El gataflorismo humano

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El gataflorismo humano             

** El regreso de los días cálidos despierta nuevas emociones, sensaciones que estuvieron guardadas durante el periodo invernal, ganas de cosas por las que durante meses no tuvimos ganas.

Hay que aprovecharlo full porque todo lo que no podemos regular termina hartándonos. Hay quienes gustan de la sopa de ajo y si no la tomaron durante algunos años y se la sirven, son capaces de llorar de felicidad ante el plato humeante recordando cómo la preparaba su mamá o su abuela. Pero sírvale todos los días sin descanso una sopa de ajo y verá como se la escupe.

** El verano (que comenzará dentro de veinte días) es parecido a la sopa de ajo. El invierno también; cae la primera nevada, los chicos se revuelcan alegres en la espuma blanca mientras sus padres toman fotografías y selfies para mandárselas a los parientes que están en zonas calidas, para que los envidien. Muy romántico, pero pasan dos meses y lo más odiado es esa mugre blanca que les tapa la entrada al garaje y sueñan con ir a visitar a sus parientes del Caribe.

** Llega el calorcito y nos da esa preciosa libertad de andar en calzoncillos por el patio, pero dele usted tiempo al verano y verá como empieza a putearlo porque tiene trabajos que hacer donde no hay un acondicionador de aire y ya se calienta con él porque cree que vino para maltratarlo. En enero ya nos parece un calefactor sin termostato.

** Es porque usted ya se había cansado del frío invernal, que lo tenía podrido y no veía la hora de que llegara el verano, pero el verano hará lo que se le antoje y no tiene un botón para apagarlo o bajar la temperatura. Al final volvemos a hartarnos del verano y queremos que regrese aquel que antes nos hartó (el invierno, por si no se entiende).

Diálogos con mi perro                

** Somos así porque humanos somos. En un día de 36 grados de calor uno ve al gato lanudo y lo mira con lástima, hasta que se entera que ese pelo largo es el que lo protege del calor y lo envidia. No sé cómo hacen estos guachos pero esa misma pilcha los protege del frío en invierno. Hay quien esquila a su perro en el verano creyendo hacerle un favor. Si el pobre can supiera hablar como nuestro perro (ex Abelardo, ex Aaron, que hoy se llamará Felipe), le diría que eso es un error porque ellos no transpiran por la piel sino por la boca.

** Caminando temprano con Felipe por la vía aeróbica, me dio por ofrecerle si no quería ser esquilado. El perro se plantó de tal manera que le pegué un estirón al cogote con la correa.

_F. “Los perros que somos bien perros y a mucha honra no andamos con esas giladas de raparnos o hacernos una colita con moño sobre la cabeza. ¿Por qué me querés travestir?”, me dijo Felipe casi gruñendo.

–M. No te ofendas. Quería hacerte un favor para que no sufras el calor del verano.

_F. Pasa que sabes poco de fisiología canina. Los perros no transpiramos por la piel, lo hacemos sólo por la lengua y por las almohadillas de los dedos. Así que anda tomando nota, el manto de pelo es nuestra protección tanto para el frío como para el calor.

** –M. No te pongas cabrero Felipe, como veo que muchos que tienen un perro mascota lo esquilan en verano, pensé que…

_F. ¿Sabes por qué sucede eso? Porque los demás perros no hablan y lo hacen solamente sus amos o como quieras llamarles, que creen que hablan con su perro y están hablando solos. Se creen sus amos pero les sirven como si fueran sus esclavos. Los acarician, alimentan, bañan, perfuman, los sacan a pasear. A eso en otros tiempos se les llamaba ser “el criado” y no el amo.

** –M. Ya lo hemos hablado a eso, Felipe. Somos amigos, los queremos, y a los amigos se los trata bien.

_Tá bien. Toma nota. Hay algunas razas que nunca deben esquilarse, como el ovejero alemán, el chow chow, el siberiano y el San Bernardo, entre otros. Al hacerlo estos hermanos podrían sufrir un golpe de calor y enfermarse. Y si no hay más remedio que hacerlo, se lo deberá proteger muy bien del calor y los rayos solares.

El verano es mejor pal’ reuma  

** Ya regresábamos a casa cuando nos topamos con don Leoncio, que rumbeaba para el lado del centro, sin su habitual canasta de productos manufacturados de dudoso respaldo bromatológico, porque la cuelga en el verano.

** –M. Gusto en saludarlo, don Leoncio. Raro encontrarlo por aquí, ¿camina seguido por la aeróbica?

_L. Es la primera vez y lo hago para acortar camino. No me gusta andar vareándome por una pista como ésta como pingo en entrenamiento. Además ya no doy para trotes largos, me tiene mal el reuma.

–M. ¿¡El reumatismo!? ¡Pero eso no existe más!

_L. ¿Ahá?, entonces debe haber algún otro desgraciado que se hace pasar por él y me causa estos dolores?

** –M. Me voy a expresar mejor, en realidad existen como doscientas dolencias parecidas a lo que se le llamó reumatismo cuando no estaban bien clasificadas ni tenían tratamiento específico. La palabra ya casi no existe en la literatura médica o técnica, es un término obsoleto. La verdad es que ‘reuma’ se le llamaba a cualquier dolor al que no le encontraban mucha explicación.

** –L. Vea mi estimado amigo, a mí me duelen algunos huesos y usted llámelo como más le guste. Yo soy del tiempo cuando nos importaba más solucionar las cosas que ponerles un nombre.

_M. Bueno, pero cada nueva solución tiene un nombre, y cada nueva búsqueda también. La palabra antecede a todo. En el principio solo existía el verbo…

Perro que habla no muerde                  

** Mientras transcurría la conversación, Felipe se había sentado y mirándome fijo me dijo: ¿No nos va a presentar?

–M. Ah, sí, claro. Don Leoncio, él es Felipe, disculpe que no lo presentara.

–F. Gusto en saludarlo, don Leoncio.

_L. Ah, es éste. Usted me había mencionado que tenía un perro pero creo que me dijo otro nombre.

–M. Si, se lo voy cambiando y a este último lo arreglé con él porque después de todo el perro tiene derecho a elegir cómo llamarse. Pero… ¿no le va a contestar el saludo?…

Leoncio se queda doblemente turbado, como quien no entiende, hasta que dice: ¿Cuál saludo, disculpe?

–M. ¿Cómo cuál saludo? No oyó que el perro lo saludó respetuosamente.

_L. Vea Mangrullero, yo tengo que seguir mi camino porque si no llego cuando me abre el Pami no alcanzo a volver para el almuerzo. Ah, y ya que se preocupa tanto por los nombres de las enfermedades y trastornos, póngale uno a eso que le está pasando a usted.

** “Un poco maleducado el hombre, ¿no?”, susurró el perro, según alcanzó a oír el Mangrullero.

–M. No le haga caso a la gente Felipe, algunos no tienen sensibilidad para escuchar otras voces que no sean las propias. Les resulta fácil creer que en unos años más los humanos formarán pareja con robots perfectos, pero uno les dice que tiene un perro que habla, inteligente además, y no lo quieren oír porque no lo publicó La Nación o Clarín.

_F. Se agradece el concepto.

Mondo cane                       

** –M. Pero de a poco la sociedad irá entendiendo lo suyo, Felipe, y algo de eso ya hay; cuando tuvimos la última conversación, pocos días después que la publicamos en la web un periódico de Concordia publicó una frase suya, textual: “En política la lealtad es una mercadería perecedera que viene con código de barra”.

_F. ¡Genial! ¿y ese medio aclaró que lo dije yo?

–M. Bueno, solo dijo que hasta los perros saben eso y luego entrecomilló la frase. Pero es un primer paso Felipe, por ahora, lo que no se publica en Buenos Aires no tiene premio. Acostúmbrese.

** _F. Qué semana hemos tenido, mangrullero, ¿no?

–M. Es demasiado amplia su pregunta.

_F. ¡Figúrese! Murió Fidel Castro y hubo una catástrofe aérea como pocas en la historia, con la muerte de un equipo de fútbol completo.

–M. Tiene razón, pero con la muerte de Fidel se cumplió una ley biológica en cambio todos esos muchachos tenían una larga vida por delante.

** __F. ¿Fidel no le cae bien?

–M. No me cuente entre los que se manejan por simpatías o antipatías. Al pensamiento de Fidel hay que entenderlo no solo dentro de su época sino también de la realidad de Cuba y gran parte de América latina, donde ha sido una figura descollante, en camino de convertirse en mito, como El Che. Privilegió la distribución sobre la libertad, otros creen que la libertad es un valor superior al de la distribución. Ojalá un día alguien halle la fórmula de convivencia entre ‘libertad, distribución y acumulación’, porque para distribuir primero hay que producir y acumular.

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