Crespo.- El psicólogo Adriel Levy se especializó en Psicología del Deporte y es un referente en su especialidad a nivel nacional. Estuvo en nuestra ciudad, donde dio una charla para padres, entrenadores y público en general sobre cómo acompañar a los niños y adolescentes que practican deportes. Antes del encuentro, dialogó con Paralelo 32 sobre el presente y el futuro de la psicología aplicada a la pasión deportiva.

–  ¿Cuáles son los peligros que hay a edades tempranas, que obligan a plantear un acompañamiento psicológico específico?

— Lo primero que hay que hacer es dar un buen apoyo, ser un buen acompañante y un buen desarrollador. El primer objetivo es que los chicos se mantengan en el deporte. Más de que no sea el deporte en el que se inician, porque suelen ir recorriendo distintos deportes. Está bueno ir cambiando. O en un mismo deporte, que sea de la calidad necesaria para que el chico quiera quedarse. Porque muchas veces padres y entrenadores, son en la mayoría de las veces los causantes del abandono deportivo.

–  ¿Por qué?

—  Por exceso de presión, por expectativas demasiado elevadas, pensar en sus propios objetivos y no en los objetivos de los hijos. El tema de los intereses, falta de saber acompañar y motivar a un chico. No tener en cuenta los factores de autoconfianza que el chico necesita tener para valerse por sí mismo.

–  Aparecen dos elementos: la fuerte presión del padre y el otro no saber transmitir confianza al chico. ¿Son prototipos de padres?

—  Según la literatura hay hasta ocho tipos de padres diferentes. No uso mucho esa caracterización. Creo que se aprende a ser padre de un ‘chico que hace deportes’; no confundir con un ‘chico deportista’. Como acompañar a la escuela, acompañar al deporte es un aprendizaje, es un ámbito distinto. La escuela es obligatoria, el deporte es optativo. Creo que los chicos necesitan tener mayores anclajes de los agentes externos: padres, entrenadores, clubes, asociaciones.

Política deportiva

–  ¿Para qué necesita un país como Argentina a los chicos en el deporte?

—  Dos cosas. Primero, sacarlos de la calle, como está hoy. El club antes era la única oferta fuera de la escuela y la casa. Hoy hay muchísimas ofertas de actividades. Una de ellas es estar en la calle con la banda de amigos o con quien sea. O en su casa, con la tecnología. Que puede ser bueno o malo, a la vez. Es lo primero, un club que haga las cosas bien y que el chico se forme. Después, estar dentro de una institución, el tema de la pertenencia, sentirse importante en un equipo, la sociabilidad, eso es muy importante para la autoestima de una persona. Segundo, todo lo que te da el deporte. Más allá que se discuta si hay que llevar tanteador en deporte infantil y cuál es el objetivo, a los chicos les gusta competir, medirse, desarrollarse, prepararse, jugar y ganar. A todos les gusta ganar, a nadie le gusta perder. El deporte enseña a respetar reglas, primero; a cumplir un rol, a respetar la autoridad tanto del entrenador como de los árbitros. Y te enseña a ganar y perder, y qué hacer con eso. Porque lo importante no es que te gusta ganar, lo importante es que sepas qué te da ganar y qué te da perder. En los dos casos, lo único que te da es información. No te da estatus, no te da nada. Sino que te da información, para saber si vas haciendo las cosas bien, en qué tenés que mejorar. Incluso, dónde poner el foco. Porque si hablamos del deporte formativo, lo que tenemos que formar es técnica y tácticamente, físicamente, psicológicamente para el deporte. Pero también te enseña un montón de valores, cada deporte a su manera, que te sirven para trasladar a la vida diaria. Después sabemos que el 80% o 90% de los chicos que inician un deporte lo abandonan antes de los 18 años.

–  ¿Por qué?

— Porque se van a estudiar, por cruzarse con entrenadores que no los supieron motivar, por falta de aptitudes, por conflicto de intereses. Porque les interesa más estudiar música o idioma inglés.

–  ¿Tenemos un esquema razonable para contener dentro del deporte  a los jóvenes?

— Uno no ve políticas y cuestiones claras. Creo en la intención de los que ven bien el deporte y entienden de qué se trata, lo intentan. Yo trabajo con gente que hace el intento, no es una red, como estaría bueno trabajarlo. Que eso debería trabajarse desde las políticas públicas, las confederaciones, federaciones y asociaciones. Después, chocamos con algo que pasa mucho y lamentablemente se ve, por dos lados. La presión que reciben los entrenadores, por mostrar que su trabajo sirve, y eso es a base de triunfos, lo cual es un error. Y la segunda, el ego de entrenadores y padres, que todos quieren tener al mejor: al mejor hijo, al mejor jugador, al mejor equipo. Con lo cual pierden y dejan de lado el hecho de ir formándolos y prepararlos para el deporte en edades más adultas.

–  En Alemania, hacen mucho hincapié en cómo, fijando objetivos, fueron llegando hasta el campeonato mundial de fútbol.

—  Fueron ocho años de proceso.

–  Hacen hincapié en su política infanto-juvenil de formación de jugadores. Además incluyen el deporte en el PBI. Analizan en todas dimensiones: lo deportivo, lo económico, lo social. ¿Estamos muy lejos de eso?

—  Sí, somos Tercer Mundo. Hoy, tal vez se esté intentando trabajar un poco más. Trabajando con el softbol me acerca al Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) y la Secretaría de Deportes. Están becando el deporte. Pero estamos lejos. Cuesta en la política: cuatro años, cambio de gobierno, destruir, volver a armar. Creo que el mérito es la continuidad y el largo plazo.

–  ¿Se ha destruido mucho respecto al gobierno anterior?

— No. Tiene continuidad y se está mejorando. Se ha especializado bastante, por lo cual gente idónea recibe lo que está viendo, diagnostica y toma decisiones. Antes, estaba más ocupado por cargos políticos. El año pasado, por ejemplo. Hoy, del 10 al 20 de octubre, cada deporte tuvo que presentar a nivel nacional, su plan a cuatro años, ante la Secretaría de Deportes y el ENARD. Se le da a cada confederación determinado apoyo. Hasta ese punto, quieren saber dónde se piensa estar en cuatro años.

Status

–  Dijo hace un rato que el resultado no está relacionado con el estatus…

— No debería.

–  Claro. Pero en la práctica se ve lo opuesto. Eleva el estatus ganar, cae si se pierde.

—  Sí. Creo que debería pasar más … muchas veces cuando ganás, perdés. Sos superior al rival, le ganaste, pero perdiste porque no hiciste lo que te planteaste, tus metas de rendimiento, tus metas de proceso, saliste mal de la cancha porque no hiciste las cosas bien ante un rival inferior. Yo siempre soy cuidadoso cuando hablo de resultados con los cuerpos técnicos, porque también quiero que los jugadores se manejen en términos de rendimiento y de procesos. Qué hago dentro de la cancha y cómo lo hago. Aptitudes y actitudes.

–  ¿No habría que hacer psicología del deporte para los hinchas, también?

— Sí, ¡ni hablar! Sí. Es lo que decía sobre psicoeducación, que la gente sepa mirar un partido. Por ejemplo, un partido de fútbol del fin de semana. El clásico de Rosario: Newels contra Central. A Newels le llegaron diez veces, claras, errándose goles debajo del arco. Pero mete la última Maxi Rodríguez. Y medio Rosario está contento. Ahora, estaría bueno que el lunes, en el entrenamiento, la charla sea ‘muchachos tenemos que mejorar’. No sentirnos los mejores porque ganamos un clásico. Porque eso te marea, porque el fin de semana que viene, si vos no trabajaste rendimiento y proceso, vas a perder. Y la gente se olvida. En el deporte profesional es así. Domingo a domingo, sábado a sábado, tenés que estar reivindicando todo. Y el camino a los buenos resultados pasa por mejorar el rendimiento y el proceso.

El entrenador

–  En las películas se ve muchas veces el entrenador que, en el entretiempo cuando va perdiendo su equipo y juegan mal, hace una arenga. ¿Es así o es la dramatización que exige la ficción?

—  Creo que impacta. ¿Cuántos videos motivacionales hay? Muchos. River sale campeón o gana un clásico: va el video de Gallardo. El Barcelona sale campeón, el video de Guardiola. Caruso Lombardi gana, el video de Caruso Lombardi. ¿Cuántos videos motivacionales no salieron a la luz? Miles. Todos hacen un video, pero lo muestran cuando ganan. Yo estoy en contra de psicologizar todo. Soy un defensor de la psicología del deporte, pero no creo que todo pase por lo mental. Si el equipo está jugando mal, tenés que apuntar a lo táctico. Si el equipo no está corriendo, tenés que apuntar a lo actitudinal. Si el equipo está sin confianza, tenés que apuntar a lo psicológico. Muchas veces, lo psicológico está al servicio de la táctica o la estrategia, por ejemplo. Un equipo que pierde la confianza y no le sale el plan táctico. ¿Qué trabajás, lo táctico o lo estratégico? Y van las dos cosas. Ahí está la clave. No es el psicólogo quien debe preocuparse de lo psicológico. Una de las funciones del psicólogo es formar a ese entrenador, para que el entrenador pueda, en el momento, ver qué fusibles tocar en su equipo.

–  ¿Qué entrenadores tienen buena base psicológica en Argentina?

—  Creo que hay buenos entrenadores. Basta escuchar, por ejemplo, los tiempos muertos en los partidos de básquet y uno se da cuenta. Silvio Santander, dirigió en Echagüe, hoy es entrenador de Quimsa y es segundo asistente en la selección nacional. Es muy bueno. Creo que es un ejemplo de un entrenador que maneja cuándo hablar de técnica, cuándo hablar de táctica, cómo persuadir, como activar el equipo, cómo marcarle los déficits, cómo reforzar las cosas que uno está haciendo bien. Creo que la comunicación es una de las claves para ser un buen entrenador.

–  En medio del partido, faltan segundos para finalizar, hay que buscar un resultado sí o sí en esos segundos. Uno ve por televisión cómo en el tiempo muerto el entrenador marca una jugada, hace una arenga, repite con insistencia. ¿Sirven esas charlas de 30 segundos, qué pasa en los jugadores?

—  Al contrario de cómo se ve en algunas películas, menos es más. Si faltan 30 segundos, sobrecargar con información es un error. El entrenamiento se hace en la semana, el partido no es momento de innovar. Les marcás la jugada, sencillo. Ahora, tenemos el tema de la comunicación no verbal, porque eso se transmite. Yo les marco la jugada, pero si la marco nervioso, y me tiembla el pulso, y me agarro la cabeza y digo ‘hagamos lo que podamos y si tenemos suerte, ganamos’. Eso va a tener un impacto psicológico. Ahora, si estoy tranquilo, marco la jugada, le toco el hombro al que va a definir, le tiro una sencilla ‘lo sabés hacer, confío en vos’. Y me muestro tranquilo. Ahí, tocaste la técnica, ‘lo saben hacer’, tocaste la táctica porque diste instrucciones y tocaste lo psicológico. Si el jugador ve al entrenador nervioso, le va a hacer ‘ruido’; va a entender que el entrenador está dudando de lo que está diciendo.

–  El lenguaje no verbal es más importante que el verbal.

— Tiene muchísimo más impacto el cómo se dice que el qué se dice.

–  Bilardo, Menotti, Caruso Lombardi, por hablar de técnicos mediáticos. ¿Qué bases tienen en psicología del deporte?

— Vienen de otra vía, hablaría más de ‘filosofía futbolística’, no hablaría de psicología del deporte. Bilardo y Menotti fueron dos líderes a su manera, que han elegido los jugadores. No creo que estemos hablando que aplicaron sistemáticamente, que es otra cosa. No por ser un buen orador, o tener una filosofía determinada, uno está marcando psicología del deporte. Es un campo sistemático de entrenamiento. No por sacarlos a correr, a dar vueltas a la manzana, uno está entrenando físicamente a los deportistas de forma planificada, sistemática, con objetivos claros. Creo que la psicología es mucho más que transmitir un mensaje. Es una preparación integral y es una de las cuatro patas de la mesa: lo técnico, lo táctico, lo físico y lo psicológico.

Los excepcionales

–  Para salir de la lógica muy argentina del equipo extraordinario o la individualidad excepcional. Me acuerdo del remero Alberto Demiddi, gran campeón de los años setenta.

—  Sí. ¿Y qué dejó? Yo soy un convencido de los procesos deportivos, creo que si tenés un talento así no podés desaprovecharlo. En Argentina, a la ‘generación dorada’ de básquet la hemos desaprovechado. Hasta las copas y las pelotas se han robado de la Confederación Argentina de Básquet.

–  ¿Quién se las robó?

—  Los dirigentes. Millones de dólares de deudas, cero inversión en el deporte. Tuvimos oro olímpico, NBA. Se pusieron firmes los jugadores, dijeron ‘ustedes se van’ y empezaron un proceso nuevo. Eso, hace dos años.

Los dirigentes

–  Llegamos a los dirigentes. ¿Son la pata más endeble de nuestro sistema deportivo?

—  Totalmente. En muchos casos… pensemos bien de los dirigentes. Cien por ciento voluntad y amor por la camiseta y el club. El dirigente tiene que estar sumamente informado y especializado. Así como un psicólogo tiene que saber del deporte donde asesora, y el entrenador tiene que conocer todo en la parte táctica, técnica, qué recorrido hace un jugador para poder entrenarlo. El dirigente está en la parte alta del organigrama de cualquier institución, sea un club o una federación. No quiere decir que sea el que más sepa de todo. Pero tiene que saber liderar, conocer de cada área que va a dirigir y ponerla en funcionamiento, saber de planeación estratégica, saber de motivación y de comunicación. Cuál es la potencialidad que tiene el deporte que maneja, cuáles son las fortalezas, el techo, el impacto social.

–  No alcanza con haber sido el mejor jugador del club para llegar a la presidencia.

—  No, porque no entrás a la cancha. Lo que tenés que manejar es finanzas, marketing, atracción de socios, reclutamiento de recursos humanos, tener la gente ubicada en el lugar que le sienta bien y hacerla sentirse bien. Creo que les falta capacitación, pensando bien que tienen la mayor voluntad. A mí me encanta trabajar con dirigentes. Construir una visión, por ejemplo, decir ‘quiero estar en cuatro u ocho años en este lugar’. Y por ahí no se lo puede alcanzar, porque también hay una realidad: son pocos, y el día a día los tiene muy ocupados. Tienen que poner recursos propios, sacar tiempo de sus familias. Por eso da gusto trabajar y creo que hay que ayudarlos.

–  Sobre la corrupción, ¿no habría que hacer un sinceramiento sobre la rentabilidad que el cargo de dirigente debería tener?

—  Yo creo mucho en el modelo del coordinador deportivo. Creo que todos los clubes deben tener un coordinador deportivo que sea nexo entre la dirigencia, el staff de empleados y todos los deportes que se practican. Un coordinador general y, en la medida de lo posible, coordinador por cada deporte, área, edades, niveles de competición. Creo que hay que profesionalizar y que sea rentado. Porque, y en esto hay que ser realistas, es la única forma de exigirle a alguien que te dé cierta y determinada cantidad de horas para el trabajo.

Dejar respuesta