Crespo- Carlos Sigvardt es parte primordial de la historia del Hogar Nuevo Amanecer, que se empezó a trazar en forma efectiva el 10 de mayo de 1987. La necesidad de que niños y jóvenes con discapacidad tuvieran una familia que los ampare, los proteja, ayude a crecer y superar sus dificultades hizo que los mentores del proyecto buscaran un matrimonio que quisiera hacerse cargo de la paternidad de estos chicos. Así fue que 30 años atrás Carlos Sigvardt y Susana Meccia, un matrimonio joven, recién casado, con apenas 22 años cumplidos eligieron ser los padres de corazón de estos chicos con discapacidad.

La institución, que tiene albergados 9 jóvenes, a partir de la inauguración de su edificio propio y la mudanza a las nuevas instalaciones cambió su perfil. Atrás queda el formato de familia con la ayuda de quienes se hacían cargo de la cocina, limpieza e higiene del lugar para una mejor atención de los chicos. Carlos ya no vivirá con ellos, estará algunas horas como director del Hogar, que estará atendido por celadores, cocinera, ayudante de cocina, personal de limpieza, médico, enfermera, profesor de educación física, psiquiatra en otras especialidades que integrarán un equipo de trabajo interdisciplinario.

Con él hablamos días después de la inauguración de edificio para recoger su testimonio sobre estos 30 años de paternidad cargados de las más variadas historias y anécdotas y sobre cómo una misma persona puede vivir cambios de paradigma. “En el tiempo en que nos hicimos cargo se solicitaba un matrimonio sustituto; esa figura con la Ley de Minoridad quedó desechada –señala Sigvardt-. Este hogar tiene esa particularidad, nació así, los chicos quedaron y no era posible decirles cambió la ley para que vos te vayas. Cuando el Consejo del Menor decide dejar de apoyar al Hogar allá por 2004, porque los chicos eran mayores, la comisión decide seguir adelante, sosteniendo todo esto sola, con el gran apoyo y solidaridad de la comunidad, para que ellos puedan tener un techo, alimento y vestimenta asegurados”.

“La solución que nos ofrecían – recuerda- era enviarlos a instituciones de salud, específicamente un neuropsiquiátrico y ellos no reunían las condiciones para ir a un lugar así”.

Haber defendido de este modo a cada uno de los chicos de entonces, jóvenes de hoy, la afectividad nacida de la relación de criarlos y guiarlos por la vida, lo hace sentir emocionado de ver que más de uno de ellos han podido constituir su familia, otros se han encaminado y siguieron sus estudios, logrando empleos en relación de dependencia.

“Iban a la Escuela Integral y en ese tiempo no se hablaba de integración, era especial o discapacitados, otro cambio de paradigma; es más, apareció el Centro de Ayuda del Niño y se llenó la entonces Escuela Especial y en ese tiempo, nosotros, por ejemplo, sacamos a uno de ellos y lo llevamos a la Escuela 105. Lo aceptaron con la condición de que lo ayudemos porque de lo contrario debía volver a la institución de origen. Y ahora, con esto de la neurociencia, uno descubre que el 80% es voluntad, el 20% intelecto. Nuestro chico ha suplido todo eso con voluntad, estudió en la Escuela Técnica, se quedaba hasta las 4 de la mañana para hacer los planos; cursó su escolaridad en tiempo y forma; es empleado, tiene una familia, su casa, su auto”- dice con la satisfacción de la tarea cumplida.

“Quien no es querido en la niñez explota en la adolescencia –cuenta otra experiencia- y nos pasó con otro caso. Hablábamos y hablábamos y no había forma, hasta que cumplió los 18, le ayudamos para que viva solo y no faltaba noche que le mandara un mensaje a Susy preguntando cómo estábamos; se casó, tiene hijos y ahora voy a visitarlo y cuando lo veo sermoneando a sus hijos me veo a mí mismo hablándole a él”.

“Nosotros- recuerda- al comienzo lo tomamos como un trabajo, nos convocaron y había una asistente social que decía que no íbamos a andar porque éramos muy jóvenes, teníamos 22 años y eso era una contra según su opinión. Susy antes de que nos casáramos trabajaba en el Colegio de las Hermanas en Las Cuevas de preceptora y yo era maestro, estaba trabajando en Ramírez, después me vine a la Escuela Nº 203, un año después me fui al campo y esto se empezó así como una familia, al principio y hasta ahora los gurises me dicen papá. La historia de nuestra vida es también un poco esto, para nosotros descubrir que no podíamos tener hijos nos aferró más a los gurises”- revela.

– Para ellos sigue siendo así, es su familia más allá de lo que la ley establece.

– Sí, y fue acertada la decisión de la comisión de no desentenderse, solos no hubiésemos podido. Al faltar Susy a mí se me empezó a complicar, entonces esto de la institucionalización es necesario para que se prolongue en el tiempo.

– Seguramente seguirá ligado a ellos más allá del cambio de perfil y aunque no se mude al Hogar, ni sea el papá que 30 años atrás se requería para que funcione.

– Sí, yo cumplo horarios como director; por más de que tenga mi otro trabajo (NdelaR: es Director Departamental de Escuelas de Nogoyá) siempre tengo esa necesidad de verlos, de saber cómo están. Tendrían un celador con ellos todo el día, con horarios rotativos de 8 horas. Es directamente un cambio de perfil.

Los comienzos

Carlos recordó los comienzos del Hogar. “Cuando nos contrataron los doctores Bahl –cuenta- dijeron que necesitaban un matrimonio, aceptamos y preguntamos qué hay que hacer. Y llegaron los primeros chicos. Roberto, que todavía está, vino con Fabián; después llegó Teresita, una nena desnutrida porque la estaba criando la mamá que era discapacitada mental profunda. Y uno se aferra. Tantas cosas que uno vio y aprendió. En esa época se usaban pañales de tela y varios los usaban. Nuestro primer auto fue un Fiat 600 y como al principio los chicos el fin de semana se iban con las familias; tres de ellos que no la tenían, salían a pasear con nosotros. Los que iban a sus casas volvían aceleradísimos y no era bueno para la adaptación por eso empezaron a quedarse los fines de semana y todo fue a voluntad, nunca hubo un personal dispuesto para esto, entonces siempre fue una organización familiar”- relata.

“Los primeros 10 años fueron aprender junto a los chicos, enfrentarse a distintas patologías”- detalla.

Sobre la atención de los chicos recuerda que a las reuniones en la escuela había que ir por cada uno y defender el derecho de cada uno, en cada lugar.

Hoy se muestra feliz que la mayoría de sus chicos puedan manejarse solos. “Con esto de la sobreprotección no queríamos que salgan ni a la esquina. La sociedad ha evolucionado con el tema de la inclusión, los valoran e incluyen mucho más. Antes yo me presentaba que era del Hogar y me miraban como si los podría llegar a contagiar de algo. Treinta años atrás era así y eso ha cambiado mucho, por suerte. También es un logro que en Entre Ríos hay dos o tres hogares como este nada más y acá se lo bancó la comunidad”- indica.

Sigvardt sostiene que una de las personas más altruistas de Crespo es el contador Jorge Tommasi, con el Hogar, con Acadme y no le hemos dado bolilla con Fundro. Tenía esa visión con los doctores Bahl también y ellos son más o menos con los que tuvimos el vínculo inicial. Nosotros pusimos el cuerpo –reflexiona el entrevistado- pero esta gente fue muy visionaria. Recién se había terminado de construir la Escuela Especial y ya fueron por otro paso. Y ahora está sucediendo lo mismo, se concreta el edificio del Hogar y van por el próximo paso que es el Centro de Día.

  • El Centro de Día les terminaría de dar una independencia casi absoluta a las personas con discapacidad ¿No?
  • Si, y sería un círculo perfecto a los tiempos, esto se está haciendo con criterio, tratando de cumplir con los marcos básicos para que no haya problemas ni de accesibilidad ni de nada.

Dos momentos clave

Papá Carlitos, como le llaman los chicos del Hogar, trae a la memoria dos momentos clave. El primero cuando debían desalojar la vivienda de calle Laurencena donde se inició el Hogar y el segundo, la decisión de Gabriel Heinze de construirles el edificio en un terreno donado por la familia Jacob.

“Es de película” – dice sobre la casa que adquirieron Jorge Temi y su amigo Silvio Diment, dos empresarios de Buenos Aires, de aquel momento que decidieron darle bienestar a los chicos. “El gestor fue Manfredo Kaehler quien conoció a Temi en Vida Sana, en Libertador San Martín. Manfredo tenía un triciclo muy chico del que se caía y esta gente le regaló uno más ancho, entonces obsequió el que ya no usaba a un chico del Hogar. Fue quien invitó a Temi para que conozca el lugar y llegaron justo cuando nos estaban desalojando de calle Laurencena. La idea era fuéramos a vivir a donde están los talleres de la Escuela Integral, lo cual no era apropiado. Jorge, en su visita, le compra zapatillas, sábanas, a los chicos y me pregunta qué más necesitábamos. Una casa, le digo. Me quedé perplejo cuando respondió: conseguí tres presupuestos y yo vengo. Terminó eligiendo la casa más cara, en ese tiempo costó 60 mil dólares, la compró con su amigo, le agregaron dos habitaciones y un baño. Así fue que se concretó el traslado a la vivienda de Avenida Independencia y se hizo un comodato esa misma noche, 23 años vivimos gratis ahí. Temi fue una persona que me enseñó muchas cosas”-sostiene.

  • Fue una decisión importante para el Hogar.
  • Sí, como también tener una comisión, no depender del Consejo del Menor. Estábamos con un proyecto ante el Conadis, que se cayó y aparece Gabriel Heinze, él ya estaba ayudándonos pero también este gesto nació de él, nadie le fue a pedir nada. Son esos ángeles que aparecen cuando uno los necesita.
  • Se produjo un incendio en la casa de Avda. Independencia y ahí decidimos construir un edificio para que funcione como institución, porque la casa donde estamos no cumplía ninguno de los requerimientos. Fueron 3 años de mandar proyectos al Conadis que nunca aprobaron; salimos a los medios, se entera Gabriel y en marzo del 2015 nos llama a su casa para decirnos que él se haría cargo de la construcción del edificio, pero que lo mantengamos en reserva.
  • La construcción es de primer nivel en todo sentido, es un salto de calidad de vida para los chicos. Llevó menos tiempo construir el edificio que equiparlo a nuevo.
  • Ahora empieza otra etapa, la tarea de la comisión de contratar más personal para cubrir todos los horarios y tener profesionales a disposición, médico, enfermero, psicólogo, asistente social. Ellos no trabajarán de forma permanente pero el equipo tiene que estar conformado ante cualquier situación.

Mientras tanto, transcurre el período de adaptación donde los chicos pernoctan en el nuevo edificio y vuelven de día a la casa donde siguen residiendo. Así van sumando días paulatinamente, algunos están más tiempo regando y ayudando con los detalles, hasta llegar al traslado definitivo previsto para comienzos de diciembre. Por su parte, la comisión avanza con la selección de personal que tendrá a cargo la atención en el Hogar, requisito previo a la gestión del reconocimiento por parte de Salud Pública.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here