El domingo 23 se cumplieron 29 años de la aparición del primer número de Paralelo 32 Edición (Victoria/Nogoyá). A esta última extensión que ponemos entre paréntesis solo al efecto de esta nota, hubo que agregársela a la marca para situar geográficamente este periódico, por cuanto ya existía desde 1972 en otra región de nuestra provincia,  también de nuestra propiedad e iniciativa.

Hasta ahora no habíamos explicado por qué optamos por repetir el nombre de un periódico ya existente. Un aniversario es buena ocasión para hacerlo.

En 1989 seguíamos con la impresión ‘caliente’ aquellos que no podíamos invertir lo suficiente para llegar al offset. El periódico fundado en 1972 para Crespo y una amplia región se imprimía en Victoria (Los Gráficos), donde habíamos hecho esfuerzos con José (Yule) Pirro para adquirir una linotipo cada uno e incluso una impresora, antes de avanzar por trabajosas etapas hacia la impresión offset y finalmente la rotativa, aún en uso.

Época del plomo fundido, por eso se le llama sistema caliente; de sacar pruebas de página para corregir, reemplazar líneas de texto en relieve sobre metal, tener oficio y paciencia. No era tan sencillo borrar una palabra o reemplazarla.

Los dos semanarios compartían algunas notas, obviamente de redacción propia, en los que frecuentemente se citaba –como hasta hoy- el nombre del periódico. Parte del plomo de allá servía para acá y viceversa, y hubiera sido una verdadera complicación reemplazar cada vez ese nombre en la plancha formada por centenares de bloquecitos metálicos que componían la plancha. Nada sencillo. Lo más práctico era que ambos llevaran el mismo nombre. Además, Paralelo 32 ya era para entonces una marca que se había ganado el respeto y la confianza en amplios sectores sociales y dirigenciales de la provincia.

Después de todo, a esa altura del tiempo ya habíamos aprendido que los nombres de los periódicos están condicionados por las mismas leyes culturales que los nombres de las personas. La imagen de una persona o institución no depende del acto fundacional o de la fonética de su nombre, sino que es una lenta construcción. No es un nombre de pila lo que impone más o menos respeto, sino la conducta y el modo de relacionarse. Del mismo modo, lo que define la relación de un medio periodístico con la sociedad es el contrato social que se va consolidando con el tiempo. La marca causará buena o mala impresión según su trayectoria.

Como segundo paso nos faltaba una máxima –un eslogan, si se prefiere– para sumar a la marca. No una simple frase convencional sino una que resumiera un compromiso y nos marcara un camino.

Nos propusimos seguir las pautas que nos habíamos impuesto en 1972, diferenciándonos del periodismo tribal que toma parte en las lides políticas a matar o morir. Seguir siendo actores ‘responsables’ del sistema político. No imponer ideas sino propender a un debate maduro. Respetar al lector, saber reconocer errores… Bajo estas y otras premisas necesitábamos una frase y no la tomamos de ningún pensador de la historia; es propia; así la hemos pensado cuando la escribimos bajo el logotipo de marca: “Una tribuna abierta a todos los pensamientos”.

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