Crespo- En la víspera del día emblemático de la lucha contra  la violencia machista “Ni una menos, vivas nos queremos”, que se conmemoró el sábado 3 de junio, se presentó en nuestra ciudad la obra de teatro “Elena”, basada en la vida de la santafesina Elena N. Moncada plasmada en su libro “Yo elijo contar mi historia”, referida a una subsistencia rodeada de dolorosos momentos y de la situación de prostitución en cuyas redes estuvo atrapada por más de veinte años. La puesta en escena de la obra, hecha e interpretada por la actriz, productora, guionista y coach Mariel Rosciano, de gran trayectoria nacional e internacional, quien desde hace ocho años lleva estos temas a las tablas, tuvo lugar en el Salón Municipal. Al finalizar, la misma actriz, ante un auditorio que se vio muy emocionado, presentó a la protagonista de la historia. Allí estaba, para el momento de debate, la propia Elena Moncada, a quien Paralelo 32 entrevistó previamente.

Qué dolor duele más

  • ¿Cómo surge y qué nos presenta la obra de teatro Elena?

Mariel – La conocí en un Congreso contra la trata hace tres años. Ella empezaba a presentar el libro y yo haciendo una obra con el caso de Raquel Liberman (NdelaR: una mujer polaca que se atrevió a denunciar a las redes de trata en la Argentina de los años 30). Había leído su libro y me acerqué porque con mis compañeras de teatro, recorriendo distintos países, nos encontramos con muchas mujeres en situación de prostitución y veíamos como una diferenciación con la trata, como qué dolor duele más. Respecto de las víctimas de trata uno piensa que es más fuerte su dolor porque las llevaron a la fuerza, sin preguntarle si querían; pero también lo es estar por coerción, aprietes, amenazas, violencia psicológica, económica, tantas otras cosas, que ellas ven como incivilizadas a la hora de contar su historia como mujeres en situación de prostitución. Cuando se empieza a estudiar qué sucede en prostitución se terminan viendo situaciones que aparecen en la ley de trata. Entonces, me pareció importante que se conociera su historia desde otro lugar que no fuera el libro, pensando sobre todo en los jóvenes que entendieran a la piba de la esquina desde algo más cercano, como el teatro.

Elena– Fue algo raro, te presto mi vida para que la hagas arriba del escenario si vos a mí un día me conseguís un vestido rojo de Marilyn y yo hago de Marilyn. Eso fue como el primer acuerdo.

Mariel– Todavía no le pude poner el vestido de Marilyn pero estamos con ese objetivo y le hice mi propuesta de lo que contaría. Salí de algunas cosas que refería en el libro y me enfoqué en otras que veía de ella. Hace dos años y medio que estamos presentando la obra y recorriendo como lo hizo con el libro, para desmitificar el mundo de la prostitución.

  • ¿Creen que se dio el tiempo oportuno para hablar del tema?

Mariel– De algún modo sentimos que forzamos el tema, porque cuando empezamos había mucha resistencia y ahora hay mayor apertura. No sabemos si el tiempo apareció o si el movimiento feminista lo fue forzando, pero creemos que es el momento porque se está generando un debate y pensando que la prostitución tendría que ser un trabajo para darle más herramientas a las chicas. Es bueno saber que primero habría que ofrecerles otras posibilidades de opción de vida, otras salidas laborales y después hablar cuáles son los derechos que el abolicionismo debería garantizar sobre las chicas en situación de prostitución. Y no cambiar la Constitución y reglamentar un trabajo que es una violencia muy grande sobre la mujer, que no debería ser considerado para nada un trabajo, básicamente porque quienes enriquecen no son las mujeres, sino los fiolos y proxenetas, de una manera ilegal.

Me parece importante que se visibilice que si se reglamenta, lo que se hace es reglamentar una violencia sobre las mujeres.

Prostitución y Trata

“La prostitución tiene que ver con un fiolo, el mal llamado marido, que está ahí y es quien maneja los tiempos indicando los horarios o la cantidad necesaria que él exige. Te parás en la esquinas y dice tenés que hacer tanto; lo mismo en un prostíbulo de Buenos Aires, o casas de trabajo que son plazas que están a la vera de la ruta y siguen existiendo. Le cambian la fachada, las camuflan un poco y pasan a ser pool, whisquerías, los famosos puteríos de siempre como dice Mariel claramente en la obra, donde te dejan 15 días. Por eso esa mirada de pensar que la prostitución y la trata son la cara de la misma moneda” – destaca Elena Moncada.

“Porque para las chicas que estuvimos en una plaza, que es una casa cerrada con candado por fuera donde te tienen 15 días ¿donde no está la trata? – reflexiona-. Ahí, porque no te estás yendo a tu casa, y de ese lugar te pasan a otro y a otro y depende como llegues con la plata exigida te vas por dos o tres días y después te hacen creer que te piden, porque sos atenta, bonita y uno sigue en la rueda. El que maneja los horarios siempre es alguien. O es el policía que te deja caminar y en su momento, hace muchos años atrás, eran las monjas las que llamaban a la policía para que nos saquen. Hoy estamos haciendo un cambio, por suerte, hay otra mirada más comprometida y más humanizada de la iglesia católica”.

  • ¿Esto cambió con Marta Pelloni?

– Marta fue una de las impulsoras. Pero hoy lo hacen la mayoría de los curas trabajando mucho la temática de las drogas con los chicos en los barrios. Las drogas van de la mano con la prostitución. Actualmente las chicas y los chicos intercambian sexo por drogas. No es ninguna novedad. Es importante que se entienda que a las pibas se las engancha por otro lado, no chupándoselas. Las modalidades cambian. Y además se vienen por nuestras niñas. ¿Cómo enganchan a una menor de 12 o 13 años que en Santa Fe las tenemos paradas en las esquinas? Un enganche fácil es la droga, muy fácil. Te regalo un celular, unas zapatillas. Los papás dicen, es un buen chico. Pero después todo eso hay que pagarlo y cuesta muy caro.

Lo que más me pegó fue en Reconquista. Las hijas de los pescadores cumplen 8 años y las mamás ya las dejan ir a la pesca con el papá y los amigos y la nena hace de mujer del papá y sus amigos. Una vez le pregunté a una chica y me respondió me lo hicieron a mí, a mi abuela, mi bisabuela. Está naturalizado que a los 8 años ya puede ser explotada. Ocurre en muchos lugares, pero lo que pasa es que no se habla.

  • ¿Cómo entraste a la prostitución?
  • Seducida y enamorada. Yo digo que hay tres momentos para entrar al mundo de la prostitución. Uno es lo que me pasó a mí, un fiolo, yo fui la número seis, yo sabía pero no entendía. Tenía 23 años, por suerte era un poco más grande, ya tenía mis hijos, estaba casada y divorciada en ese momento.
  • Lo otro es la captación, el secuestro. Siempre digo que no es menos doloroso que lo anterior. Y hoy por hoy las quieren más chiquitas, entonces hay que drogarlas para que tengan motivación y después quieran seguir parándose en la esquina.
  • ¿Cuántos hijos tenés?
  • Cuatro, dos mujeres y dos varones de 36, 33, 30 ,28 y cuatro nietos.
  • ¿En tu caso fue para mantener a tus hijos?
  • – No, en mi caso me enseñaron mucho a competir. Ibamos a un bar, donde no podía mirar a nadie y me decía, mirá esa chica, tiene ojos claros y es rubia, tenés que competir con ella porque te va a ganar. Podés tener un montón de cosas pero ella va a ser más elegida. Era como empezar a hacerme ver un montón de mujeres, hacerme sentir como una reina y después todo eso hay que pagarlo. Comprar ropa, zapatos de taco, llevarme a la peluquería, una forma de endulzar el oído para querer más de eso y eso de alguna forma se paga.
  • Una vez que entrás no es tan fácil salir porque hay amenazas y porque además te comprometiste con un montón de cosas que tienen que ver con alimentar a tus hijos o comprarles algo y un estilo de vida que no habías tenido. Pasar de un ranchito a una casa con todas las comodidades es como una admiración. Qué bueno que apareció este tipo en mi vida, es genial. No te das cuenta.

– ¿Y cuando te diste cuenta?

  • Entonces, de Santa Fe me escapé de un fiolo y de Buenos Aires de un viejo que también era fiolo, pero era viejo, me fui y llevé a mis hijos en menos de un año y medio. Viví muchos años allí con este señor que cuando lo conocí tenía 5 prostíbulos y llegamos a once negocios, yo me incluía. Tengo una deuda con la AFIP terrible que seguramente este mes ya no la voy a tener más. Yo era la cara visible, todas las cosas a nombre mío, él no figuraba porque era inspector de la municipalidad de Buenos Aires. Mucho poder, sabía de los arreglos, tengo una agenda con todos los nombres, obviamente estarán casi todos muertos, de toda manera ellos tampoco se asustarían. No sé.
  • ¿Qué tipo de agenda? ¿Clientes?

– Agenda de los arreglos policiales. Si abrís un prostíbulo tenés que tener arreglos con el municipio, con la provincia y la policía.

La prostitución y sus mitos

– Siempre hubo un mito, qué a la prostitución se la elige. ¿Es así?

Mariel – El primer mito es que la prostitución es el trabajo más antiguo del mundo. En realidad es naturalizar la violencia más antigua del mundo sobre la mujer, como depositaria del deseo del hombre, como algo descartable que se puede usar y dejar, de que tiene un precio que es bajo y se puede negociar en función del estrato social en que está y en qué condiciones encontrás a la chica. Lo contamos siempre porque las chicas que están en la esquina cada vez cobran menos porque la malaria les pega a todos.

Elena – O lo tienen que hacer por 10 pesos porque por ahí no paró nadie en todo el día y no tienen plata para la comida de los hijos o para volver. Y hasta lo hacen sin preservativo, porque es el único del día, con todo el dolor del alma, pensando en el pan o el mate cocido de los pibes.

  • ¿Se piensa en eso, en los pibes?
  • – En nuestros hijos se piensa todo el tiempo.
  • ¿Eso es lo que más somete?
  • Sí, creo que sí. Te retiene. En realidad uno intenta esperar a que tengan 10 años, independizarse y dejar a esta persona que le está haciendo mal, así va creciendo, madurando; no poder verlo es distinto. Yo 18 años consumí drogas, entonces para mí fue mucho más difícil todavía.
  • ¿Tuviste riegos de salud?
  • – Uno siempre tiene riesgos. Hoy vivo con hepatitis B y C, que se contagia solamente por transmisión sexual, por ahora no estoy medicada. Agradecidísima de no tener VIH, por supuesto. Igual, nuestro colectivo es el menos infectado. Nosotros tenemos 17 y algo por ciento en las estadísticas de Nación y el 52% de las mujeres infectadas con el virus del Sida son amas de casa. Somos las que más nos cuidamos, porque siempre hay campañas. Y decís las amas de casa y es porque el marido se fue de peña y no con una chica de la esquina, sino con alguna vecina. Ahí empieza toda la rosca, por droga o lo que sea.

La decisión de abandonar

  • ¿Cómo lograste salir de esto?
  • Muchas veces digo que fui como una elegida, porque no necesité internarme para dejar las drogas. No fue de un día para otro, pero pude hacerlo, decir no, cambiar. Me pasaron dos cosas muy fuertes, la muerte de una compañera que la mataron en Constitución al lado mío y ahí pensé ¿si hubiera sido yo?¿qué pasaba con mis hijos? Y pasó que mi mamá también murió cuando yo tenía 8 años y fue algo que me marcó mucho, no quería que mis hijos pasen lo que pasé yo. Hice con mis hijos a lo mejor lo que no hicieron conmigo. Fue mucho dolor, muchos años de ser obediente, siempre eligiendo los varones por mí, mi padre, mi tío, los maridos que tuve.
  • Había que hacer un cambio cuando mataron a esa chica y empecé a pensarme sin saber que me estaba pensando. Venía escapándome de Buenos Aires, en cada viaje a Santa Fe me encanutaba alguna ropa que no era del momento para dejar en las casas de mis hermanas. También era tomar una decisión que me costó horrores. Para entonces mis hijos ya se habían vuelto a Santa Fe, estaban todos grandes.
  • ¿Cuánto hace que saliste?
  • – Del todo, hace diez años, con idas y vueltas. Hoy tengo una relación saludable con el padre de mis hijos, nos tratamos bien por ellos y los nietos. Un día me dijo, ‘Chanchi nunca elegimos tener cuatro hijos’, y no, pero los amamos igual le respondí. Él tenía 18 y yo 16, éramos dos nenes.
  • ¿De qué vivís actualmente, Elena?
  • Vivo de mi libro y un porcentaje de la obra que hace ella, que es de ella y no es mía.
  • ¿Decidiste contar tu historia para ayudar a otros?
  • Sí. Uno de mis hijos siempre me dice que está muy orgulloso de mí porque podría haberme quedado solamente con mi historia, mi libro, nada más y hace 9 años que tengo una ONG que se llama Mujeres en Actividad, en Santa Fe y rescato a mis compañeras. Llego con preservativos, que es la única herramienta que tenemos. Las invitamos a venir a la organización, tenemos un roperito, hacemos ciertas campañas, les consigo algún subsidio, algo que pueda, no asistencialismo del Estado. Hacemos lo posible de empoderarlas, que se piensen. De hecho la semana próxima una de ellas compartirá un panel conmigo en Galvez y eso también es importante porque tenemos que ponerle la voz para que los demás no elijan por nosotras, para que no elijan decir que la prostitución es trabajo, porque bien sabemos que es violencia, porque nadie controla la niña de 12 o 13 años que está prostituida en la esquina.
  • ¿Siempre fuiste Elena?
  • No, yo tenía muchos nombres, ahora soy Elena.
  • ¿Viviste situaciones extremas ejerciendo la prostitución?
  • Todo el tiempo son extremas. Hay mucha adrenalida porque además tenés la droga encima, porque cuando no tenés ganas de hacer un pase, el primer saque que es consumir, aspirar, no querés que te toquen más, entonces le vendo la merca al otro, para sobrevivir. Y son situaciones extremas todo el tiempo.
  • ¿No te sentiste bien tratada en este ambiente?
  • – No, no es algo elegido, no es algo consentido. En las relaciones estaba el poder del varón.
  • ¿Cómo te sentís hoy?
  • Soy muy feliz y todavía no me termino de construir con este cuerpo nuevo, con esta Elena nueva que está acá. Al principio tenía apuro, hoy ya no me preocupa, disfruto mucho de mis nietos, de todo lo que ellos hacen todo el tiempo. Si puedo cambiar un día o un horario de mi trabajo para estar en los actos escolares de mis nietos lo hago, para devolver un poco lo que sufrieron mis hijos, mi ausencia.
  • Hablas de fiolos que envuelven a las chicas y las prostituyen, pero se sabe que muchas veces son mujeres quienes llevan.
  • – Sí, que son tan víctimas como las chicas que están en las esquinas. Yo fui rufiana y sentí que había ascendido un escalón, que era importante y a lo mejor le hice a muchas chicas lo que me hicieron a mí. Estuvimos trabajando en el penal, cuando conté mi historia, una de las chicas se lloró todo y cuando me venía dijo ‘yo estoy por trata, pero le juro señora que son sabía que era trata. Yo llevaba chicas al lugar, las cuidaba, le cuidaba la ropa, la plata’. Le dije, te entiendo porque lo viví. Es una víctima más.

¿Y por qué las mujeres están en los penales? Porque el fiolo te usa hasta que tenés una edad determinada, después te hace proxeneta y después vendes droga y termina la gran mayoría en el mismo lugar. Y son víctimas. Y él sigue divino, con un quincho y pasándola bomba con mujeres más jóvenes, incluso.

Ausencia del Estado

  • Elena y Mariel soy reiterativas en cuanto a la ausencia del Estado y de políticas que permitan a las mujeres desarrollarse en otros ámbitos, fuera de la red de prostitución.
  • “Tengo mucho enojo, con el trabajo que tengo en Santa Fe nada más, viajo por todo el país con el libro y por suerte también con la obra y no hay nada de reconocimiento” – manifiesta Elena. “No quiero que me den un diplomita, porque no me interesa, pero digo que son a veces decisiones políticas de tener un montón de gente metida en algún lugar que no sabe hacer nada. Soy Promotora de Salud, hacemos prevención en VIH Sida y TSS, lo hacemos en todos lados donde nos piden. Nos pidieron para Villaguay, para trabajar en los colegios, lo vamos a armar para octubre, para hacer prevención en enfermedades de transmisión sexual, porque a un hijo lo terminamos de criar entre todos, pero tener enfermedades de transmisión sexual es un calvario para toda la familia. Es importante trabajar sobre eso y también sobre prostitución”.
  • Mariel- El Estado no tiene un solo programa para las chicas que quieren dejar ese espacio. Le dan a las ONG de base programas que duran 4, 6, 8 meses, ayudas de 1.300 pesos, el rescate es muy difícil porque no hay herramientas. Las pibas quieren dejar, pero no tienen otro ingreso. Entonces el teléfono le suena y va a atender al cliente porque, no hay otra ayuda, hablamos con el Estado y no aparece. También pedir la ayuda es desgastante, denigrante, porque termina haciéndolo Elena, a lo mejor logra un apoyo para las chicas, pero queda sometida al poder de turno. Eso es la reproducción de una relación de desigualdad, de violencia, porque le preguntan a ella si son mujeres en situación de violencia. Sí, lógico, son mujeres en situación de prostitución.
  • Elena – De hecho una funcionaria hace poco me dijo, ¿pero está c… a palos o está parada en la esquina?¿Dónde está la diferencia? También está c… de frío en la esquina.

Hablar de prostitución

  • En la temática de prostitución la ONG de Elena es la única en Santa Fe; hay en Buenos Aires, en La Pampa y el trabajo de Santa Fe se replica en Reconquista. “Nosotras venimos haciendo un trabajo desde la raíz para afuera –dice- tratando de concientizar a la gente para poder generar un cambio hacia arriba, porque es la única forma. El Estado nos quiere a todas peluqueras o modistas, con estos programas pedorros porque no hay otra opción, y capaz les mandan una partida de máquinas de coser y secadores de pelo porque parece que es lo único que podemos hacer.
  • Cuando al terminar con la obra de teatro la gente pregunta ¿qué puedo hacer? le digo ya estás haciendo, escuchando y hay que replicarlo. Hay que hablar de la palabra prostitución porque lo que no se nombra no existe. Decimos la trata, está tratada, es más suave, nos quedamos con eso y las compañeras siguen en la esquina y otros, que son los legisladores, hablan por nosotras.

Nueva mirada

– ¿Qué sucede habitualmente con el público después de la presentación de la obra, en el debate?

– Por lo general nos ocurre siempre que nos dicen ‘yo pensé que esa chica está ahí porque es una guacha’. Y llorando, en una oportunidad una me dijo ‘siempre pensaba que era una hdp que dejaba a sus hijos solos’. Entonces le respondí hay que pensar lo que pasó en esa infancia y es como que se cambia la mirada. Se logra mucho eso con la obra y se logra el llanto. Ese el llanto quiere decir que te pasó algo a vos y hace que si ella lo contó y está ahí adelante, yo lo voy a contar. Les recomiendo en esos casos que vayan al psicólogo, se acerquen a una ONG, compartan la experiencia, traten de hacer un grupo de mujeres para que se puedan acompañar.

Yo Elijo

El libro “Yo Elijo contar mi historia” de Elena Moncada (53),  fue realizado en base a grabaciones de conversaciones que mantuvo la protagonista entre los años 2010 y 2012 con Marcos Barberis y Javier Bonatti, quienes se desempeñaban en la Asociación Civil Canoa. Se concretó en el marco del Hábitat Popular en Santa Fe y para el texto escrito se sumó Cecilia Rugna.

Se trata de un libro que tiene una forma muy coloquial y hablada.

“Yo tenía ganas de contar mi historia, en un libro. Un año entero grabamos, después tipeamos, después me dieron el borrador y después estuve dos años hasta que lo pude presentar, negociando con muchos funcionarios para poder editarlo”- cuenta.

“Sacamos muchas cosas porque eran penales, dije algo grave, hay un montón de cosas más que ni siquiera voy a contar, más que nada para no ocasionarle riesgo a mis hijos”- concluye sobre la obra.

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