Crespo.- Paralelo 32 entrevistó a Stella Cístola, una reconocida psicóloga de la ciudad de Victoria, profesional ampliamente capacitada en violencia de género, abuso sexual infantil, psicología de la emergencia y experta en prevención del suicidio. Sobre este delicado tema desarrolló una gran experiencia en el año 2005 en Nogoyá, donde llegó a alarmar el número de suicidios de personas jóvenes. En esa ciudad capacitó a unas cincuenta personas y logró armar una línea de prevención a la crisis suicida, creó un manual para darles información a los docentes a los efectos de la prevención y detección, incluso el tratamiento se extendió a los medios de comunicación y los abordajes que realizan sobre la temática; con resultados ampliamente satisfactorios. Su instructivo para los medios, basado en la OMS, aún es observado en Paralelo 32 al publicar noticias de esta índole.

A ella trasladamos el impacto que vive la sociedad, con dolor, fundamentalmente en los últimos dos o tres años, la pérdida de mujeres, casi todas jóvenes, que terminan de forma trágica.

“En los casos donde las víctimas son mujeres hay que despejar si no eran mujeres víctima de violencia, porque más de un caso cuando aparecen dentro de la franja etaria de los 20 a 30 años hay un entrecruzamiento con un cansancio, un agotamiento, una situación de falta de esperanza cuando son víctimas de violencia. Por allí es una forma aleccionadora de salir de esa situación a través de una conducta autolesiva”- indicó la profesional.

“Por otro lado –agregó- existe lo que se llama una contaminación psicológica, por eso siempre se pide y yo distribuí en su momento un manual basado en la Organización Mundial de la Salud, de cómo debe ser tratado el tema dentro de los medios, justamente por el efecto de contaminación psicológica. Cuando alguien se halla en estado de desesperación y de pronto aparece un cercano, un conocido, alguien con la misma edad, con la misma problemática que puso fin a su vida, de pronto ahí le cierra el círculo a quien puede estar viviendo situaciones particulares, especiales, similares, y piensa si ella lo hizo yo también puedo. Siempre tiene que haber una información, pero no el suicidio tratado como noticia”- aclaró la entrevistada. Al respecto se lamentó del tratamiento que sigue dando la televisión al caso de Rocío Gancedo, ocurrido el 29 de noviembre. “En este último tiempo yo realmente estaba muy asustada, muy preocupada por la repercusión mediática, porque es un disparador muy fuerte y era de esperar que hubiese a nivel nacional una réplica de mujeres de esa franja de edad”- sostuvo.

– Usted habla de los medios periodísticos, pero las redes sociales se han vuelto incontrolables y hoy son mucho más poderosas y dañinas.

– Las redes sociales no únicamente re victimizan a la víctima, sino que también a través de las redes sociales hay un suicidio inducido. Hay muchas páginas y lugares, no únicamente a través de la web sino a través de los mensajes que se suben en Facebook fundamentalmente que son alentadores, que hacen ver que el suicidio sobre todo adolescente y de primera juventud, hasta los 24 años más o menos, se ven alentados por esta cuestión también. Hace muy poco tiempo estuvo el tema este de la ballena azul y demás, que son distintas formas las que se van metiendo en una cotidianeidad, que hacen ver al suicidio como una alternativa a la solución de conflictos o como un gran desafío.

Nosotros tenemos una cultura absolutamente violenta y el suicidio está dentro de lo que son las conductas de violencia pero puestas hacia adentro, como si se fuera a explotar un edificio pero hacia adentro, una implosión, tiene la misma fuerza. Creo que a nivel comunitario es mucho lo que se puede hacer, hay una caracterización de tanta violencia, falta de esperanzas, ausencia de proyectos de vida, incertidumbre que se riega cotidianamente. Ese mensaje de confrontación permanente, que viene de la mano de los políticos, le ha enseñado a todo el mundo a odiarse con todo el mundo. Para quien está sufriendo, está solo, vulnerable, quien se siente con ausencia de entusiasmo, son disparadores que llevan a una ideación suicida, con mucha convalidación social.

– Quiere decir que no siempre la depresión está presente, ¿puede haber otras situaciones?

– Tenemos que saber diferenciar. Es un mito que todos los suicidios tienen que ver con la depresión. No es así. Hay un porcentaje de suicidios que tienen que ver con depresión; otro porcentaje con adicciones, determinados tipos de sustancias, mezclas, llevan también a este tipo de ideaciones suicidas. El otro porcentaje, el más amplio quizás, está en lo que hablábamos recién, las conductas de violencia; si bien es cierto que hay depresiones mal diagnosticadas que funcionan como depresiones encubiertas. Por eso son tan importantes los diagnósticos diferenciales y que el médico escuche antes de recetar antidepresivos o psicofármacos, porque tenemos una alta cantidad de población que los consume de una manera desordenada y esas cosas sin control muchas veces llevan a confusiones y a situaciones en las que después aparecen las ideaciones suicidas.

También hay ausencia de solidaridad social, de verdaderos entramados, en red, que sostengan desde distintos lugares, sobre todo a la gente de la tercera edad; la ausencia de proyectos de vida, el agotamiento de las esperanzas y de las ilusiones, son los grandes motivadores de estas conductas.

– ¿Es necesario que los profesionales se especialicen más allá del título universitario para atender a estos pacientes, porque los suicidios no siempre se consuman en el primer intento?

– Es científico que por cada suicidio consumado hay al menos tres intentos, en el que es ir perfeccionando la metodología hasta hallar la que sea netamente eficaz. Hay dos momentos en los que se puede trabajar dentro de lo que es la prevención del suicidio. Uno, lo que estamos haciendo ahora, ponerlo sobre la mesa, donde los medios de comunicación tienen un rol muy importante, sobre todo las radios que son una compañía muy grande, gente que tenga mensajes esperanzadores, alentadores y no solamente la cultura de la violencia, del miedo y de la competencia, que es lo que vende.

Por el otro lado, lo que me toca conocer más de una vez, los casos que son atendidos en una guardia por intoxicación de pastillas o demás, no tienen seguimiento. Es un intento fallido que generalmente si es de manos de un adolescente, le dicen ‘trataste de llamar la atención, ¿como les haces esto a tus padres?’ Muchas veces actúan así en la guardia, ridiculizándolos, vapuleándolos, y le hacen una derivación al psicólogo pero nadie se encarga de ver si ese chico sigue en tratamiento. Después aparece el segundo intento o el tercero.

Nosotros y los psiquiatras sabemos que a nivel mundial el suicidio es una pandemia, no es cualquier cosa. Por eso creo que debería haber una preocupación en la temática. Acá en Victoria capacité a todos los docentes, de todos los niveles, porque tenemos que empezar a hacer prevención, si no siempre quedamos llorando sobre lo que no se hizo. Por eso hay que poner esto en palabras, que se empiece a mirar desde otro lugar, desde un acompañamiento distinto y sobre todo fortificar un proyecto de vida. Y otra de las cosas son los modelos. Hay familias que tienen un modelo de resolución de conflictos a través del suicidio, entonces si ya hay un antecedente y tengo un joven que acaba de tener un intento necesito hacer ese rastreo, porque si hay antecedentes, es mucho más probable que alguien que no haya tenido nunca a mano el mensaje de que esto no va más y entonces me voy.

– El irse para una vida mejor, lo que cuestionaban esta semana en las redes sociales, sobre uno de los casos ocurridos.

– En realidad, el suicida no busca la muerte. Lo que busca es terminar con su problema sin evaluar que eso se lleva la vida. Por eso sostenemos que el suicidio es una muerte evitable, si nosotros tuviéramos una estructura de redes en donde hubiese varias miradas sobre la misma franja de población, sobre acompañamiento, sostenimiento, ocupación, enseñar distintas alternativas, capacitaciones, arte, comunicación, sería distintos. Hay cosas que desde las comunidades, con un compromiso con la salud de su población, se pueden hacer y no requieren inversión. Por ejemplo, los centros de jubilados son centros de vida. Son lugares alentadores de la vida.

– En Crespo se ofrecen muchas alternativas sin costo a través del municipio, en IMEFAA, los Centros Culturales, la Escuela de Música, hay talleres de capacitación laboral, colonias de vacaciones, se está becando a mujeres en cursos de formación laboral, se trabaja en formación de emprendedores, en talleres de adicciones y de hombres denunciados por violencia; también Pami, los Jubilados Provinciales ofrecen alternativas diferentes; los clubes hacen su aporte.

– Es lo que tenemos que tener para quien está solo, desesperado, aislado. No hablo del deprimido porque necesita otro tipo de atención, no va a caer a un taller. Pero esta otra gente que anda boyando en la soledad, en el ensimismamiento, la incertidumbre, ve estas alternativas como lugares de recepción de esperanza, de multiplicar y alentar la vida. Por eso insisto en que en las comunidades se puede cuidar la salud mental, hay formas de detectar la situación del suicida.

– ¿Hay indicadores que permiten detectar al suicida?

– En esto soy muy cuidadosa, pero el suicida siempre da señales. Nadie tiene un manual del suicida abajo del brazo para ir viendo, uno puede detectarlo en relación a las cosas que dice. No estamos ni acostumbrados a escuchar ni a ver a las personas que tenemos a nuestro alrededor y generalmente las familias están implicadas dentro de la problemática. Por eso la importancia de las redes institucionales, capacitar a los docentes que tienen un maravilloso repertorio para poder mirar, actuar, decir, en una etapa de mucha influencia en los jóvenes. Pero claro, hay personas que ya no están dentro de la escuela entonces, de por si, instituciones como el municipio, otros lugares de trabajo, en donde se pueda tener esta otra mirada porque dentro de la familia nadie se lo va a leer, eso se lee fuera de la familia. Ahí va a llamar la atención que éste que no quería salir nunca, que estaba siempre aislado, de pronto está hecho un cascabelito, y ya está, ya superé todo, ya está y empieza a hacer notitas, regalitos porque vos fuiste muy buena conmigo. Son señales de despedida, de que encontró por fin la solución y por eso está más contento. Pero claro, estas cosas que… en la medida que no se hablen, no se den a conocer, nadie naturalmente tiene por qué conocerlas.

Es una temática muy tabú, llena de mitos, como que el que tiene un intento de suicidio que quiere llamar la atención, que el suicida es un cobarde, o por el contrario que el suicida es un valiente. Son todos mitos que no tienen nada que ver con la realidad y que justamente hay que ir desterrando para poder hacer que se empiecen a pensar las cosas desde un lugar distinto. Ya lo dije, estamos en una sociedad muy violenta y la violencia nunca llega a la esperanza, lo único que hace es defenestrar esa posibilidad, entonces quien está herido encuentra como antes esto de pensar ya voy a solucionar mi problema.

El domingo es un día clave, diciembre es un mes clave, tiene mucha connotación emocional y por eso hay que estar doblemente activado para prevenir en estos casos. Diciembre es un mes muy movilizante en donde el que está solo se siente diez veces más solo. Hay un mandato social que dice que tenés que ser feliz, que no hay posibilidades para la no felicidad, entre los soplillos del arbolito de Navidad y los chin chin.

Y los domingos tienen que ver con el comienzo de la semana, un volver a empezar. El lunes es un volver a empezar, también tiene una connotación emocional importante.

– ¿Hay edades más propensas al suicidio?

– Digamos que de los 40 para arriba, cuando fracasan los proyectos de vida, es una edad de riesgo, pero el suicidio no perdona ninguna edad porque también está el suicidio infantil. Deja muy ampliado lo que tiene que ver con los adolescentes y la gente de la tercera edad, que antes de que los centros de jubilados tuvieran este arraigo tan fuerte y cuando salieron los planes a nivel nacional del adulto mayor, de las competencias, había un porcentaje mucho más grande de suicidios en adultos mayores. La contención, el acompañamiento, la diversión, el jugar, recrearse, son antídotos espectaculares para todas estas cuestiones de desesperanzas.

– ¿Y qué pasa en el caso de aquel que tiene una patología, es tratado, tiene un seguimiento de los profesionales y termina en una situación así?

– Quien está con patología de depresión, quien está con una patología suicida, obviamente que tiene que ser captado por el profesional. Todo psiquiatra y todo psicólogo sabemos que debajo de muchos síntomas están estas cuestiones y una de las cosas que primero tenemos que tratar de despejar, es qué piensa el paciente sobre su propia muerte. Después que se hace una entrevista, la historia clínica, a través de las preguntas y del estilo de vida y demás, con un oído experto en el tema, enseguida te das cuenta cuando puede llegar a haber un indicador. No es algo que deslice sin posibilidades de que te des cuenta cuando estás haciendo tu trabajo como corresponde. Obviamente que a cualquiera nos puede pasar dentro del campo de la salud mental, es más, hay una estadística de cuántos pacientes se te puedan llegar a suicidar; es así, no somos dioses, tenemos que tratar de ser el mejor profesional posible, pero no somos perfectos.

Atención a la crisis suicida

La profesional, con mucho esfuerzo y desde hace muchos años, ha venido capacitando a distintos cuarteles de bomberos dentro y fuera del país, en la atención a la crisis suicida. “El equipo de primera respuesta que va a llegar es bomberos, entonces deben estar preparados para saber de qué manera tienen que hablarle a quien está subido en una torre de telefonía, qué hacer, qué no hacer, qué se dice, qué no se dice, cómo se actúa, para que sea verdaderamente efectivo y por otro lado que no sea estigmatizante y traumático para quien actúa y la persona se le tire mientras está hablando”- dijo la psicóloga Cístola.

Opinó finalmente que “a nivel provincial también se podrían hacer un montón de cosas y si bien hay una línea, un número de tres dígitos a nivel nacional, el 135; también sería importante que cada comunidad tuviera su propia línea de atención a la crisis o de acompañamiento a la crisis, porque hay mucha gente que está esperando y necesitando atención en un estado de desesperación y no piensa en la línea a nivel nacional sino que busca una cuestión más cercana”.

 

 

(Por Nora de Sosa. De la redacción de Paralelo 32)

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