Son ingenieros, se conocieron por otras circunstancias más apegadas a lo familiar que a sus profesiones, pero tenían una idea en común, hacer cerveza artesanal. Dos son oriundos de Nogoyá y trabajan en Rosario (ingenieros químicos) y el tercero de las siete colinas (biotecnólogo) y ejerce la docencia en varios niveles de formación tanto aquí como en la vecina orilla. Esa conjugación de saberes también vino como anillo al dedo, porque hoy en Alem 190 tienen una verdadera fábrica de la cual salen esas botellitas que rápidamente lograron clientes que las comercializan en sus negocios.

Pero llegamos allí también porque el el impacto de degustación y venta en la feria de productos artesanales fue tal que agotaron todo el stock que tenían. “Creo que fue por cómo armamos el stand, con los granos, la heladera con las choperas, entró por los ojos”, dice Federico Azcárate a Paralelo 32.

Su compañero Matías Muzaber se ríe y asiente con la cabeza, está ensamblando el pico de una llenadora de botellas, labor bastante distinta de la que realiza en General Motors – Rosario: “como verán aquí todo lo hacemos nosotros, adaptamos ollas, hacemos plomería, etc. Así achicamos costos mientras avanzamos en optimizar el sabor; el compañero que falta (Mauro Cremona, también empleado de la automotriz) hace las veces de catador, él sabe de este arte y si bien puede prestarse a la broma, cuando él da el visto bueno es que estamos listos”.

Los vecinos y amigos cercanos oficiaron de testeadores para la primera experiencia, luego vino otra instancia más comprometedora a partir de empezar a colocar esos 50 litros que cocinaban y envasaban, valiéndose de lugares específicos como vinotecas, negocios afines, despensas, etc. “Hoy tenemos más de veinte, y la lista se amplía al punto que estamos en deuda con varios nuevos clientes”.

Mientras conversamos Matías nos muestra las tres nuevas ollas de aluminio (que está armando y adaptando para la producción otro artesano local) “con estos recipientes vamos a potenciar la producción en 1000 por ciento”.

La charla se cuela en especificaciones de sabor, hoy hacen dos: una rubia y otra marrón un tanto más fuerte o con más cuerpo, y también tienen en la gatera la negra, que promete y mucho. Sin embargo lo que nos acercan como novedad a esos recipientes de algo más de 300 cm3 es una especie de pequeña vasija, de un galón (1,900 litro) que en breve comenzarán a promover como nueva atracción, “la gente comprará el envase y una vez que se termine nosotros se lo recargaremos, pensamos que es una opción válida, así que veremos qué pasa”, dice Federico.

Por ahora Cerveza Artesanal Victoria es un producto natural homologado por Bromatología Municipal, sin agregados artificiales y que en el mismo proceso produce su propio gas, pero ellos están convencidos que pueden transformar este primer hobbie en algo grande, “trabajamos a conciencia, sabemos que la cerveza gusta y nos ponemos una meta de calidad, tratamos de ser lo más rigurosos posibles en la elaboración, y de a poco nos vamos armando de insumos y tecnología para optimizar el proceso”, dice Matías mientras nos muestra algunas herramientas de medición para lograr el color y el sabor justo. “El agua es la materia principal, el 90 % diría, y como Victoria tiene buena calidad en este sentido, tenemos allí una ventaja”.

Los tres hace tiempo dejaron de tomar cervezas industrializadas pero no por ir contra el sistema ni mucho menos, ellos creen en lo que hacen, disfrutan de lo que consiguen y ahora muchos más podrán experimentarlo, “Le pusimos Victoria no para que alguien se la lleve como souvenir, la tome y no sepamos si le gustó o no. Queremos que el victoriense la pruebe e incorpore a sus hábitos, sabemos que cada vez más personas toman cerveza artesanal, el caso de Rosario hay zonas específicas donde ya se venden y degustan por centenares, así que lo que hacemos es ir en esa dirección, de lograr una cerveza con identidad victoriense, con un sabor y textura propios”, concluye Federico.

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