En una extensa entrevista con Paralelo 32, Ára Mimbí Vera y Sandra Chagas reivindicaron con convicción su pertenencia a minorías en lucha. Ára Mimbí vive en Paraná y ha decidido recomponer el linaje aborigen guaraní de sus ancestros. Chagas nació en Uruguay, vive en Buenos Aires y se define como lesbiana y afrodescendiente. La señora Vera dijo: “Ára Mimbí es mi nombre ancestral, de cuna guaraní. Antes figuraba como Olivia Beatriz en el documento. A través de muchos años de hacer hincapié en esto, logramos en agosto del año pasado la conformidad judicial, en abril pasado se aprobó y ya tengo el documento de identidad expedido con mi nombre originario”.

–  Hoy con la legislación sobre identidad de género e identidad autopercibida parece fácil cambiar de nombre. ¿Qué pasó en su caso?

—  Ara: Lo hablamos con el abogado que encaró el tema hace tres años. Decían que no podían tocar las actas de nacimiento, siendo de tanto tiempo atrás. Que había que hacer muchos trámites judiciales, que debía haber aprobación de jueces. Siempre ponían palos en la rueda. Además, con esto que una nunca tiene medios, tenía inconvenientes económicos. Hasta que llegué al doctor Gonzalo Carbó de Paraná, quien tuvo fuerza y voluntad para hacer tantos trámites, sellados e investigaciones, que por fin logró con todo lo recopilado, hacer la presentación en el juzgado y finalmente se logró la aprobación. Vengo de una cuna que se sabía que teníamos abuelos ‘indios’, así se los llamaba. Mi abuelo paterno fue parido de una india guaraní y de un supuesto militar español. Esa bisabuela era una india al servicio de esa jerarquía y a las mejores que tenían las usaban ‘para todas las cosas’. Cuando ella queda preñada, al parir su hijo se lo entregan a otra persona que lo cría fuera del lugar.

Diáspora africana

–  ¿Y Ud. dónde se sitúa?

—  Sandra: Pertenezco a la primera diáspora que llegó de África por la trata esclavista. Mis ancestros han sido traídos en calidad de esclavizados a estos territorios.

–  ¿Sabe de qué lugar de África son sus ancestros?

—  Sandra: No, pero la gran mayoría de Nigeria, de Angola. Si me pregunta de dónde vengo le debo responder que tengo una abuela brasileña. Casi todos descendemos de aquellos que fueron traídos como esclavizados.

–  ¿No hay algún mestizaje al medio?

—  Sandra: Siempre hay. El mestizaje ha existido y existe. El tema no es si existe el mestizaje, sino cuál es mi identidad. Mi identidad es la de una mujer negra. Es lo que me importa. No es cómo étnicamente nos veamos sino cómo nos identificamos.

–  ¿Cómo vino a Argentina?

—  Sandra: Mi papá trabajaba en ANCAP, el equivalente de YPF en Uruguay. Él quería irse a Australia, y se vino a Buenos Aires porque acá había embajada australiana. En Australia necesitaban gente con oficios. Vino en el 1974, la familia nos vinimos en 1975. Mis padres se terminan separando en Argentina. Con mamá regresamos a Montevideo. En 1979 volvimos +. Soy de la diáspora económica de Uruguay, mis padres no eran perseguidos políticos. En Montevideo vivíamos en un conventillo, los militares los estaban cerrando y no teníamos donde ir. Sacaron a la negritud de los barrios de conventillos para llevarlos a la periferia, donde no se vieran. Los llevaban al Cerro; mi madre decidió no seguir en esa situación y volvió con mi hermano y conmigo a Buenos Aires.

Blanqueamiento

–  En documentales sobre la comunidad afro argentina, observé la gran cantidad de ‘negros blanqueados’.

—  Sandra: El término es afrodescendiente. Porque si Ud. me habla del 2001 hacia atrás, yo sigo siendo mujer negra. Y Ára, por ser pobre o indígena, es una mujer ‘negra’, sin que lo esboce como negra, porque Ud. la ve blanca. Pero, en el general de las personas cómo funciona el racismo y cómo discrimina, ella sería una ‘mujer negra’.

–  ¿Por qué habla del 2001?

—  Sandra: Ese año se acuñó el término afrodescendiente por todo ese gran mestizaje que se ve étnicamente blanco, pero que sabe que un abuelo, un tatarabuelo o un pariente lejano ha sido negro. Ese pariente que se escondía debajo de la alfombra negando la negritud. Eso pasaba mayormente en Argentina. Hay personas que Ud. ve y dice ‘este no es blanco’. ¿Y qué es, entonces? Si no es blanco, pero tampoco negro, ¿qué es? Es afrodescendiente, si se considera así. O puede ser indígena, porque también se esconde a los parientes indígenas. Y se esconde la trilogía: el negro, el indígena y el colonizador o el blanco en el mestizaje. Depende qué ‘asoma o qué no asoma’ en la piel. Tenemos un problema en Argentina, es la negación de la afrodescendencia y de la negritud desde el Estado.

–  La Argentina moderna se construyó sobre tres genocidios: los afrodescendientes en las guerras civiles, el pueblo paraguayo en la Guerra de la Triple Alianza y los aborígenes en la Campaña al ‘Desierto’.

—  Sandra: Es lo que pasa cuando un pueblo no puede reconocer ese genocidio perpetrado, que se sigue produciendo con los pueblos originarios como las comunidades mapuches, que están siendo criminalizadas. Ahora están pasando cosas que es seguir perpetrando el genocidio, en base una cuestión muy puntual: entregarle las tierras a una persona que tiene un millón de hectáreas.

—  Ára: Está pasando en Jujuy, en los esteros del Iberá en Corrientes; en Formosa. Se arremete con las personas de estos lugares. Cada gobierno se empodera de los territorios y los lugares, hace transacciones y negociados con lo que no les pertenece. Porque la tierra para nosotros es sagrada, nos provee los alimentos, pertenecemos a un universo al que venimos a cumplir una misión humanitaria como comunidades, en sostén de personas, porque el camino nos va formando con solidaridad, con contención, con cuidados y compartir el espacio, el territorio que nos da vida y calidad. No nos permiten gozar de ellos, somos siempre deudores y debemos pagar por nuestros propios espacios.

La Argentina blanca

–  ¿Cómo se llevan con la Argentina blanca?

—  Sandra: La comunidad de la que vengo le hicimos un juicio al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 2008 por racismo institucional. Lo ganamos en el 2011 en primera y segunda instancia. Obtuvimos un espacio ganado para preservar nuestra cultura de matriz afro: danza, candombe, capoeira. Pero ahora cumplimos un año de clausura por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

–  ¿Ni siquiera lo sostiene el gobierno por una expectativa turística de vender a Buenos Aires como ciudad afro a los visitantes extranjeros?

—  Sandra: Es una ciudad afro y nos venden como ciudad afro. Busque en las páginas web del gobierno de la Ciudad y verá que los afro aparecemos. Pero no somos comercio. ¿O estamos de vuelta en el colonialismo? Tenemos derecho a tener nuestra cultura y hacer práctica de ella de la forma que los negros y los indígenas practican su cultura. Y no necesariamente debemos estar pidiendo permiso para hacer un rito a la Pachamama; pero tenemos que hacerlo.  Porque necesitamos prender un fuego para templar un tambor y eso genera rispidez cuando tiene que ver con el espacio público. Lo que hacemos como manifestación cultural con un candombe que se desarrolla al aire libre, como se practica en la comunidad afrouruguaya. El candombe argentino está entre las familias del candombe. Para no sufrir la apropiación cultural, hay familias que practican el candombe afroargentino en sus casas. Y lo comparten cuando los llaman de escuelas, de lugares donde puedan difundir de una forma para que se entienda qué están preservando. Lo que mucha gente no entiende es que lo que nosotros tenemos, lo preservamos. Siempre voy a estar admirada de las comunidades guaraníes, porque ellos supieron preservar su idioma, incluso cuando se les cortaba la lengua para que no hablaran guaraní. A los afrodescendientes no nos quedó nada de nuestras lenguas africanas. Hablamos castellano. ¿Qué nos quedó? Nos quedó el candombe. No sé cómo era en 1800, pero sé lo que tenemos ahora, que es lo que cuidamos y preservamos. Este tipo de tareas es obligación del Estado, quiénes son los afroargentinos. Es lo que debe hacer el Estado en los colegios, que los maestros tengan esta perspectiva para dar visibilidad a la comunidad afro. Hemos hecho trabajo en conjunto con el Estado, pero decimos que no se puede hacer como lo quiera hacer el Estado. No dejamos que nos formateen. O hablamos entre iguales o no.

—  Ára: En congresos y actividades aprendí de mayores que eran bisnietos de esclavos que habían sido ‘vendedores de velas’ y otras actividades de sus patrones. De repente estamos en las mismas situaciones de memoria que los afrodescendientes; en vez de pasar esas situaciones ‘pintorescas’ en actos de escuelas pintando a los niños para que parezcan ‘negritos’, deberían mostrar una realidad no contada en los libros. Transmisiones orales que son legados de familia y de comunidad. Nos pasa a los guaraníes con el hecho de habernos sometido a través de la evangelización, quitando y cambiando nombres originarios por uno bíblico, para pasar a ser propiedad del terrateniente que adquirió las tierras. Son una realidad y no ‘el cuento que me dijeron’ o ‘de esta cosa no se habla’.

De eso no se habla

–  ¿De qué cosas ‘no se habla’?

—  Ára: En mi familia el abuelo sabía que era hijo de una india. Pero el resto de la familia, hijos, yernos o nietos, era mejor que uno solo lo supiera como contenedor del ‘secreto’ de familia. Me pasó en el caso de mi papá, a quien le contó mi abuelo. Mi papá se lo trasladó a mi mamá cuando la conoció. La hermana menor de mi papá, cuando la encuentro ya grande a los 80 años, le comento que estaba rememorando la identidad del abuelo, de su papá. Le dije: “¿O acaso no sabés que era hijo de una india?” Me respondió: “No sé, porque de ‘esas cosas’ no se hablaba”. Ella no sabía la historia de su propio padre. Hay personas que se reconocen pero no delatan inmediatamente. Hay personas de 40 años que relatan que no conocieron a sus abuelos. Otras personas te dicen que ‘mi abuelo decía que era indio, guaraní o chaná o charrúa’. Pero el nieto no se asume como indio.

–  ¿Es vergüenza?

—  Ara: En otros tiempos, era discriminación.

—  Sandra: Es mucho más complejo qué eso. Si vos no eras muy indígena o muy negro… algo pasó.

—  Ara: Había violaciones… Hasta donde pudimos investigar mi abuelo era único hijo de esa india; no se sabe más como sería la historia. El abuelo conoce una siciliana.  Había moros allá, gente del norte de África. Venía de Europa, venía de Italia, pero a mí me dejaron rulos y no sé de dónde los saqué. Son secretos por ‘equis causa’; por violaciones o lo que fuera. Mi abuelo, tal vez no sentía vergüenza de su origen por la vida que llevaba, pero no contaba para preservar a las siguientes generaciones.

—  Sandra: ¿Quién querría ser negro si ser negro es ser sucio, vago, si la basura es negra? ¿Quién tendría una relación positiva si el trabajo peor pago es el ‘trabajo en negro’, si el diablo es rojo pero también es negro; si no podemos jugar al fútbol porque es un ‘día negro’? Si vas a la iglesia todo es ‘blanco y puro’ y Jesús es de ojos azules y blanco. ¿Quién querría ser negro? Las comunidades negras supieron aggiornar toda esa cultura que nos dieron. Por empezar, el colonizador no vino con un sandwich de miga; vino con una espada y una cruz a matar y a poseer. Otro tema que me quiero referir es cuándo vamos a separar a la Iglesia del Estado.

Resistencia y lucha

–  ¡¿Ud. se quiere pelear con todo el mundo?! (sonrisas)

—  Sandra: (sonríe) Se llama resistencia y lucha. Estoy en la lucha, la resistencia la venimos sosteniendo hace rato. Si para la Iglesia los aborígenes eran a-mentes (sin mente) y los negros eran sin alma, entonces corremos con más de 500 años de conquista en contra. Pero además, hay más de mil años previos con una estructura marcadamente racista. Que haya políticas públicas para los afrodescendientes o un INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas) para los originarios, no significa que hayan mejorado las condiciones de vida para ambos. Porque en Brasil tienen políticas públicas para la población negra, pero el 82% de la población marcadamente ‘preta’, bien negra, vive bajo la pobreza. Una brasileña estuvo 15 días en mi casa y compartimos cómo es vivir en Brasil en una favela siendo mujer negra.

–  ¿Qué le decía?

—  Sandra: Es terrible. Es profesora universitaria, pero vive en una favela. Lo que pasa es que hay favelas que son ciudades. No vive en un condominio en las playas. Es terrible la discriminación y el racismo dentro mismo de la favela.

–  ¿Peor que con los blancos ‘de afuera’?

—  Sandra: En todo ámbito hay discriminación y un problema social auténtico. Siendo la población más negra, a más ‘blanqueamiento’ hay mejores posibilidades. Veníamos hablando con Ára sobre las ciudades en general. ¿Por qué creés que al lado de Puerto Madero está la Villa Rodrigo Bueno? Porque ahí viven los empleados que limpian esos edificios. No los pueden sacar y por eso le mejoran la fachada a la villa. Si se van, ¿quién va a ir a limpiar Puerto Madero? O la villa 31. Cuántos gobiernos porteños se lo pasaron diciendo ‘la vamos a desarmar’. No la van a sacar más. ¿Qué están haciendo? Acomodando para que más o menos se vea bien y que no haya narcos. El laburante tiene que vivir en algún lado. Gente pobre hay en todos lados, ricos también. Pero el pobre más pobre está más desperdigado.

–  ¿Qué piensa del lenguaje inclusivo?

—  Sandra: Yo lo uso con la equis. Pienso esto: tenemos ley de matrimonio igualitario,  pero tener la ley no implica que somos todos ‘gay friendly’. Los cambios culturales son lentos, desarraigar cuestiones como el racismo lleva tiempo. El lenguaje inclusivo, también. Si la Real Academia Española aprueba el lenguaje inclusivo o no a mí me tiene sin cuidado. Está en cómo la gente lo irá tomando o no. Si no lo toma no sirve para nada.

Quienes son

Ára Mimbí (“tiempo resplandeciente” en idioma guaraní, reemplazó a su nombre inicial Olivia Beatriz puesto por sus padres) Vera es docente e investigadora de la lengua y la cultura guaraní. Se inició en el estudio de esa lengua originaria en 1992.Entre otras actividades, trabajó en un programa de estudios sobre guaraní en la Universidad Nacional de Entre Ríos. También, hizo la traducción de la canción Puerto Sánchez de Jorge Méndez al guaraní. Es hija de Enrique Vera, quien fue comisario en Crespo, a comienzos de los sesenta, durante la intendencia de Félix Oriol. Tiene una hermana que vive en Crespo, Ester “Pocha” Vera, viuda de Raúl “Raucho” Schaab; también sobrinos y sobrino-nietos de su hermana.

Mary Sandra Chagas Techera se define como activista “afrocandombera, lesbiana y feminista”. Pertenece al Movimiento Afro Cultural de Buenos Aires; el Grupo Matamba de mujeres negras afrodescendientes y a la organización Afrxs LGBTD (la sigla hace referencia a Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales y Diversos). Nació en Montevideo y tiene 54 años. Es cuidadora domiciliaria y viuda de su pareja mujer. Su familia extendida está compuesta por un hermano, otros cuatro hermanos que son hijos de otro matrimonio de su padre y varios sobrinos.

Nombres originarios

Ára Mimbí Vera es integrante del Consejo Indígena de México y en tierras mexicanas fue bautizada y nombrada Portadora del Cetro de los Cuatro Continentes y Portadora de la Palabra. Recibió en lengua mexica el nombre Xochi Kezalt, que significa Flor Preciosa.

También integra el Consejo Indígena Amauta del Tahuantisuyo, de La Paz (Bolivia), que incluye a los pueblos andinos. Allí fue bautizada con el nombre Pajcha Sujma, que en la lengua aimara significa Tiempo de la Madre Tierra.

El nombre con el que figura en el DNI, Ára Mimbí es guaraní y significa Tiempo Resplandeciente. Estos bautismos se realizaron en cada uno de los espacios aborígenes porque Ára es integrante de los Consejos de Pueblos Indígenas Originarios.

Afrolesbiana

–  ¿Cómo ha vivido su condición de afrolesbiana? ¿Ha cambiado la sociedad? Ahora lo dice y lo milita.

—  Sandra: Lo milito desde siempre. Yo tengo cierto privilegio porque pertenezco a una comunidad donde, si bien no se puede discriminar, sé que hay personas que no comulgan con mi orientación sexual. Sin embargo no he tenido ese problema dentro de la comunidad. Sí he tenido problemas con el ‘afuera’; en mi casa con mi propio hermano, con una situación de no aceptar. Pero, he tratado de ser una lesbiana visible. Yo no me presento con un cartel. ¿Qué van a ver primero? Una mujer negra. Punto. Después, si quiero o no quiero decirlo, es una cuestión personal. Lo digo porque hay una forma de manejarse respecto a si soy o no soy una mujer negra lesbiana. Me interesa dar esa visibilidad porque lo he militado.  Estamos en un colectivo donde sufrimos el racismo, la discriminación y la xenofobia. No queremos generar una ‘lesbotransfobia’ también; luchamos contra eso todo el tiempo. Mi pareja era hija de ‘tanos’ nacidos en Italia. Así que imagínese: mujer lesbiana con una negra en un contexto de familia típica italiana. Me respetaron mucho, pero ¡uff!, hubo que trabajar eso. Estuve 16 años en pareja, ella falleció en 2015. Una vez, llego a la casa de mi suegra, yo estaba bastante quemada por el sol y ella exclamó ‘¡Te pusiste re negra!’. ‘Soy negra’, le respondí. (Sonrisas)

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