Crespo.- El padre Rubén Schmidt estuvo de vacaciones en Italia cuando se produjeron los últimos terremotos en el centro de ese país en el mes de enero pasado.

El cura párroco de la Parroquia “Nuestra Señora del Rosario” viajó el 11 de enero y volvió el 26 del mismo mes. Schmidt es doctor en Derecho Canónico por la Universidad Gregoriana de Roma, universidad dirigida por la Compañía de Jesús. Durante más de seis años, en la década anterior, estuvo en Italia, por tareas pastorales y estudiando la especialización universitaria. Trabajó en la diócesis de Massa Marítima, en la Región de Toscana. También estuvo realizando trabajo pastoral en la comunidad de Castellanza, de la diócesis de Milán, entre otros lugares. De esa experiencia le quedaron muchos amigos laicos y este año decidió visitarlos.

El terremoto

Al contar qué pasó con el terromoto, el Padre Schmidt comentó que “las réplicas de los terremotos se sintieron en Roma, según los entendidos en una escala de 3 (terremoto menor en la escala de Richter, suele percibirse pero no causa daños, N. de R.). Para mí fue la primera experiencia, no recuerdo haber vivido ningún sismo en mi vida. Ese día estaba en Roma, porque me habían invitado a almorzar en casa de una familia amiga, una abuelita y su hijo. Ese día no pudo estar la esposa del hijo. Cerca del mediodía empezó a moverse todo. Al principio pensé ‘será que el subte pasa por debajo’. Después dije ‘no, si el subte por acá no pasa’. Después vi que la lámpara se movía, el mismo sillón donde estaba sentado empezó a moverse. Y la abuelita empezó a temer, ponerse en actitud nerviosa o asustadiza. El hijo dijo ‘esto es un terremoto’. Estábamos en un segundo piso, pero no hubo alarmas generalizadas. Particularmente, me produjo una especie de descompostura. Es como cuando uno tiene un mareo, está caminando, parece que todo se le mueve y no sabe dónde agarrarse”.

Comentó que no vio nada que se partiera, pero “noté como se movió el edificio entero”. Comentó que gran parte de las construcciones italianas son antisísmicas porque el peligro de terremotos es permanente. “Hubo tres réplicas en media hora, la tercera fue la más fuerte. En ese lapso cuando comenzaba a moverse todo nos quedábamos en silencio, pensando ´cómo nos escapamos’”, comentó el párroco.

Comunidades rurales

Los terremotos que ocurrieron entre agosto de 2016 y enero de 2017 en el centro de la península italiana fueron de magnitudes elevadas y destruyeron muchos pueblos pequeños. Son comunidades rurales que fueron arrasadas porque no había construcciones antisísmicas. Al respecto, el padre Schmidt señaló: “Italia se caracteriza por tener muchos pueblitos de una gran historia, y tienen edificios muy antiguos. Ahora, por otro lado, hubo movimientos muy fuertes que, pienso, hasta el edificio antisísmico mejor preparado, alguna consecuencia iba a tener. En el caso de las basílicas son del Medioevo, incluso anteriores; creemos que esas prevenciones no las han tenido. En la diócesis de Massa Marítima, donde estuve realizando actividades pastorales mientras estudiaba en la Gregoriana, hay edificaciones del 1200, todavía. En ese sector, ahora ni siquiera hubo réplicas, por lo que me contaron mis amigos, pero en un terremoto anterior, hubo movimiento en esa zona. En Italia se conservan mucho esos monumentos como históricos, si bien su interior se puede reformar con autorización municipal, toda la parte exterior se debe conservar como patrimonio histórico de cada ciudad. Massa Marítima es una ciudad medieval con calles angostas y vivoreantes, que era el sistema que tenían las ciudades europeas del Medioevo como forma de defenderse de las invasiones, para no facilitar la circulación de los enemigos que se perdían dentro de las calles”.

Defensa Civil

Al comentar sobre la actuación de lo que es equivalente a Defensa Civil en Argentina, Schmidt comentó: “Por lo que uno ve en los medios, ellos están muy bien organizados. Porque fue instantáneo el uso de helicópteros, a veces los vehículos no podían llegar por tierra, sobre todo donde se produjo un alud que tapó un hotel, y se llegó por helicóptero. Creo que están muy bien organizados por lo que se pudo ver. Tanto con médicos, con especialistas, y bomberos. Claro que a veces los terremotos son tan grandes que no se pueden solucionar los problemas de un momento para otro. Pero vemos que donde se produjo el alud, hasta dos días después de la catástrofe, seguían rescatando gente con vida de los escombros, trabajando contra reloj con todo un equipamiento extraordinario”.

Agregó que “es una realidad distinta la europea, si bien se lamentan mucho pero confían que una solución se va a encontrar, es la sensación que me dio. Lo que pasa es que en un primer momento, la necesidad es más grande que la capacidad de respuesta; siempre alguien tiene que esperar. Hay poblaciones que desaparecieron prácticamente enteras. No sabría dar más detalles en ese sentido, pero siento que están bien organizados porque viven esa realidad frecuentemente”.

Tiempo de terremotos

Desde agosto del año pasado, el centro de Italia sufrió tres series de grandes terremotos. La primera se produjo el 24 de agosto, y el terremoto principal tuvo una magnitud de 6,2 (fuerte en la escala Richter, con destrucción de áreas pobladas) en el valle de Tronto, entre las regiones de Umbría, Lazio, Marcas y Abruzzos, con más de 2.500 réplicas en la semana siguiente. La segunda serie se inició el 26 de octubre, con magnitud 5,5 y epicentro en Sellano a poca distancia del anterior epicentro, con 28 réplicas en los siguientes días. La última serie de tres terremotos, que experimentó el Padre Schmidt, se produjo el 18 de enero, con magnitud 5,3, cerca de la ciudad de L’Aquila, capital de la región de Abruzzos, también dentro de un área cercana a los dos epicentros anteriores.

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