puede mal utilizar lo que el gran Ñanderú Tupá Guasú nos ofreció para comunicarnos. El guaraní sabe que cada ser humano comunica, sabe que cada árbol comunica con otro árbol. Yo sé que es así, no lo pongo en duda. Entonces, mi palabra la uso de la mejor manera porque Dios me la regaló para comunicar. Quién la utilice de otra manera, es responsable de su uso. Pero yo no critico, me critico a mí mismo y trato de ser positivo para la persona que está delante mío, tenga la edad que tenga, no hago diferencias de religiones, color de piel, corrientes políticas, de clase social. Le preguntaron a Atahualpa Yupanqui ‘qué es para Ud. un amigo’, el respondió ‘un amigo es uno mesmo adentro de otro cuero’. Esa filosofía es la que me ayuda a intentar comprenderme a mí mismo. Es la filosofía que me ayuda a intentar comprender la música. Como un día que paseando por París encontré un cartón blanco hermoso en una exposición de pensamientos de los grandes filósofos. Encontré una frase de Nietzsche y lo tengo en el acordeón que le regalé a un amigo. Nietzsche dijo: ‘si la música no hubiera existido, la vida habría sido un error’. Esa es la filosofía con la que me guío. Luego, las otras cosas, el pensamiento político partidario, no me interesan. Porque cuando el hombre empieza a ser partidario, tiene la obligación de obedecer errores. Entonces, si yo tengo un error, nace de mí, nadie me obliga y no obligo a nadie.

Estereotipos

–  Cuando dice en Europa ‘soy argentino’ ¿Cuál es la imagen que recibe de las otras personas? ¿Tienen cierta visión estereotipada?

—  El ser humano es como es. Nosotros también estereotipamos a nuestros vecinos. A nosotros nos estereotipan de muchas maneras. Pero hay hombres que han dejado buenas esperanzas: Cortázar, Yupanqui, Piazzolla.

–  ¿Ud. llegó con el aval de esos nombres?

—  Cuando yo llegué me preguntaban por qué, siendo argentino, no tocaba el bandoneón o por qué no tocaba tangos. O ‘que es esa música que toca’. O ‘perdonemé, Ud. tiene cara de aborigen, no se ofenda’. Porque son muy respetuosos, a veces piensan y no lo dicen. Pero si pensara que hay gente con estereotipos definidos, no hubiera recibido en Francia el premio “Caballero de las Artes y las Letras”; no hubiera recibido el “Charles … tres veces con una música desconocida. O no hubiera recibido giras por China, por Japón, por Rusia, en Israel o en África. ¿Y por qué voy si soy acordeonista, no toco tango, toco chamamé y tengo cara de indio? Y la gente me dice ‘vaya a su país, llene su acordeón con el canto de los pájaros y venga a traérnoslo’. Ese es el estereotipo que yo pienso que el hombre tiene de nosotros. Lo que ocurre es como nosotros sabemos que no somos así con nuestros vecinos, pensamos que los demás también son así con nosotros. Cuando estoy delante de alguien, aquel que no sabe sonreir a mí me sonríe. ¿Es porque yo sonrío siempre? ¿Es porque no tengo palabras desagradables para decirle a alguien? No tengo nada negativo para hablar, personalmente. Estoy en un país donde aman nuestra música. Quien la expresa soy yo, por lo tanto, de rebote ligo cosas. He enseñado chamamé en las escuelas de música en Francia. No sólo a los alumnos, sino también a los maestros. Yo toco el acordeón como un bandoneón, y allá doy clases de eso. Acá tocan el acordeón que es una barbaridad, porque son de esta época. Yo aprendí a tocar así cuando lo escuché a Ildo Patriarca. Pero yo tenía 50 años, casi, sin embargo aprendí. Me puse a estudiar horas y horas. Lo logré, porque soy tenaz, porque si me gusta algo en el arte, estudio hasta que estoy viendo que voy progresando.

–  ¿Hay que seguir estudiando todo el tiempo?

—  Quien no estudia es porque está viejo de la cabeza. Una vez leí: ‘Una sonrisa es un golpe de juventud, una mueca desagradable es un viejazo. Seamos jóvenes, sonriamos’. Yo pienso que tenemos muchos motivos para no ser felices, también tenemos muchos motivos para poder ser de más en más menos infelices, e intentar buscar la paz dentro de la incomodidad.

Consejos

–  ¿Cree que los consejos que eran válidos en su época, pueden seguir siendo válidos ahora?

—  Hay cosas que son inamovibles y otras que no. Porque el hombre se renueva, también se renueva su capacidad intelectual. El hombre que vivía haciendo chamamé y nació en 1910 o 1915, como mi papá, no piensa igual que yo, que nací en 1938. Y yo no puedo pretender que un chico que nació en el 2000 piense igual que yo; él tiene 17 años y yo casi 80. Pero yo le puedo pasar ideas para que él luego decida.

–  ¿Su padre era de pasarle ideas?

—  Siii. Mi papá nunca me obligó a estudiar, pero cuando yo le mostraba algo, él nunca me dijo ‘tenés que estudiar más, no seas burro’. A veces los maestros se pasan: ‘no estudiaste, bueno, vení mañana’. Mi papá me decía: ‘¡ah, pero qué lindo! Vamos al fondo que estoy haciendo un churrasquito. A ver, qué lindo lo que tenés. Pero hagamos así y así, para mejorarlo un poco más’. A partir de eso yo suponía que no lo estaba haciendo mal. Pero si a un niño ya de chiquito le están diciendo que tiene que mejorar, que tiene que estudiar más porque lo que está haciendo está mal, ya le estás poniendo una negativa dentro de su espíritu. Yo soy medio raro para muchos, pero estoy contento con lo que soy. Respondiendo a su pregunta que no respondí, pienso que hemos ido cambiando. Hay enfermedades que se curan hoy, hay enfermedades nuevas que aparecen; los aborígenes se mueren porque las aguas están contaminadas con arsénico; hay peces con dos sexos, nunca se vio; hay niños que nacen deformados porque las grandes farmacéuticas inventan para curar pero, por ahí se enfermaron y aparecen miles de niños deformados. No sé si es necesario que pase, pero pasa. Se han inventado nuevas armas, se han inventado técnicas de desaparición en masa de seres humanos. Claro que eso no es ahora actual, pero ahora se mueren más en menos tiempo.

– Algunas cosas tienen que ver con el crecimiento científico, pero el ser humano lo afronta con una mentalidad de la época de las cavernas. Hemos creado instrumentos que sobrepasan nuestra capacidad de manejarlos.

—  En este momento, me acuerdo cuando estaba enamorado de la vecinita que tendría 15, y andaba con muñecas. Yo tenía 16. El otro día me enteré que habían encontrado niños de 15 años que estaban mirando pornografía. Quiere decir que las cosas han cambiado en ese sentido, también. El hecho que se castigue a la mujer, y se la mate. ¡¿Cómo puede haber femicidios hoy?! Esa palabra se usa de forma banal, hoy. Las personas que han cometido crímenes en esa índole siguen sin ningún castigo. No voy a dar nombres, pero sale y es público y notorio. Pero también hay hombres capaces de dar la vida por un ser humano. Es lo que menos se ve, no porque exista menos, sino porque no vende prensa. Hasta los animales se juegan la vida por otro animal. Yo he visto a un perrito agarrar de la nuca a un compañero que fue atropellado por un auto, ponerlo en la banquina, y quedarse al lado esperando que alguien venga a rescatarlo. O un perro que se queda meses arriba de la tumba de su propietario, eso sigo sin entender. Esas cosas salen muy poquito. En cambio se vende la guerra, se venden tanques. Eso hace que el hombre tenga otra imagen de lo que es la vida.

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