Crespo.- Roberto Romani es un nombre obligado a la hora de pasar lista a los entrerrianos que son artífices de nuestra cultura popular, tanto por la calidad de sus obras como por la cantidad que en cuarenta años de actividad, desarrolló en nuestra tierra. Días pasados tuvimos oportunidad de entrevistarlo y al comenzar la nota con Paralelo 32 el artista reseñó sus actividades de los últimos años: “Hace 15 años que estoy en el gobierno y en esta gestión soy asesor cultural del gobierno de Entre Ríos. De tal manera que, como no tengo una tarea administrativa y un seguimiento del personal, que lo hice con muchísimo gusto pero te demanda muchísimo tiempo, aprovecho para hacer este tipo de actividades: conferencias, disertaciones con motivo de las fechas patrias, homenajes a los poetas, colaboro con el Consejo General de Educación, con la Editorial, con el propio gobernador, obviamente. Con todos los organismos del Estado a los cuales uno les puede servir”.

Actividades

–  ¿Qué actividades viene desarrollando?

—  Todos los años, desde hace treinta, preparo una conferencia nueva. Hace mucho, además, incluyo música, y en los últimos años también un documental. Este año hemos estrenado una obra musical que se llama “Fibra montielera”. Son 16 obras que compuse e integran el libro “Los duendes azules”, que incluye 50 obras con 50 historias. Marcos Pereyra seleccionó los 16 temas para grabar en Estudio Ríos de Diamante. Grabó con distintos artistas, Octavio Osuna, con ‘Pancita’ Rodríguez, director de “Los del Gualeyán”, con Rubén Giménez, con Mario Suárez; Agustina Arias; también Marcos Pereyra. Un sinnúmero de artistas muy queridos, muy prestigiosos en la provincia, que grabaron esta obra, que andamos difundiendo. Por otro lado, el documental “Definición del Amor”, que es uno de los temas más antiguos míos. Lo compuse con ‘Melli’ Carraza, de Gualeguaychú, hace 40 años; Víctor Velázquez, de Gualeguaychú, lo grabó hace 38 años; y decidimos hacer un documental. Es un documental muy lindo que dirigió Sebastián Ingracia, quien hizo “Soy río” y el trabajo anterior de “El tambor de San Martín”, que lo vamos a ir presentando en distintos puntos de la provincia. Porque me parece que si se hace un esfuerzo para realizar el trabajo, hay que realizar el mismo esfuerzo para que tenga alas y la gente lo pueda disfrutar”.

–  Pudo hacer libros, obras musicales y ahora también video.

—  También hice teatro y muchos años me dediqué a la investigación histórica. Hoy, hago un poco de todo eso. Porque también en la función pública, en el área de la Cultura, se necesita tener conocimiento de lo que vas a ejecutar. Y es más fácil, si sabés algo de teatro cuando vas a hablar con un actor. No digo que sea indispensable, hay gestores culturales que son brillantes sin saber nada desde adentro del arte. Pero uno tiene una ventaja cuando sabe del sonido de una guitarra o un acordeón, de lo que puede hacer un artesano con sus manos en la madera o en el tiento, de lo que escribe un poeta con un soneto, una décima o un poema libre. Es mejor porque podés hablar de igual a igual con el creador, y entenderlo mejor. Aquel que tiene el sueño de publicar un libro o de poner en escena una obra de teatro. Todo esto me ha servido para, hoy por hoy, poder recorrer la provincia, y dar una mano a los maestros. Mis charlas y disertaciones, si bien son para todo público, las destinamos fundamentalmente a los gurises. Ahora, estamos por estrenar un trabajo nuevo con Hugo Mena, que es músico de Antonio Tarragó Ross.

Vamos a estrenar un trabajo muy ambicioso, que son 13 obras mías arregladas por él, con la participación de destacados artistas. Y hay dos temas, “El tambor de San Martín” y la polka alemana “La leyenda de las golondrinas”, que los cantan 600 gurises de 15 escuelas entrerrianas de 5 departamentos distintos. Algunas escuelas de 200 alumnos, pero hay escuelas de 4 o 5 alumnos en el medio del campo, o en las Islas Lechiguanas, de Médanos, de Paranacito o de Ibicuy o de Brazo Chico, les llevamos la consola y grabamos en el patio de las escuelas. Es una experiencia muy fuerte: 600 niños parece que estuvieras escuchando la entrada de Boca o de River a la cancha.

–  No es “De Ushuaia a La Quiaca”, pero fue de “Los Conquistadores a Paranacito” (sonrisas)

—   (sonrisas) Así es. Los chicos cantando y siendo protagonistas. Es bueno cuando uno les hace sentir a los chicos que son protagonistas. El docente les ayuda en su formación, uno mismo cuando va al aula y conversa con ellos para hablarles del canto, de la poesía o del mito. Pero es lindo darles participación, para cantar, ahí se cumple el objetivo de transmitir el conocimiento, pero fundamentalmente la emoción. El arte sin emoción no tiene sentido, es como un árbol que no perfuma y no florece. El niño perfuma y florece cuando sabe dónde tiene las raíces, pero cuando él mismo se siente árbol, cuando entiende que sus gajos van rumbo al cielo. Y la voz de un niño siempre te eleva.

–  ¿Cómo se llama esa nueva obra?

—  “Compañera luz”, que va a aparecer con 600 chicos más cien coreutas. El coro de la Parroquia San Antonio de Gualeguay, y el Coral Larroque, de mi pueblo natal, que hacen el himno de Larroque. Fue como compartir la experiencia artística con mucha gente a la vez. Esto viene en un año importantísimo para la cultura de Entre Ríos. El 2 de mayo, por primera vez tuvimos un espacio con la Banda de la Policía en el Teatro Colon, actuamos en el Centro Cultural Kirchner, en el Regimiento de Patricios.

Venimos de actuar en el Cabildo de Buenos Aires, en la Semana de Mayo. Después, actuamos en infinidad de lugares chiquitos, que son tan importantes como aquellos. Dos días después de estar en el Colón, di una charla en Las Cuevas, departamento Diamante. Y les decía a los chicos, era un día de lluvia, habían ido todos los gurises a la escuela “Ceibo Florido”. Tenés una sensación de pisar el escenario del Teatro Colón o el CCK, o la primera vez que presenté un acto en la “Casa de Tucumán”, en la “Casa de Sarmiento” o en el Cabildo, te tiemblan un poco las patas, porque por ahí pasó la gran historia del país, pero en el momento de brindar lo que traés, es exactamente igual. Y te diría más, es más importante para mí llegar a un niño de un pueblo chico. Porque yo me crié en el campo, iba a la escuelita de Pehuajó Sud, y nunca nadie llegó ahí. Porque en esa época no se acostumbraba y creo que es importante e indispensable llegarle a los niños con el mensaje de la Patria y la tierra, para que, por lejos que se vayan, sepan que ahí están los huesos de los abuelos dormidos, o ahí está el árbol que plantó el padre.

Empezamos a conocer el mundo sobre el caballito que nos llevaba a la escuela o subidos a un molino, donde nos parecía que mirábamos el horizonte lejano. Cuando uno ha tenido esas experiencias, no se tiene que olvidar. Pero no sólo para tener un grato recuerdo, sino para volver a esos lugares y tratar de iluminar un hogar o un aula; y ponerle una mano a un padre que quiere que su chico aprenda algo de la cultura popular, no dejarlo solo. Ese es el objetivo primordial que yo he perseguido en mis 61 años. No dejarlos solos ni al maestro ni al padre ni al comunicador social, que tienen ganas de hacer cosas y que a veces el Estado los ha abandonado.

Influencias personales

–  Si no iba nadie a su escuelita de Pehuajó Sud, ¿cómo llegó a la cultura que hoy transmite?

—  Tuve una formación muy linda en el colegio secundario de las Franciscanas de Gante, en Larroque. El padre Alberto Paoli Lovera, que fue alumno del Colegio Sagrado Corazón de Crespo, los primeros dos grados los hizo acá. Siempre me traía a ver su colegio. Fue un hombre fundamental en mi vida. Me hizo incursionar en la música clásica, el teatro, reconocer a los grandes autores del universo. Él me abrió el camino, y las Franciscanas de Gante, monjas que están en el Cristo Redentor, que están en Villaguay, fueron fundamentales. Porque nos hacían cantar a todos, actuar a todos, participar en todas las disciplinas artísticas. Entonces, supe ya desde chico la experiencia maravillosa del fruto compartido.

Cuando vos hacés teatro, cuando integrás un coro, tenés una experiencia de pueblo, compartida con todos tus compañeros de año o de Universidad. Después, me fui a La Plata y estudié Literatura, Historia, seguí cantando, mientras hacía la carrera de Comunicación Social. Seguía haciendo todas las ramas del arte que perduraron en mi vida. Cuando volví a Entre Ríos, yo tenía muy buenos trabajos en La Plata en aquel momento, pero renuncié a todo porque yo quería volver a vivir en Entre Ríos y hacer lo que estoy haciendo. No me arrepiento…

–  Su perfil ya se había definido por este lado.

—  Por este lado.

–  ¿En La Plata no encajaba?

—  No, no. En La Plata hice cosas muy lindas, trabajé en Radio Provincia, en Radio Universidad, hice teatro, participé en agrupaciones corales, animé peñas, hice las primeras grabaciones. Pero quería volver a Entre Ríos, tenía el desafío de hacer acá lo que había aprendido. Volví y desde 1978 estoy en Entre Ríos, nunca dejé de gravitar y de militar en las filas de la vida cultural. Desde el campo privado, hasta el año 2003; y desde fines del 2003 hasta el presente, con las herramientas que te da el Estado. Con las posibilidades que te da el Estado para hacer, ya no sólo para vos, sino para todos los demás. Estoy muy feliz de levantarme todos los días y hacer lo que me gusta. Me parece que es una gracia de Dios poder descubrir tu vocación, pero es una gracia de Dios mayor levantarse y hacer todos los días, como en mi caso, lo que a uno le gusta. Y más si podés ayudar a otros a descubrir su vocación.

Trascendencia entrerriana

–  Hace algunas décadas atrás cuando se hablaba de la cultural folklórica argentina saltaban Salta, Tucumán, Santiago del Estero, la chacarera, la samba…

—  Ahí nos formamos.

–  Entre Ríos entró en las ‘grandes ligas’ o seguimos siendo una provincia que en los medios no aparecía. ¿Hoy aparecemos ‘en el mapa’?

—  Sí, aparecemos. Pero en el momento hubo como un vacío entre lo que fue la explosión con los Hermanos Cuestas que llegaron a Cosquín. Hace unos días en un espectáculo mencioné que había un hijo de los Cuestas en el escenario, hubo un aplauso en la platea. Porque se acuerdan de los Cuestas que, hace cuarenta años, llevaron aquella experiencia. Y los primeros grandes éxitos de Linares Cardozo, que había hecho una obra fenomenal que se sigue difundiendo en el país. Los hermanos Cuestas lo hicieron conocer a nivel país. Después, cuando ellos se alejan de los escenarios hubo una menor presencia de Entre Ríos. Hoy, hay un caudal importantísimo de artistas, que a lo mejor aún no tienen la gravitación que tuvieron los Hermanos Cuestas, con esa difusión. Pero son muy buenos. Acá hay cantidad de chicos, de costa a costa, virtuosos, guitarreros, bandoneonistas, instrumentistas. Cuando esos chicos, que se están formando, lleguen a adquirir el nivel que pueden, vamos a tener cientos de músicos preparados. Es decir, nos estamos preparando para un momento virtuosísimo de Entre Ríos. A lo mejor, todavía lo que nos hace falta es un poco más de difusión, porque Linares (Cardozo) ya no está, porque los Hermanos Cuestas ya no están como dúo. Víctor Velázquez está saliendo ya poquito, Jorge Méndez también con algunos problemitas de salud; ya no lo tenemos al zurdo Martínez, no está Walter Heinze; Edmundo Pérez ya no está actuando. Hay figuras notables que ya no están, pero que sembraron. Entonces, esa siembra vigorosa, de alto vuelo intelectual, poético y musical, con las nuevas generaciones empujando, que están haciendo otra vez las obras de Linares, de Marcelino Román?, a mí me entusiasman. Hay un presente luminoso para las artes, y fundamentalmente para la música y para el folklore de Entre Ríos. Tenemos que ser inteligentes para acompañarlos y no dejarlos solos. Y esto no es ya solamente la función del Estado, que tiene una función primordial. También los medios de comunicación, el maestro en el aula, el padre cuando le transmite a sus hijos el sentimiento y el amor a la tierra, valerse de la música, de la poesía y de la danza de nuestra tierra. Que el niño crezca conociendo el mundo, pero sabiendo que lo más hermoso que lo va a representar siempre, está acá. Creo que es el hermoso desafío de estos tiempos: incluirnos en esa globalización que ya no nos pregunta si queremos o no entrar, ya estamos, pero incluirnos con raíz y con vuelo, con fundamento y con proyección.

Quién es

Roberto Alonso Romani nació en Larroque en 1957, tiene 61 años. Es licenciado en Comunicación Social (Universidad Nacional de La Plata), periodista, escritor y poeta, director teatral, músico e investigador histórico. Actualmente es asesor cultural del Gobierno de Entre Ríos. Previamente, estuvo al frente de la Editorial de Entre Ríos y posteriormente fue responsable de Cultura de la Provincia. Tiene 25 libros publicados entre poesía, ensayo e investigación. Entre otros: “Bruno Alarcón Tambor de la Libertad” (ensayo histórico), los poemarios “Entre Ríos de Amor”, “Vuelta a los Míos”, “Suaves Cuchillas” y “Los Duendes Azules” (cancionero). Entre sus grabaciones poéticas y musicales figuran “Oración y comarca”, “La noria del tiempo”, “Sintiendo el folklore” y “Fibra montielera”.

Redes sociales e identidad

–  ¿Cómo se enfrenta el desafío de las redes sociales? Por un lado, por Youtube lo pueden ver 100 mil personas. Por otro lado, así no vende nada.

—  Imaginate que el problema lo tienen los chinos, los norteamericanos, los rusos, los franceses, los japoneses, los alemanes y ¿no lo vamos a tener nosotros? Se estrena un espectáculo y ¿cómo se impide a una persona que con un celular te grabe todo antes que esté registrado en SADAIC o en AADI? Es imposible controlar, por eso es tan importante la función que cumplen SADAIC o AADI en la formación de las personas que tienen que defender su trabajo. Inscribir sus obras, llenar una planilla cuando toca una canción, porque es proteger a los demás. Cuando en un medio de comunicación se difunde una obra sin ponerla en la planilla. Pasa como desapercibido. Es un compromiso de todos.

–  También hay un problema de identidad cultural con las redes.

—  Las redes sociales son maravillosas si las podemos utilizar nosotros. Ahora, si invaden nuestra casa y le doy el celular a mi hijo, y no lo guío, estoy perdiendo a mi hijo. Porque es una plantita; le tengo que poner la estaca a la plantita hasta que pueda valerse por sí misma. Y eso sigue siendo igual. Las herramientas pueden cambiar, pero mi compromiso de padre o de docente, es el mismo. Por lo tanto, las redes sociales se las debo poner en sus manos pero guiándolo. No es que el niño a los tres años puede mirar todo en un celular, puede mirar todas las propuestas que le dan las redes sociales. No es que las redes sociales te llevan a hablar mal y expresarte como quieras. Tenemos que insistir en esto, para que las redes sociales sean una propuesta enriquecedora, que te abran al mundo de la globalización y del encuentro con lo trascendente. Pero no que te quiten la cultura y las tradiciones de tus mayores, y que perdamos todo. Porque si no vamos a tener que coincidir con Atahualpa Yupanqui, que decía: ‘por eso de ser tan modernos, vamos a tener una banderita con todos los colores del mundo, menos los nuestros’. Y yo quiero que nosotros tengamos primero la bandera, que conozcamos nuestra tierra, nuestro paisaje, que podamos sentir orgullo cuando hablamos de los aborígenes, de los alemanes del Volga, de los judíos, de los italianos, de los franceses, de los criollos que a caballo nos dieron Patria, sin desconocer lo que viene del mundo. Pero sintiendo orgullo y alegría de hablar de lo nuestro.

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