A Rubén Clavenzani no se lo entrevista; se lo escucha; pero hemos tenido que interrumpirlo para que esto se pareciera más a un reportaje. Cuando habla de arte, sin abandonar su tono persuasivo y amable, dicta cátedra sin proponérselo. Nos visitó en Paralelo 32 y resumimos aquí parte de una extensa charla en la que descubrimos que la ficción está en nosotros y aprender teatro es perfeccionarla. Y que ficción no es fingir sino cuidar algunos aspectos de la expresión, “siempre dentro de valores”.

— ¿Todos podemos aprender y ser actores teatrales?

_Depende de las distintas jerarquías y estilos de las personas y el tiempo de dedicación también. Hoy hay una generación distinta. Si alguien quiere estudiar teatro va a tener al apoyo de su familia, por lo general, porque hoy entiende que el arte, en cualquiera de sus disciplinas, es una actividad que requieren estudio y trabajo diario, no hay descanso porque la cabeza siempre sigue dando vueltas, como en otras disciplinas y actividades. Antes había muchos prejuicios, te vas a morir de hambre y todas esas cosas, pero hoy se entiende que es una profesión que requiere dedicación y esfuerzo.

–En realidad nuestros logros mayores, en lo que sea, siempre están ligados a un mayor esfuerzo.

_Siempre lo digo en los espacios donde ejerzo la docencia teatral. Se puede tener mucho talento, mucha inteligencia, pero si no hay capacidad de trabajo el resentimiento y el fracaso es doble. Cualquier actividad requiere esfuerzo y dedicación.

Uno percibe en algunos chicos y chicas que empiezan a estudiar, que conmocionan al espectador inmediatamente, pero a eso hay que mantenerlo. Hay que mantener el cuerpo, la disciplina, el ejercicio diario. Uno puede hacer teatro hasta los 90 o 100 años, pero requiere un entrenamiento diario, mínimo, por supuesto, de acuerdo a las posibilidades y condiciones de cada uno, porque el teatro tiene lo más caro y lo más barato, el cuerpo, sin él no se puede hacer teatro propiamente dicho. Es imposible, el cine es una cosa y los lenguajes audiovisuales son otra cosa, pero el teatro propiamente dicho, como arte milenario, que nació con el hombre…

–Nació con el hombre. ¿Cómo es eso?

_Es así, el teatro nació con el hombre, “porque el hombre es un animal de ficción, vive ficcionando desde su nacimiento. Piense, un bebé en brazos que empieza a llorar. La tía opina que son gasecitos, la madre que tiene hambre, está empachado, cada uno tiene su opinión, pero y por ahí lo que el chico quiere es la cadenita que ve en el cuello de la abuela, y de un llanto estremecedor, cuando tiene entre sus dedos la cadenita, sonríe. ¿Y no hay ficción ahí? Yo le llamo a esto la bipolaridad. Lo he discutido a esto en congresos de psiquiatría, de psicología, donde he tenido el gusto de participar. La ficción se ve en todos lados, en el fútbol por ejemplo, el que va a patear un penal actúa, mira el ángulo superior derecho para engañar al arquero mientras corre hacia la pelota y patea abajo a la izquierda. Hace un momento hablábamos con admiración de Fontanarrosa. En ‘Viejo con árbol’, Fontanarrosa muestra la ficción en el fútbol, en un pasaje cuando un defensor le mete una patada en el estómago al nueve y levanta los brazos ¡yo no hice nada! (Clavenzani imita el gesto del jugador).

— ¿Cuánto tarda un director en determinar cuál papel le cabe mejor a cada aspirante?

_Una cosa es hacer una convocatoria donde tenés dos meses para convocar actrices y actores, con o sin formación, para montar por ejemplo Jettatore, un clásico de la dramaturgia argentina; uno hace como un relevamiento y asigna papeles. Eso se hace mucho en el cine. Pero el verdadero trabajo actoral tiene que ver con un gran desafío. Esta persona irá en contra de su ritmo. Va a representar a un personaje que no se le parece. Y en el teatro es donde se ve la verdadera composición actoral, mientras que en el cine se ve el mérito del director porque quizás el actor repitió dieciséis veces la escena hasta que el director obtuvo lo que quiso.

–El teatro tiene técnicas para desinhibir que sirven en cualquier ámbito de la vida pública, ¿no es así?

_ El teatro ayuda a desinhibir. Ayuda mucho, tiene técnicas que ayudan a atreverse. De hecho algunas técnicas teatrales que hoy se usan en todos lados, son lenguajes escénicos vivos. Yo tengo el privilegio de dar teatro en la Universidad Católica de Paraná, donde doy técnicas de acción para la comunicación, en carreras como ciencias económicas, derecho, psicología, psicopedagogía, corredor inmobiliario. Son carreras donde el estudiante necesita sobre todo generar confianza.

–¿Eso se aprende cuando no es un don natural?

_Si, ayuda. No es que son fórmulas mágicas, hay que entrenarlas diariamente, porque muchas veces tenemos deficiencias en grandes profesionales que en lo oral y presencial, bueno, uno prefiere leerlos y no verlos.

–En los juicios orales se ve a fiscales acusando y abogados argumentando y es como que actúan tratando de impresionar a los jueces o el jurado. Ahí esas técnicas parecen muy necesarias.

_Pero claro, el derecho, con los juicios orales, cambió totalmente.

–¿Hay abogados que toman clases para aprender esas técnicas teatrales?

_Si, muchos. Por lo general prefieren mantenerlo en el anonimato, toman clases particulares. Hemos trabajado mucho con la asociación de actores en la década del 90 en Buenos Aires. Yo he visto a personas muy ‘gruesas’ del derecho, en familia, en penal, que a veces te decían yo escribo, pero decirlo delante de doscientas personas que no me conocen, tengo graves problemas. Por lo general tienen problemas para mantener la atención del receptor, pero eso le pasa también al docente o cualquier persona que quiere mantener el liderazgo. En el caso del docente ¿cómo se hace hoy para mantener la atención de 40 alumnos? ¡imposible! Hoy hay que persuadir, trabajar la voz, la mirada. Usted quizás ha ido a un médico que lo atiende y le receta sin mirarlo a los ojos y está omitiendo una vía comunicacional muy fuerte, en esa situación puede perder la confianza del paciente. ¿Usted volvería a un negocio donde lo atienden pero en ningún momento lo miran a la cara?

Cuando usted mira al receptor, a todos los que están en un auditorio, el receptor ya se siente incluido en el mensaje, por eso es importante la confianza en sí mismo y cuanto más recursos tenga, más fácil llegar al otro. Por eso estas técnicas hoy tienen inserción en las universidades, las iglesias, las escuelas, es muy importante el contacto con ese arte y que desde chicos podamos comunicarnos con confianza, siempre desde los valores, por supuesto. Le ayuda al alumno a vencer la timidez. Cuántas veces sabe la respuesta pero duda o no se anima y otro levanta la mano y arriesga una respuesta; si acierta, el que no se animó se reprocha ¡yo la sabía!

–¿En los ámbitos educativos se empieza a entender que la pedagogía tiene que incorporar algunas de estas técnicas?

_Totalmente, pero no pasa por mentir o ficcionar. Lo que provee el teatro es la confianza. Yo puedo dar una clase de 40 minutos y nadie me escucha, y no sabemos que hay posturas que causan rechazo. No hay fórmulas para esto, pero sí cuestiones posturales kinésicas que causan rechazo. Usted entra a un comercio y el comerciante ni siquiera levanta la vista o se apura o no viene a su encuentro, usted pregunta por un artículo, “ah, sí, ahí, le indica”. Yo ya me voy de ahí, ¿a vos no te pasa?

Crespo y su evolución cultural

Clavenzani es un hombre muy agradecido con el público de Crespo, ciudad en la que son incontables las obras que ha dirigido y presentado desde su etapa anterior, en 1989 cuando fue convocado por el gobierno municipal para conformar un grupo de teatro y entrenarlo. Desde entonces ha visto una evolución muy importante en todas las expresiones del arte, en la ciudad de Crespo. Admira, entre otras cosas, que una ciudad de veinte mil habitantes tenga cuatro cineastas reconocidos en todo el ámbito cinematográfico nacional (Font, Schönfeld, Crespo y Zaragoza), que si bien “no son de los circuitos virreinales pero son reconocidos en los circuitos nacionales e internacionales de ese arte, y eso genera un movimiento, como el Cineclub, o acercar a la gente a otra cosa”.

El teatro hizo lo suyo en la evolución cultural crespense. “Acá hay muchas personas que gustan del teatro. También mucha gente que colabora y participa y son buenos anfitriones. Vos decís que viene un grupo de teatro de Santiago del Estero y sabés que está ese tipo de gente que los va a saber atender, el que va a convocar al público, y esto tiene que ver con los orígenes del teatro popular auténtico, el que fomenta el teatro de la región pero a la vez necesita nutrirse de otros lenguajes teatrales del país y el mundo. Y así fue que con el tiempo muchos grupos fueron viniendo y nutriendo a Crespo”, evalúa hoy, cuando sigue viniendo para ayudar a crecer el séptimo arte.

Su trabajo local

Convocado en 1989 por la Comisión Municipal de Cultura, Ruben Clavenzani trabajó con el ya formado Elenco Municipal de Teatro durante varios años, dándole un crecimiento y una trayectoria que aún hoy se recuerda y valora. De esa época recuerda muy buenas experiencias y la buena convivencia con otros elencos, como el de Orlando Britos con sus obras costumbristas.

Bajo su dirección se hizo el primer festival de teatro en 1992, el primero que se hizo en una ciudad que no es cabecera departamental.

Tras un tiempo sin trabajar en Crespo, fue convocado en 2008 por un grupo de personas con las que formó LACOTEI, Compañía de Teatro Independiente, que se mantiene activa en la actualidad y desde hace tres años sus presentaciones se hacen en la Biblioteca Popular Orientación.

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