Por: Mary Tropini (*)

Paralelo 32 cumple 45 años desde que el primer ejemplar, un sueño de juventud, viera la calle, y desde hace 41 años ejerzo el periodismo. Desde entonces he perseverado con una página para la mujer, además de la diversidad de tareas.

Mi labor periodística es amplia y diversa, pero voy a centrarme primero en “Nosotras”, que hace más de cuatro décadas comenzó como un desafío, con una columna que luego se transformó en página completa. Queríamos que la mujer se viera representada en el periódico, darle voz, y como la página es leída también por los hombres, ayudarles a ellos a conocernos mejor a las mujeres.

Hubo innumerables recetas de cocina, tendencias de la moda, notas sobre el cuidado de la salud, consejos útiles para aplicar en el hogar en tiempos cuando no había acceso a productos especiales de limpieza, en nuestro interior donde no siempre se accedía a lo que ofrecían las revistas nacionales. Notas para la mujer que trabaja y también para la que sufre mal trato.

Había que pensar no sólo en Crespo, sino en los numerosos pueblos que fueron sumándose con los años en la distribución del periódico, en muchos de ellos fuimos el único medio gráfico durante años. Entonces, ¿cómo no aportar ideas, reflexiones, utilidades para las mujeres que no tenían oportunidad de encontrarlas en otras partes?

El tiempo fue cambiando, la televisión se hizo masiva, comenzó la era de Internet, tuvimos Google y las redes sociales, todo es más fácil de consultar, aunque no siempre es lo más seguro, pero desde la página femenina seguimos brindando aportes para el hogar, la salud, la belleza, porque tantas lectoras que nos elijen por saber que cuidamos las fuentes, chequeamos, consultamos, aportamos nuestra experiencia. También para los hombres, insistimos, nos consta porque no pocos nos han manifestado haberse lucido con alguna receta de cocina o utilizado algún consejo práctico para el momento.

Es una vida, primero tras una máquina de escribir, luego una computadora, no sólo pensando en la mujer; el tiempo me llevó a ocuparme y perfeccionarme en las prácticas agrícolas, una pasión que heredé de mis padres y que hoy ejerzo. A este aprendizaje lo aplico en las páginas de “Campo Nuestro”, publicando las novedades, tratando de ser útil a nuestra gente de campo, porque lo siento y creo que puedo aportar cada semana algo más para que nuestro campo no pare de crecer en eficiencia, y valorar a los seres humanos que la pueblan, porque conozco las dificultades a superar y los sacrificios que ese trabajo demanda. Sacrificios porque -en cualquier rubro- trabajar un campo es tener esperanza y fe, porque todo se basa en los cambios climáticos y en la lucha constante de ser escuchados por el gobierno de turno para que las medidas que se toman, relacionadas con el sector, sirvan para producir mejor.

El periodismo fue, finalmente, el signo que marcó mi vida. No hago distingos entre cubrir una nota policial, editar los envíos de las corresponsalías, o lo que demande el día.

Somos mujeres, amas de casa, hemos criado hijos a la vez que escribíamos en un periódico, nos hemos comprometido con entidades de bien público, hemos logrado hacer un periodismo de interior, pero con la fuerza que nos dio el deseo de buscar la superación siempre. La mejor recompensa es, después de tantas páginas, saber que seguimos llegando a miles de hogares, a pueblos que conocemos muy bien porque comunicamos sus logros, sus frustraciones, sus sueños, luchas, alegrías y tristezas. Nos sentimos parte de su gente, les hemos dado trascendencia desde cuando no había muchos medios que pudieran o quisieran hacerlo. Nos sentimos bien contando historias, con o sin finales felices, historias cotidianas, como es la de cada uno de los que damos vida a las páginas de este Semanario y su sitio digital.

 

(*) Miembro de la Pyme familiar Paralelo 32.

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