Victoria.- La mayoría de los turistas eligen Victoria por su tranquilidad y seguridad. Las calles angostas y la arquitectura de la ciudad son otros de los atractivos que ofrece nuestro pueblo, abierto al turismo masivo hace apenas una década. Sin embargo, hay personas que visitan la ciudad de las siete colinas por una causa no tan conocida. Se trata del paracaidismo. Así es. Mientras la mayor parte viene huyendo de las grandes urbes para relajarse, hay personas que llegan para arrojarse desde tres mil metros de altura.

La empresa encargada de los saltos se llama Paracaidismo Rosario y cuenta con tres instructores. Uno de ellos, Matías, habló con Paralelo 32 sobre las experiencias. “La sensación no se puede describir con palabras, hay que sentirlo”, explica. Asimismo, agrega que el salto se realiza conectado a un instructor y que las medidas de seguridad son excelentes.

“La gente siempre dice que la parte en que más miedo sintieron fue cuando se abrió la puerta del avión para saltar. Después, una vez que se está en caída libre se siente euforia, no miedo”, cuenta. La edad permitida para realizar los saltos es a partir de los dieciséis años y nueve meses. En este sentido, no hay una franja etaria determinada para la utilización de este peculiar servicio. “Mayormente vienen personas para festejar su cumpleaños. El domingo pasado vino alguien para celebrar que cumplía cincuenta y nueve años”, dice.

—¿Por qué decidieron ofrecer sus servicios en Victoria?

Porque es una vista hermosa. Cuando empieza a bajar el Sol y se refleja en todo el río está buenísimo. La vista es muy linda y estamos trabajando en la zona del aero club.

Una de las primeras cosas que notan las personas a esa altura es que los sentidos se ven alterados. Por ejemplo, a tres mil metros los oídos se tapan por diferencia de presión. No obstante, esto no implica ningún problema grave.

Matías cuenta que hay personas que no bien llegan a tierra les aseguran que les gustaría saltar todo el tiempo, y hay otros que piensan que con una vez es suficiente. También, comenta que son muy pocos los que, una vez arriba del avión, no se animan a saltar y menos son los que no les gusta el descenso.

El salto se divide en dos etapas, la caída libre y el descenso en paracaídas abierto. En el primero se experimenta una velocidad de doscientos kilómetros por hora; en el segundo, una de veinte. “Los movimientos los hacen los instructores, que son expertos en la materia, no el pasajero”, aclara.

Así las cosas, Matías explica que los equipos son nuevos y que tienen un dispositivo que hacen que en caso de que algo le suceda al instructor, el paracaídas se abra solo. En este sentido, parece más seguro (aunque suene raro) saltar en paracaídas que cruzar el puente Victoria Rosario.

En primera persona

Llegados a este punto, Paralelo 32 decidió buscar testimonios de vivencias de personas no expertas en la materia para saber qué sintieron. Tal es el caso de Mirian Puglieso, quien vino desde muy lejos para sentir la adrenalina de la experiencia.

—¿De dónde sos y por qué elegiste venir a Victoria?

_Soy de Formosa. Elegí Victoria porque era uno de los lugares en que se hacían los saltos en paracaídas (el otro era Córdoba, pero más caro).

—¿Cómo fue la experiencia de tirarte en paracaídas? ¿Te hicieron firmar algo antes de llevarla a cabo?

_La experiencia del salto fue ¡¡¡alucinante!!! Y sí, firmé algo así como que saltaba bajo mi responsabilidad, pero sinceramente no lo leí (risas). Te dan una charla de diez minutos aproximadamente y te explican lo que tenés que hacer arriba del avión y en el aire. En cada salto hay dos instructores con un pasajero cada uno.

 

Los saltos tienen un valor de mil novecientos pesos e incluyen fotos y videos de regalo. Se realizan todos los sábados y domingos desde las 09:00 horas hasta la puesta del Sol en el Aeroclub Victoria (Ruta 11, kilómetro 111). Además de la edad, otra de las restricciones es no pesar más de noventa kilos, por precauciones que la empresa decidió tomar.

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